Leyendas de Michoacán, mitos e historias

Michoacán, es un estado mexicano que cuenta con una gran diversidad cultural, la cual mantiene viva una gran conexión con su pasado indígena. Una gran cantidad de mitos y relatos que narran tales experiencias se han creado para venir a conformar lo que conocemos como las leyendas de Michoacán.

Leyendas de Michoacan

Leyendas de Michoacán

Este articulo denominado las leyendas de Michoacán está compuesto de una recopilación de mitos y relatos que tuvieron su origen  dentro del territorio del estado de mexicano de Michoacán. En esta región el exuberante imaginario popular ha dado lugar a la generación de historias fantásticas que en la actualidad son componente esencial de su rica tradición cultural y cuya divulgación ha sido nutrida por la desprendida candidez de su gente.

En este territorio han tenido lugar relevantes acontecimientos de la historia de México y, además, dispone de un patrimonio topográfico exuberante, lo cual favorece que las crónicas verídicas o fantasiosas cobren más vida en sus pueblos.

Leyendas de Michoacán Populares

El arraigo popular por relatos de contenido real o mágico ha permitido crear todo un catálogo de historias que han calado en el gusto de la población y a los cuales se les llama leyendas de Michoacán.

Leyendas de Michoacán La Llorona

Dice la leyenda que La Llorona es una mujer que vaga por las calles de varios regiones del país siempre buscando a sus hijos, a los que ella misma mató en una noche en que perdió el juicio. Comentan que se exhibe en ciertos sitios por los cuales alguna vez corrió un río. Igualmente se dice que es una mujer ataviada de blanco y de gran hermosura.

Otros dicen que apenas se puede ver su silueta flotando por los aires. Solamente concuerdan en que siempre que se muestra se oye un prolongado y terrorífico alarido: «¡Ay, mis hijos!».

Acerca del origen de esta relato hay diversas interpretaciones: una es la del periodo de la colonia, la cual está fundamentada en las crónicas de Bernal Díaz del Castillo, quien fue parte de la conquista del Imperio mexica. Se dice que una mujer de procedencia indígena era amante de un noble español y, en el momento que ella le pidió concretar la relación, él se rehusó porque era integrante de la alta sociedad, lo cual desencadenó la desgracia por la que su alma vaga en pesadumbre.

Prosigue la narración explicando que esa noche la mujer hizo despertar a sus pequeños hijos, varón y hembra, cogió un puñal y los condujo al río, el cual se hallaba muy próximo a su casa. Llegada allí y enceguecida por el coraje, los acuchilló en varias oportunidades hasta que los quitó la vida.

En corto tiempo pudo reaccionar y, al percatarse de lo que había hecho, salio corriendo en desesperación por el río y emitió el espantoso grito por el que se ha hecho famosa.

El Hospital Fantasma de Morelia

Este relato terrorífico es una de las originales leyendas de Michoacán, la cual se origina en un hospital de Morelia, el cual es una instalación que aún hoy en día se encuentra operativa pero que a lo profundo de sus corredores, salas y habitaciones incontables fantasmas y presencias sobrenaturales medrán.

Son contados quienes han vivido en carne propia alguna experiencia con tales espectros, siendo el caso del centinela del edificio de quien se ha tenido mayor certeza de las cosas insólitas que acontecen dentro del hospital cuando efectivamente no hay persona alguna circulando por sus interiores.

Se comenta que en el quirófano del hospital se muestra todas las noches un hombre que incomprensiblemente atraviesa las paredes y en ciertas oportunidades se oyen alaridos lastimosos, los cuales se considera que provienen de esa alma en aflicción que aún no ha conseguido reposo.

En la sala de la morgue, a la cual llevan los cadáveres de los fallecidos, se oyen con frecuencia ruidos extraños, sonidos de vidrios partidos y un rechinar de las puertas como si alguien las abriese y cerrase. Igualmente al circular por ese lugar se percibe una sensación horrenda como si alguien estuviera observando todo el tiempo.

Leyendas de Michoacan

En el salón de cuidados intensivos que se localiza en el octavo piso del hospital, los testigos que han podido observar a esta aparición relatan que por las noches se muestra una mujer con una bata blanca que deambula por los corredores en total silencio, y que deja a su paso una manchas de sangre en el piso y las paredes que al pasar del tiempo se desvanecen.

El centinela del edificio dice que la extraña mujer que se presenta en el octavo piso, cuenta con un historial de miedo, le habían practicado un trasplante de riñón pero desafortunadamente el órgano no llegó a funcionar como se esperaba y al conocer de las pocas expectativas que le quedaban de vida, resolvió optar por el suicidio arrojándose desde una ventana de ese piso.

El Tesoro de la Catedral de Morelia

En una de las leyendas de Michoacán se narra que en la ancestral ciudad de Morelia, denominada entonces Valladolid, en un cuesta de la loma de Santa María se hallaba el ingreso a un túnel que cruzaba la ciudad y estaba obstruido por unas cuantas inmensas piedras. No había construcciones en esos terrenos, ya que eran de propiedad del ayuntamiento. Los vecinos de las áreas cercanas señalaban que de ese túnel provenían gritos de pánico.

Hace mucho tiempo un banda de ladrones había resuelto hurtar las riquezas que ellos sabían que se hallaban en una habitación especial de la Catedral de Morelia. Eran abundantes las riquezas, ya que en ese recinto se atesoraba mucho dinero y gemas que el sacerdote obtenía mediante limosnas o donativos que las familias opulentas de estado le donaban a la iglesia.

Los ladrones habían resuelto ingresar a ese cuarto accediendo por el túnel de Santa María del cual se sabía que llegaba hasta la Catedral. Se adentraron y al arribar al lugar señalado comenzaron a excavar el piso del cuarto de los tesoros.

En tres ocasiones los ladrones lograron robar sin que nadie se diese cuenta de los faltantes en el tesoro. No obstante, cierto día el obispo estaba requerido de una pieza que era parte del tesoro y la mandó a buscar. Al no ser conseguida por el responsable de buscarla, éste lo notificó y un grupo de religiosos se dedicó a chequear el inventario con los objetos disponibles. De inmediato se percataron de que faltaban muchas cosas que debían estar allí.

Todos se enteraron de los robos los cuales se estiman habían venido ocurriendo por los últimos tres años. Las autoridades hicieron investigaciones más nunca pudieron capturar a nadie ni hallaron explicación de cómo habían podido ingresar los ladrones del tesoro. Les denominaron los “robos enigmáticos”

Pero aunque los ladrones se enteraron de que los religiosos ya se habían percatado de los hurtos y se les estaba buscando, resolvieron repetir sus desvelamientos e ingresar de nuevo al recinto del tesoro. En un par de oportunidades más pudieron llevarse dinero y un cofre colmado de monedas de oro. La gente de la ciudad estaba atemorizada y hasta pensaron que los robos eran ocasionados por el Diablo.

Cierta noche, uno de los monjes ingresó a la habitación y se consiguió con tres hombres que estaban introduciendo oro en una bolsa. Al verlos el cura alertó a todos los religiosos de la catedral, los cuales sumados a los criados que se les aunaron se adentraron por el túnel por el que habían huido los ladrones para seguirlos y capturarlos. Todos iban rápidamente por el túnel cuando un repentino temblor provocó su derrumbe dejando a los religiosos atrapados.

Soldados llegaron para intentar sacarlos, cuando se percataron de que después del área derrumbada, el túnel se separaba en dos partes. Una de las cuales iba hacia el oriente y arribaba al sótano de un mesón, y la otra les llevaba hasta la entrada de la loma de Santa María. En ninguna de ellas consiguieron a los malhechores, quienes se habían desvanecido enigmáticamente. .

Jamás se supo que ocurrió con ellos; no obstante, algún tiempo después por toda la localidad de Valladolid y otras de Michoacán, comenzaron a ser de corriente circulación monedas de oro y plata.

Leyendas de Michoacán La Dama de la Cascada

Una de las leyendas de Michoacán transcurre en Tepuxtepec, en la cual se cuenta que en la cascada de El Salto, en el municipio de Contepec, una agrupación de jóvenes entusiasmados fueron a nadar. Aunque conocían del riesgo que podían correr, resolvieron retar al destino. Se encontraban deleitándose de las plácidas aguas, a horas avanzadas por cierto, bajo una preciosa luna llena, cuando repentinamente alcanzaron ver a una mujer ataviada con una túnica blanca.

La fémina era muy hermosa, su extensa cabellera de un color negro como ala de cuervo, le descendía más abajo de la cintura. Su piel era excepcionalmente blanca, casi igual que su vestido. La mujer deambulaba, o más bien flotaba, por el borde del río donde se localizaba la cascada; iba sollozando lastimosa y dolorosamente.

Al contemplarla, los jóvenes se percataron de que iba aproximándose a ellos, Se alegraron, ya que consideraron que la mujer iba a nadar y así podrían observar al que consideraban un precioso cuerpo. No obstante, al irse aproximando todos percibieron un pavoroso escalofrío y la impresión de que los pelos se les ponían de punta.

Inmediatamente, todos surgieron del agua y arrancaron a correr desnudos, escapando del horrible chillido que despedía la fantasmal mujer de blanco. Al próximo día, la totalidad de los osados jóvenes se enfermaron, no podían tragar bocado, no podían lograr el sueño y cuando lo alcanzaban experimentaban horrendas pesadillas.

Una de las progenitoras de los espantados, angustiada por ver a su hijo tan asustado, resolvió ir con una curandera. Las madres alcanzaron a reunir a todos los jóvenes y la bruja se dedicó a realizarles una “limpia” con hierbas especiales. Por fortuna, todos se pudieron curar del susto, y mas nunca retornaron a la cascada en la cual se les había mostrado tan perversa mujer: La Dama de la Cascada.

La Cañada de las Vírgenes

En uno de los recodos de la sierra Madre Occidental, quebrando las rocas a una elevación considerable, un alborozado chorro de agua penetraba al vacío y se precipitaba desprendido sobre un embalse transparente de fondo verdoso y peces amarillentos. Ya que las pliegues de la sierra eran muy estrechos por allí, no había quién se aprovechara del agua fresca que provenía de las montañas.

En ocasiones los habitantes de Uruapan o sus inmediaciones se aproximaban en osadas expediciones, pero eran muy exiguos los atrevidos ya que sobre el sitio pesaba una sombría leyenda. De acuerdo a algunos, las evidencias de que era verídica, yacían a un lado del embalse. Constaba de tres rocas colocadas dos de ellas conformando una cama y la tercera, de figura triangular y puntiaguda, echada a un lado.

La gente relataba que en la época prehispánica allí se congregaban los mexicas de las cercanías a efectuar los sacrificios que la ley de los tarascos les imposibilitaba realizar en Michoacán. Existía un rumor de que las vírgenes inmoladas habían quedado atrapadas en las muros y las cavernas de la cañada. Y más de una persona contaba con un conocido cuyo primo o hermano se había ahogado en ese lugar. “A los hombres que se meten al agua, las vírgenes les tiran de los pies”, decía la gente.

A inicios de 1795 arribó a Uruapan Carlos de Labastida, un funcionario del gobierno borbónico que se encontraba en Michoacán a causa de los comentarios de que allí se cultivaba tabaco, lo que no era legal de acuerdo a las leyes españolas. Labastida hizo un recorrido por todas las áreas de montaña cuyo clima fuese propicio para cultivar la planta proscrita, sin conseguir nada que lo confirmara.

Casi al concluir la búsqueda, don Carlos se consiguió con la Cañada de las Vírgenes , cuyo fresco embalse lo invitó a tomar el baño de aquel mes. Don Carlos ingresó a las aguas acompañado de uno de sus asistentes, que era su hijo Ignacio. Ante la mirada del restante de la expedición constituida por tres personas más, los Labastida se bañaban y repentinamente se hundieron bajo el agua, hundiéndose cada vez más jalados por numerosas manos.

En lo profundo del estanque, las vírgenes colmaron de besos y mimos a los Labastida, conservándolos vivos con su atrayente aliento cavernoso y mágico. Eran unas treinta féminas cuyas almas, solitarias y ardorosas, se hallaban dispuestas a saciar los apetitos de sus cuerpos mutilados, carentes de corazón.

Empero las vírgenes no podían realizarlo con los vivos, así que sugirieron a los Labastida un pacto: la vida del trío hombres que se hallaban arriba a cambio de las suyas. Los hombres habrían de bajar al fondo del embalse ya sin corazón. Ellos deberían sacárselo a cada uno con las tres rocas de la superficie.

Algunos días después, fue don Carlos a la ciudad de Uruapan y se retiró para Valladolid sin decirle adiós apropiadamente a aquellos que le habían cobijado. El empleado borbónico retornó a la ciudad de México, en la cual entregó su renuncia al gobierno aludiendo razones de salud. Luego se embarcó en Veracruz con destino a la Coruña para llegar a su natal Cuenca, donde dejó familia y riquezas y se enclaustra en un monasterio, al igual que su hijo Ignacio.

Se narra que numerosos años después, en la cañada de las vírgenes el agua proseguía espléndida y la vegetación abundante, pero algo era distinto. Cierto campesino de la zona cayó al embalse accidentalmente y pudo emerger del agua auxiliado por una cuerda, sin que nadie le tirara de los pies. Considerándolo un milagro, el hombre trajo al cura para que bendijera el agua y para que se olvidase la leyenda, el cura ordenó que las tres piedras fueran lanzadas al fondo del embalse.

No obstante, el sitio no fue recuperado por la gente, fue vuelto a abandonar cuando se mostró allí el cuerpo de un español suspendido de una rama. Se trataba de Ignacio Labastida, que de acuerdo a esta, una de las leyendas de Michoacán, había retornado al lugar para purgar sus culpas.

Leyendas de Michoacán de Terror

La naturaleza terrorífica de muchas historias despierta la curiosidad de gran parte de la población, la cual consigue en tales crónicas superar sus miedos o saber que tan ciertas son. En las leyendas de Michoacán de terror hemos agrupados algunas de ellas.

El Jalón de Pies

Huetamo, municipalidad del estado de Michoacán, cuenta como cabecera a la localidad de Huetamo de Núñez, la cual es un pueblo de Tierra Caliente con una población de 41.937 habitantes. Es de gran riqueza su cultura popular en la cual resaltan sus leyendas. La que les contaremos es protagonizada por Esteban, un jovencito de quince años muy bondadoso y de grata presencia.

Este muchacho convive con su madre y sus hermanos en la ciudad referida, cuando cierta noche en la que se hallaba dormido con placidez en su cama sintió que le daban un jalón en los pies y las piernas. Se atemorizó ya que no vio a nadie alrededor de su cama, pero este suceso no se lo comentó a nadie.

En la próxima noche, Esteban sintió de nuevo el jalón de pies, pero igualmente no se lo dijo a nadie. No obstante, como esto le aconteció todas las noches, resolvió compartirlo con sus hermanos, los cuales estuvieron de acuerdo en que lo más adecuado sería un cambio de cuarto para Esteban, lo cual hizo, pero todo proseguía igual ya que el jalón de pies continuaba.

Fue cuando, el muchacho ya angustiado, resolvió decírselo a su mamá, para que lo llevara a la iglesia para que el sacerdote le aconsejara. Aun así su madre no lo llevó ya que no era católica sino creyente de la magia negra. Esteban le hizo caso a su progenitora y no acudió a la iglesia de Huetamo.

Pasados unos cuantos años y aun el chico seguía sintiendo el jalón de pies. Aun lo seguía experimentado cuando su madre fue alcanzada por la muerte, oportunidad que permitió que Esteban se acercara a la iglesia del pueblo para conversar con el sacerdote. Al contarle lo que le ocurría, el religioso le dijo que no había que temer, que en la próxima oportunidad que percibiera los jalones preguntará por qué se los jalaban.

Cuando sintió el jalón en la noche, el muchacho exclamó: – ¿Qué es lo que quieres de mí? ¿Por qué tiras de mis pies? Fue cuando la criatura le contestó que le entregara un pañuelo rojo y que al próximo día en el sitio en el cual consiguiera el pañuelo caído debía cavar ya que allí estaba enterrado mucho dinero, y que si lograba sacarlo sería suyo.

A la mañana siguiente, Esteban fue en busca del pañuelo por los alrededores de su casa, y cuando lo consiguió se puso a excavar como enloquecido, hasta que logró hallar al deseado dinero. Se alegró muchísimo y quería sacarle el mayor provecho a esta inesperada riqueza, pero no logró hacerlo. Fueron tantos los años de sentirse atemorizado por los jalones de pies que su salud se había resentido y se encontraba demasiado enfermo.

Al pasar de unos días, Esteban falleció sin poder disfrutar del dinero conseguido. De tal manera que fueron sus hermanos los que se hicieron ricos y quienes pudieron disfrutar de una existencia desahogada. Eternamente le dieron gracias a Esteban por lo que les había otorgado y a la criatura sobrenatural por haberle dado tantos jalones de pies a su hermano, a pesar de que perdió la vida por ello. Como lo expresa el dicho: “Nadie conoce para quién trabaja”.

Leyendas de Michoacán El Líder y el Aparecido

En Michoacán, existió ya hace unos cuantos un señor de nombre Romualdo Juárez, quien era el líder de una colectividad de agricultores, quienes lo detestaban ya que les daba mal trato, les ofendía y se excedió con ellos en sus faena laboral, además era inconstante y sumamente corrupto. Con su proceder se había hecho merecedor del odio de sus compañeros de jornal quienes anhelaban verle muerto para emanciparse de él.

Ya que Romualdo era conocedor de que no contaba con el aprecio de nadie a causa de sus arbitrariedades, siempre estaba acompañado de dos campesinos que se declaran amigos de él. En ellos no tenía mayor confianza, ya que en varias oportunidades había sido agredido por jornaleros cuyas armas eran machetes.

Cierta vez, salió de su sitio de labores con rumbo a su casa escoltado por sus guardaespaldas, debido a que estaba avanzada la noche. Al arribar a casa su esposa le notificó que uno de sus hijos, el primogénito, se encontraba sumamente enfermo con una fiebre muy alta, lo que requería de la presencia del doctor.

Empero Romualdo estaba dudoso acerca de salir de su casa solo ya que los guardaespaldas ya se habían retirado y de lo que tenía miedo el líder era, no tanto conseguirse con sus enemigos, sino que se le presentara El Aparecido, que usualmente espantaba por las proximidades del rumbo donde el médico residía.

No obstante, fue más poderoso el amor que tenía por el niño que el temor que podía sentir por el fantasma, y colgándose de valor, salió montado en su cuaco con dirección hacia donde moraba el solitario médico de la zona.

Al arribar al lugar en el cual se decía que se mostraba El Aparecido, el caballo de Romualdo se alborotó, irguiéndose en dos patas y lo arrojó al suelo. Espantadísimo, el hombre se puso de pie como pudo y con fuerza gritó: ¡Hey, te desconozco, pero quienquiera que seas, vete de mí! ¡No te la juegues conmigo!

De inmediato se oyó una tétrica carcajada que parecía provenir de ultratumba. Romualdo palideció de terror y su cuerpo se estremecía sin poder evitarlo. Aun así, gritó de nuevo con todas sus fuerzas: ¡Vete ya, espíritu maligno! ¡Soy el amo de todo lo que ves por aquí y no te haré daño si te retiras de inmediato! Nuevamente oyó la pavorosa carcajada y una voz que no parecía humana diciendo ¿Es que eres amo de tu alma? ¡Ya que de verdad me la llevo conmigo!

En ese instante, no obstante Romualdo se consideraba ateo, comenzó a orar a Dios y a todos los santos con suma devoción e implorándoles perdón por su perverso proceder en contra de sus compañeros los campesinos. Fue en ese momento que las carcajadas se hicieron oír, ya no se escuchaba aquella horrenda voz. Al notar el silencio, Romualdo se lanzó a correr hasta la casa en la cual se hallaba el doctor, para rogarle que fuese a ver a su pequeño hijo.

Desde ese terrorífico día, Romualdo se transformó al catolicismo y su maligna conducta cambió radicalmente. Se tornó honesto e indulgente con los problemas laborales y rutinarios de sus compañeros, jamas les trató mal y se ganó el respeto de todos.

«¡Yo No Confieso a los Muertos!»

En las cercanías de la Iglesia de San Francisco en Morelia, Michoacán, había una vivienda en la cual asustaban, la cual estaba ubicada en un callejón. Un hombre que vendía paños, sedas y mantones, tras mucho viajar por las ciudades de la Nueva España, resolvió establecerse y residir en Valladolid, con la finalidad de casarse con una hermosa y rica joven, para después retornar a su natal Santander, España.

En su tienda vino a conocer a doña Inés de la Cuenca y Fragua, una linda y generosa huérfana y heredera de una de las fincas de mayor riqueza de Tierra Caliente. Seducido por sus perfectas cualidades, don Diego Pérez de Estrada consiguió enamorarla. Inés lo adoraba con sinceridad, mas no así Diego, él estaba motivado por el interés más egoísta.

A Don Diego le encantaba la parranda y era muy mujeriego, se trajeaba elegantemente y exhibía costosas gemas. En confianza era de muy mal hablar, pero habitualmente mostraba una imagen muy distinta ante las personas que no eran de su grupo de amigos.

Cierto día, don Diego solicitó a la joven su mano. Previo a responderle, Inés fue con su confesor Fray Pedro de la Cuesta, con el propósito de consultarle si era conveniente o no casarse. Fray Pedro, que era un hombre muy justo y bondadoso, resolvió informarse de la categoría de sujeto que era el tal Diego Pérez.

Llegó a enterarse de que era parte de una honorable familia de Santander, pero que era la oveja negra del grupo familiar y que había arribado a la Nueva España trayendo parte de la herencia que le legaron. Al agotarse su herencia por motivo del derroche de Diego en sus continuas fiestas, se dedicó a comerciar telas y mantones de Manila, hasta que pudo llegar a Valladolid.

Fray Pedro conoció de la mala fama de don Diego y de que sumado a ello se ufanaba de que jamás sentía amor por mujer alguna motivado a haber vivido una existencia tan disipada. El fraile sugirió a la bella Inés que no se casará, y la niña le hizo caso y repudió al presunto enamorado. Al saberse rechazado, airado y desalmado, prometió vengarse de fray Pedro. Para ello puso en venta su tienda y se fue a residir a un habitación ubicada en una callejuela por el costado norte del cementerio de San Francisco, en unión con un empleado suyo.

En una noche en que una horrible tempestad descendía sobre la ciudad, un hombre cubierto se aproximó hasta el portón del convento el cual golpeó y le fue abierto por un encapuchado portero. El primer hombre le habló al segundo con estas palabras: -¡Hermano portero, en un lugar próximo un pobre hombre agonizante desea recibir la confesión de fray Pedro de la Cuesta!

Fray Pedro y el hombre cubierto marcharon hasta el cuartucho iluminado por una débil vela, el sacerdote se aproximó al lecho de muerte, pero al hablarle al presunto moribundo, que era el mismísimo don Diego, éste no respondía.

El padre, angustiado, le gritaba, y cuando le quitó el manto que le cubría lo consiguió muerto de una puñalada que se le dio con la misma daga con la que tenía pensado asesinar al padre fray. Al contemplarlo, fray Diego se distanció del fallecido a la vez que gritaba: -¡Yo le doy la confesión a los vivos, pero jamás a los muertos! Y se fue corriendo. Al próximo día el suceso era del dominio público de toda Valladolid, y a partir de ese instante a la callejuela se le dio el nombre de El Callejón del Muerto, y quedo registrada como una de las leyendas de Michoacán.

Leyendas de Michoacán Un Fraile muy Bromista

De las leyendas de Michoacán, ésta se inició a causa de los hechos acontecidos en el Convento del Carmen de la Ciudad de Morelia, Michoacán. En ella se nos relata que en tal lugar se hallaba como novicio un joven de nombre Jacinto de San Ángel. Al chico le encantaba hacerle bromas a sus compañeros.

Usualmente se encontraba de buen humor y listo para jugarle una broma a cualquiera. Su naturaleza bromista le había producido problemas, ya que era receptor de numerosos penitencias de sus superiores, aunque su inclinación religiosa no se podía negar.

Un día, fray Elías de Santa Teresa vino a enfermarse de algo grave. Un sacerdote le confirió los santos óleos y prontamente el religioso pereció. Sus colegas, sollozando y orando, lo dispusieron en un ataúd en la Sala de Profundis, recinto en el cual se habituaba a realizar los velorios.

Al concluir el ritual velatorio, el padre superior mandó a fray Jacinto de Ángel y a fray Juan de la Cruz, a que permanecieran en la sala haciéndole compañía al difunto, y les dio permiso para que tomaran una taza con chocolate en dicho sitio. Empero como a fray Juan no le encantaba estar con el fallecido, resolvió ir a la cocina en busca de sus espumosas bebidas.

Al alejarse su compañero, fray Jacinto extrajo de la urna al difunto y le hizo sentar en la silla que el recién ocupaba. De inmediato, se introdujo al féretro haciéndose pasar por el muerto. Al retornar fray Juan con las jarras de chocolate, le facilitó una a fray Jacinto y se percató de que se trataba del fallecido. El infortunado fraile, espantado, se alejó gritando del lugar.

El chistoso salió corriendo detrás de él para impedir que los demás se percataron de la broma y que el padre superior lo expulsara del convento hastiado de sus diabluras. En ese instante, al tanto se oían los gritos de ¡Fray Juan, fray Juan vuelva por favor! que fray Jacinto exclamaba, el verdadero muerto se puso de pie, cogió un candelabro con una vela encendida y se fue corriendo detrás de los dos frailes.

Al percatarse los religiosos de que eran acosados por un muerto, los dos se arrojaron por la ventana. Pero previamente a que fray Jacinto se pudiese lanzar, el difunto le apagó la vela en el cuello. Al próximo día, los hermanos del convento pudieron observar sobre la ventana el cadáver de fray Elías de Santa Teresa con un candelero en su mano y… ¡el cadáver de fray Jacinto con la garganta totalmente quemada!

¡Yo te Bautizo con el Nombre de Santa Teresa!

El Volcán de los Espinos se localiza en el estado de Michoacán, dentro de su cráter existe un lago, el cual recibe el nombre de Alberca de los Espinos. Esta poza de agua dio lugar a una de las leyendas de Michoacán más antiguas en la que se relata que en tiempos remotos el volcán se había consagrado al dios del agua Tiripeme Curicaveri. Era frecuentado por las mujeres aborígenes para bañarse y lavar su ropa.

Al arribo de los conquistadores españoles, los frailes franciscanos iniciaron su tarea evangelizadora entre los indígenas purépecha, y al tanto más seguidores obtenían para la fe católica, más airado se ponía el Diablo. Se encontraba tan furibundo en Chamuco que en cada oportunidad que las mujeres se acercaban al cráter para realizar sus faenas, alborota el agua con tal fuerza que ésta se salía de su cauce levantando inmensas olas que tapaban las paredes del cono volcánico.

Este evento espantaba en gran medida a las mujeres que se retiraron corriendo del cráter por miedo a perecer ahogadas. Y si miraban atrás mientras huían, podían observar en el centro del lago la cabeza asombrosamente fea y malévola del Diablo. Sus cuernos eran inmensos, su rostro rojizo y sus carcajadas parecían estrepitosos truenos que ponían los pelos de punta. Numerosas indígenas perecieron ahogadas por las vilezas del perverso personaje.

Tan angustiadas se hallaban los purépechas que resolvieron ir con fray Jacobo Daciano, religioso danés que Carlos V había mandado a la Nueva España, quien residía en Zacapu y era protector de los indígenas. Al ser escuchados por el cura, y tras meditar lo que se debía hacer, les anunció a los solicitantes que se requería bautizar el agua.

El misionero alistó lo conveniente para el ritual, y el 15 de octubre de 1550 ascendió hasta lo más elevado del cerro. Las aguas verdosas se encontraban tranquilas, el sol estaba presente y se oía el delicado rumor del viento. Fray Jacobo levantó la mano en la que llevaba una cruz y dio comienzo al ritual del bautismo siendo visto por todos los pobladores de la comunidad.

Al ser arrojada al cráter el agua bendita por el fraile, se erigió un enorme remolino al cual acompañaba un potente viento. De inmediato el Diablo se retiró huyendo y blasfemando al clérigo que osaba apartarlo de allí. Empero nada pudo detener al santo varón, quien manifestó las siguientes palabras: ¡Yo te bautizo y te nombro Santa Teresa! Todo retornó a la normalidad, y a partir de entonces en la misma fecha se celebra una festividad cada año.

Leyenda La Cueva de la Tigra

En el Cerro de la Mesa se conoce una caverna denominada De la Tigra, a la cual se le dio este nombre ya que muchos años atrás fue cubil de una bestia que embestía al ganado de los rancheros. Fue por ello que le dieron ese nombre, así como se relata que en esta cueva se esconde un tesoro encantado.

Se cuenta que es un inmenso montón de monedas de oro que se encuentra en espera de un valeroso que se decida a ingresar a lo más hondo de la caverna y desencantar el embrujo que las resguarda. Se cuenta que tiempo atrás se adentra en la cueva un hombre dominado por el interés de aprovechar el dinero. Con enormes esfuerzos pudo arrastrarse por el túnel de unos cincuenta metros de extensión para arribar a una amplia bóveda localizada a lo profundo de la gruta.

Tras bajar por unas escaleras, desplegándose por las húmedas piedras como un mono, este hombre contaba que había remanentes de escaleras muy viejas que conducían hacia el terreno plano donde se podía ver un inmenso montón de monedas brillantes. Eran genuinas monedas de oro.

Con el respirar acelerado comenzó a llenar las dos bolsas que para tal efecto había llevado. Toda vez que las colmó meditó en sacar de una en una. Afanado estaba en elevar la primera bolsa repleta de monedas cuando repentinamente de una pared oyó la voz de una mujer que le exclamaba “Si quieres llevarte el dinero, primero has de tomar una copa conmigo en esta mesa”

Dejando la bolsa en el piso dio un vistazo al lugar del cual procedía la voz revelándose a la mujer sentada en una modesta mesa circular en la que se hallaba una botella de vino y dos copas y un sillón vacío.

El hombre que era muy valeroso se fue aproximando a la mesa percatándose de que la mujer era muy bella, su cabellera le bajaba hasta los pies, tal cual na cascada, su cara era de una hermosura sin igual. Ella se hallaba sentada con las piernas cruzadas y un cigarrillo en su boca, su traje de color negro hacía juego con la blancura de su piel.

El hombre le dijo “Estoy de acuerdo en tomar el trago contigo para llevarme el dinero, comienza a llenar las copas” La mujer cogió la botella sin quitarle la mirada al valiente, al tanto una sonrisa se le pintaba en los labios.

El hombre cogió la copa en sus manos, como la dama, ella se la llevó a los labios sin dejar de mirarlo, el hombre estaba a punto de hacer lo mismo cuando comenzó a ver que los blancos y delicados pies de la mujer ¡se convertían en patas de cabra y los ojos se les enrojecen¡. La atractiva cara se le había convertido en la de un ser diabólico semejante a un murciélago que le observaba y se reía.

Con la garganta anudada, las quijadas inmovilizadas y con gran esfuerzo pudo gritar “¡Dios mío, dame tu ayuda¡” En ese instante pudo lanzar la copa hacia la mujer la que se esfumó por un agujero localizado en las paredes de la caverna.

La montaña de monedas se desvaneció luego de una estallido, el cual colmó el recinto de humo apestoso. De las bolsas ni se recordó, corrió como un rayo y fue a tener hasta su casa. Algo mas de un mes estuvo enfermo, tras lo cual pudo hablar y relatar lo que le había acontecido en la cueva de la Tigra.

Leyendas de Michoacán El Vaso con Agua

Juan residía en Zamora, Michoacán, y le encantaba jugar al fútbol con sus amigos cada noche hasta la una de la madrugada. La cancha donde practicaban los deportistas se encontraba alejada, como a dos kilómetros de la casa de Juan. Cierta noche, luego de jugar retornó a su casa y se le hizo tan tarde como la una y media de la madrugada por las calles.

Ya casi arribando a su hogar, transitó por una mansión en la cual se decía que se había estrangulado un muchacho tras asesinar a su novia a causa de su infidelidad. Se contaba entre los pobladores que el tal muchacho se mostraba en forma de espectro por las noches, pero Juan no lo consideraba cierto

Al pasar el incrédulo muchacho delante de la casa en referencia, percibió un escalofrío tremendo, pero considero que era motivado al  frío nocturno. Al superar la casa, miro atrás para verla y cuál no sería su asombro cuando vio flotar a un muchacho totalmente trajeado de blanco y que portaba una vela en la mano derecha. Su rostro era pálido y estaba desfigurado, con enormes cuencas negras en los ojos que lo hacían ver terrorífico.

Al contemplarlo, Juan corrió de prisa del puro miedo. Al arribar a su casa estaba tiritando, no podía hablar mucho menos dormir rememorando la horrenda aparición. No compartió con nadie lo que había observado, ya que pensaba que el espectro se le mostraría de nuevo, y paso toda la semana con pesadillas y un miedo turbador.

Al ya no poder más, resolvió compartir con su abuela lo que había vivido. En ese momento, la bondadosa viejecita le dijo que el único modo para sanarse de espanto y calmarse, era retornar a la casa y lanzar un vaso con agua. A la siguiente noche, Juan, muy resuelto, pero asimismo con mucho miedo, fue a la casa maldita llevando un gran vaso con agua. Apenas llegar lo lanzó a la puerta de la casa, y ¡Santa Solución! Jamás volvió a experimentar pesadillas y pudo dormir como un bendito.

Leyendas de Michoacán Históricas

En vista de su gran pasado histórico y al importante componente indígena de esta región, se han logrado atesorar las leyendas de Michoacán de procedencia histórica las cuales resumen gran parte de sus vivencias.

Leyendas de Michoacán Pátzcuaro

De las leyendas de Michoacán, en ésta se cuenta que numerosos años atrás, en el sitio donde hoy se localiza el Lago de Pátzcuaro, en  Michoacán, moraban los pobladores iniciales de la región. Eran campesinos trabajadores cuyas fértiles tierras cultivaban, siendo muy felices con ello ya que disponían de preciosos bosques y riachuelos de los cuales recogían el agua para sus siembras, para saciar su sed y para el aseo diario.

Los agricultores contaban con sus dioses a los que adoraban y sus regidores a quienes respetaban por justos y benévolos. Todo andaba a la perfección, hasta que un aciago día todo el territorio empezó a calentarse mucho, los campos se incendiaron, los ríos se secaron, el ambiente se hizo inaguantable ya que la gente perecía de sed y deshidratación. Por lo que, animales y hombres comenzaron la huida hacia el norte para no desfallecer a causa de ese perturbador calor.

Al comenzar su huida, los hombres se hallaban presas del pánico cuando repentinamente oyeron un aterrador ruido que venía del cielo, todos miraron hacia arriba y observaron una inmensa bola de fuego que se aproximaba a la Tierra. Con mucho más temor que antes todos gritaban de pavor ante este insólito fenómeno que jamas habían observado. Les rogaban a sus dioses y corrían o se arrojaban sobre la tierra intentando meterse en ella para resguardarse.

En pocos instantes el bólido chocó contra la superficie de la Tierra. El ruido producido fue ensordecedor, se observó una luz muy resplandeciente, se percibieron terribles temblores, los montes se estremecieron de un modo horroroso y de sus profundidades surgieron torrentes de agua por muchos días que suprimieron ese calor inaguantable. Del agua emanada de los montes se fue conformando el Lago de Pátzcuaro, tan bello y precioso como se conoce hoy día.

Al darse cuenta las personas de que había finalizado el letal calor y que un precioso lago había emergido en la zona, sus temores se disiparon y gradualmente retornaron a sus hogares. Al contemplar los predios de sembradío anegados por las aguas del lago, se espantaron y les consultaron a los dioses de qué se iban a alimentar de aquí en adelante, a lo que aquellos contestaron que no debían inquietarse pues el sustento jamás escaseará y provendría de las nuevas aguas.

Y de hecho, el lago estaba colmado de pescados blancos que posibilitaron que los hombres no perecieran de hambre. La región se transformó en un poblado de pescadores. El lugar donde descendió la formidable bola de fuego se denominó Huecorio, “sitio de la caída”, y la enorme bola que se convirtió con el tiempo en roca, fue llamada La Huecorencha; lo que significa , “lo que descendió”.

La Milagrosa Pila de San Miguel

Pátzcuaro es una preciosa localidad del estado de Michoacán, ancestral señorío de los uacúsecha o purépecha, el cual es un Pueblo Mágico, cuya fundación la hizo Curatame por el año de 1.300, y fue transformada en centro religioso por Tariácuri, en el Período Posclásico. A arribo de los españoles este espléndido señorío fue ocupado por Cristóbal de Olid y regido, más adelante, por Nuño Beltrán de Guzmán.

De la localidad de Pátzcuaro proviene una de las leyendas de Michoacán que nos relata que muy próxima a la casona que es conocida con el título de La Casa de los Once Patios, y al final de la Calle de Navarrete, se halla una fuente de la época de la colonia muy hermosa, cuya construcción fue ordenada por don Vasco de Quiroga (1470-1565).

Recién acontecido el sometimiento de Pátzcuaro, los ancestrales sacerdotes purépecha, se presentaban a la fuente con la finalidad de lavar en sus aguas sus collarines de caracoles bañados de sangre de sus sacrificios ocultos. Progresivamente, el agua de la fuente fue tomando un manifiesto sabor salino.

La fuente cuenta con una especie de hornacina en la parte superior, como ornamento que la engalanaba. Ésta fuente era visitada por las mujeres indígenas para cargar agua para paliar sus necesidades. Pero repentinamente, se comenzó a decir que en la fuente se podía contemplar al Diablo, acontecimiento que espantaba de manera considerable a las mujeres y a los pobladores de la ciudad.

Ante tal desgracia, don Vasco de Quiroga, el obispo inicial de Michoacán, (los indígenas lo llamaban Tata Vasco) quien residía y trabajaba en ella, resolvió encargar a un pintor indio que pusiese en la hornacina la figura del Arcángel San Miguel. Frente a tan sabia resolución, el Diablo jamás se volvió a presentar a la fuente. A partir de entonces se le ha llamado Pila de San Miguel, y se dice que si agua es milagrosa, ya que tiene propiedades que ayudan a sanar las enfermedades.

El Origen del Cerro del Tecolote

En una de las más sencillas leyendas de Michoacán, se cuenta que en el siglo XII arribaron a la zona de Zacapu los indígenas purépecha conducidos por Iré-Ticatame. Al líder le encantó mucho el sitio y resolvió establecerse en tan llamativo lugar. Levantó un santuario para que en él se venerara a Curicaveri, el dios protector de la tribu.

Algún tiempo después, brindó su amistad y soporte al cacique de Naránxhan, de nombre Zirán-Zirán, con la condición de que con regularidad llevasen leña al santuario de Curicaveri para encender el fuego sagrado en su honra. Zirán estuvo de acuerdo y le ofrendó a Iré-Ticatame su hija, Pisperama, Flor de Maravilla, para que la desposase. De ellos nació Sicuir-Achá, El Señor Trajeado de Pieles.

Luego de un tiempo, Iré-Ticatame halló a su hijo haciendo una flecha para matar a los de Naránxhan, ya que habían hurtado los venados sagrados a los cuales el joven había dado cacería como ofrenda a los dioses. Súbitamente, los de Naránxhan agredieron al progenitor y al hijo y escaparon velozmente.

Poco después, los atacantes cogieron por sorpresa a Iré-Ticátame para asesinarlo. El caltzontzin pudo defenderse en solitario contra muchos de los adversarios usando las flechas sagradas que le habían entregado los dioses. Eran numerosos los vengativos enemigos y el valeroso guerrero cayó herido de muerte.

Al enterarse Pisperama del fallecimiento de su esposo, lo puso encima de un altar dispuesto con esa intención, tapó su cadáver con flores y con las flechas sagradas encendió una pira. Esta pira se agrandó de tal modo que conformó un inmenso cerro, que con el fuego de la pira del valiente combatiente se transformó en el volcán de mayor tamaño de Zacapu, que hoy se conoce con el nombre de Cerro de El Tecolote, que continuamente expulsaba fuego desde su interior.

Sucuir-Achá, el hijo, se enfureció por el asesinato de su progenitor que aniquiló a todos los de Naránxhan, suceso que contuvo la aterradora furia del volcán y pacíficamente se durmió. A partir de entonces Iré-Ticátame, protege a su amado pueblo que habita el Zacapu, escogido por el dios Curicaveri, transformado en un hermoso volcán de una elevación de tres mil cinco metros.

Leyendas de Michoacán El Cerro de Mariana

Esta, una de las leyendas de Michoacán, tiene lugar en el Cerro de Mariana, que está localizado al sur del estado, entre los modestos poblados de Nocupétaro y Carácuaro. En el Valle de Nocupétaro vivió, bastante tiempo atrás, en algún tiempo remoto, el soberano de los Chichimecas y Nahuatlacas, denominado Campincherán, quien residía en una construcción enorme y rica situada en medio del valle.

Este señor tenía un temperamento terrible, además de ser muy celoso por su única hija de nombre Marily, de quien narra la crónica era muy linda y que su belleza resaltaba por su preciosa y extensa cabellera que le bajaba hasta sus tobillos.

Cierto día el rey tenía que acudir a una importante reunión con los mexicas y los señores aztecas, y sentía temor de dejar en solitario a su hija al tanto él estuviera que ausentarse. Igualmente no podía llevarla con él por temor a que alguno de sus asociados pudiese conquistarla, lo que sería una pesadilla ya que no hallaba a alguien digno para ella. Merced a esto y no teniendo alternativa, acudió con su amigo el Satán (demonio inferior), para que le ayuda como había ocurrido antes.

Satán no pudo negarse al pedido de atender y proteger a Marily al tanto el soberano acudía a la reunión con los mexicas y los aztecas. El rey se fue confiado y sereno dejando sus posesiones en manos del satánico espíritu, entre ellas su hermosa hija, quien prometió resguardar tanto a la princesa como a las propiedades del soberano sin haber solicitado permiso a sus superiores para ello.

Al marcharse el rey, la linda princesa rogó al demonio Satán que se desposase con ella exclamando: “Por lo celoso que es mi padre jamás he conocido a novio alguno, ni tan sólo un amigo. Ahora que él no esta presente yo me siento muy enamorada y te imploro les solicites a tus superiores te permite casarte conmigo”.

Al oír tal pedido, el joven diablo marchó raudo a apilar piedras y lodo por arriba de las posesiones que el soberano le había encargado, con el objetivo de protegerlas. Posteriormente colocó a la princesa arriba de aquella modesta montaña y le pidió que no se moviese de allí y aguardará por su vuelta.

Al llegar el diablo con su superior, lo único que obtuvo a cambio fue una tunda ya que nunca autorizará que un diablo llegara a tener un suegro tan envidioso como lo era Campincherán, por lo que lo encarceló y lo dejó bajo vigilancia para impedir que incurriera en esa locura, motivo por el cual jamás retornó al lado de su princesa.

Las piedras y el lodo que dispuso arriba se transformaron en lo que actualmente es el Cerro de Mariana, quien prosigue recostada aguardando a su único amor para desposarse, convertida en la verde vegetación que exhibe el cerro. En lo referente al padre, se dice que enloqueció, transformándose en un potente vendaval que circula por el cerro buscando a su hija perdida.

Leyendas de Michoacán de Amor

El aspecto romántico también juega un rol relevante dentro de las leyendas de Michoacán, las cuales constituyen un espacio donde se resalta el componente humano y sentimental de los antepasados de este territorio.

Los Cerros Enamorados

En la localidad de Zamora, Michoacán, se encuentran dos cerros muy conocidos: La Beata y Patamban. La Beata se halla ubicada en el este de la ciudad y su altura es de 2.520 metros. De ambos cerros se conoce una preciosa leyenda, una de las más hermosas leyendas de Michoacán.

Hace unas cuantas centurias, el Cerro de Patamban, Keri Huata, se encariño de La Beata. Pero era pobre y sin abolengo, no obstante de muy buen corazón y laborioso. Keri Huata era querido por todas las personas y le profesaban gran respeto, y las mujeres, tanto jóvenes como de edad, se enamoraban de él, e intentaban llamar su interés de cualquier manera.

Aun así, Keri Huata no tomaba en cuenta a ninguna de las mujeres que le galanteaba, pues su embelesamiento por la Beata era puro y su amor inalterable. Siempre pensaba en ella. Cuando faenaba en el campo, echaba una mirada hacia la casa de su amada con la intención de verla. Al lograrlo y entrecruzarse sus miradas, le hacía el hombre más feliz del mundo, ya que entendía que su amor era ampliamente retribuido.

Cierto día La Beata y Keri Huata se comprometieron, ya que ante la declaración del cerro de Patamban tan cálida y honesta, la hermosa no pudo resistirse cuando él le recordó lo linda que era y lo espléndido de la naturaleza en la que moraba. Ella igualmente  lo adoraba de todo corazón por su hermosura natural.

La Beata quedó cautivada al oír las palabras de su enamorado. Toda la naturaleza y las montañas próximas estaban contentos por esos afectos entre dos cerros tan imponentes y bellos, y contemplaban con beneplácito tan evidentes quereres. Los pobladores de la zona se hallaban asimismo alegres ante tanto aprecio entre ambos cerros.

Para concretar su acuerdo Keri Huata formó un lindo manantial, y se lo regaló a La Beata. Tal manantial es llamado como Lago de Camecuaro. Al regresar el novio a sus lares, sus compañeros y los animales del bosque lo congratularon por tener una novia tan hermosa y espléndida.

El Cerro de la Marihuata, Las Tres Marías, ubicado al frente del Cerro Keri Huata, le mandó a La Beata un obsequio compuesto por cuatro centenares de encinos, más otros tantos de tukuses, e igual cantidad de casahuates. Y el Cerro del Tuerto que se halla próximo al pueblo de Ocumicho, le dio un efusivo abrazo a su amigo Patamban, y hasta el Cerro de San Ignacio, habitualmente tan reservado y serio, le mandó una sonrisa y una salutación.

Todo marchaba excelentemente en el noviazgo, y todos sabían que finalizará en un buen matrimonio que engendraría numerosos hijos. No obstante, un cerro de nombre Cerro Coco, pequeño, malévolo y mujeriego, se mostró envidioso de tales amoríos, y como él también adoraba a La Beata, comenzó a dar saltos por pura rabia y ocasionó temblores. Fue entonces que fue a ver a su tío el Popocatépetl para que le diera consejos sobre que debía hacer.

El tío le sugirió que la enamorara mediante el obsequio de presentes y declararle palabras amorosas. Y que inclusive le redactase poemas. Pero su intento fue fallido, ya que La Beata lo rechazó de plano. Tras una gran lucha entre los cerros adversarios, al final los enamorados contrajeron nupcias, y fueron muy dichosos con sus hijos los cerritos. Cerro Coco ya no podía fastidiarlos más.

Leyendas de Michoacán Los Aretes de la Luna

Dice los abuelos purépecha del estado de Michoacán, que muchos años atrás el Sol y la Luna siendo pareja eran muy felices morando en las alturas. Pero cierto día se mostró por el firmamento Citalimina, Venus, la estrella de los cielos de la mañana y de la tarde, y todo sufrió cambios para su felicidad.

En cierta oportunidad, la Luna halló al Sol conversando con Venus, que era una estrella muy hermosa con una extensa cabellera. La Luna se colmó de celos y le protestó al Sol por sus coqueteos. Se riñeron, se hicieron insultos y hasta se propinaron algunos golpes. Ya que el Sol tenía más fuerza que la pobre Luna, le llenó su rostro de moretones, que son las manchas que vemos en su superficie desde la Tierra cuando la observamos con cuidado.

Fue entonces que la Luna resolvió apartarse del Sol y se fue lejos, ya no conversaron más y por lo que uno surge de día y la otra de noche. Como era de esperarse, este acontecimiento provocó que se conformará el día y la noche en la Tierra. Al llegar a juntarse ambos astros en el Cielo, retornan a transformarse en los afectuosos amantes que alguna vez fueron y, en ese instante ocurren los eclipses.

Al separarse de nuevo los esposos, la Luna emprende en llanto por la tristeza que le produce, y cada lágrima que se precipita a la Tierra se transforma en gotas de plata, que las mujeres purépecha recolectan para elaborar bellos aretes que tienen forma de media luna, con lágrimas de plata que cuelgan de ellos.

En el caso de que la Luna no lloriquee mucho, sino apenas un poquito, sus lágrimas no se transforman en plata sino en lozanas gotas de rocío, que han de convertirse en charamuscas, que son una flores amarillentas, anaranjadas o rojas muy parecidas a las dalias. Es cuando, los niños cavan en la tierra para extraer las dulces y colmadas de agua jícamas, como se llaman las raíces de la flor, que además sacian la sed de aquel que come de ellas.

Para rememorar el obsequio que la Luna les ha otorgado a las mujeres, no han de cortarse jamás el pelo, y si lo han de hacer, tiene que ser en presencia de Luna Nueva, cuando recibe el nombre de Xaratanga, la diosa lunar de los purépecha .

El Lago Encantado de Zirahuen (La Princesa Purépecha)

A unos 20 km de Pátzcuaro, al centro del estado de Michoacán, se ubica Zirahuén, término que significa espejo de los dioses, el cual da sentido a esta una de las leyendas de Michoacán.

Tras el ocaso de Tenochtitlán, entre los españoles de reciente arribo a Michoacán, un capitán vino a prendarse de la princesa Eréndira, hija del soberano purépecha Tangaxoan, a la cual secuestró y ocultó en un hermoso valle rodeado de montañas.

La linda mujer sollozaba implorando a sus dioses que le ayudarán. Las deidades del día y la noche, Juriata y Járatanga, le confirieron coraje a sus lágrimas para con ellas conformar un lago y convirtieron a sus pies en una cola de pez.  Entonces transformada en sirena fue salvada del dolor y pudo escapara de aquel forastero. Los locales dicen que aún deambula por esas hondas aguas y que a la previo al amanecer surge para embelesar a los hombres de perverso corazón.

En otra interpretación se dice que fue Eréndira quien se encariño de un caballeroso hombre de un ejército enemigo al conseguir en él las aptitudes de su linaje, pues su amor era merecedor de alguien quien fuese valiente y osado. Al saber de ello, el soberano hizo la promesa de aceptarles el derecho de amarse con solo una engañosa condición: el combatiente debería luchar contra muchos otros caciques adversarios.

Toda vez vencidos todos los reinos aledaños, el fraude se hizo evidente, el soberano demandaba a ser también derrotado. La princesa, colocada de pie entre ambos para impedir la confrontación, imploró a su adorado que se fuera: “No deseo tener la responsabilidad del fallecimiento de ninguno de los dos. Si mi padre vence, he de perderte para siempre. Si tú ganas, no me podría casar contigo”, señalo.

El joven se vio obligado a aceptar y ella, ante la aflicción por tener que abandonar a su gran amor y por la deslealtad de su padre se consagró a un perenne llanto hasta conformar el lago con sus lágrimas. Merced a los dioses sería transformada en sirena para no ahogarse y a partir de entonces, la mujer-pez vendría a ser la secuestradora eventual de pescadores o pequeños marineros tras confundirlos con su amor.

Leyendas de Michoacán Noche de Muertos

Los días 1 y 2 de Noviembre en México ocurre la celebración a los Muertos, en primera fecha a los Niños o los Santos Inocentes, y al segunda día las campanas son tañidas por nuestros ancestros.

Cada región tiene su estilo particular para conmemorar ésta celebración Nacional, y el aire se colma de recuerdos y leyendas, que aunado con los espíritus que llegan de visita lo tornan más denso. El ámbito otoñal, insufla su viento en los rostros, como delicada caricia, que trae consuelo a todos los que aún existimos, sobre las lágrimas ya resecas por el tiempo.

De esta manera arriba ésta oportunidad de elaborar platillos especiales, esos que le encantaban a nuestros muertos. Época de adquirir flores, golosinas y velas para la ofrenda. Se acude a misa, se ora para suplicar por las almas que se han ido. Al anochecer, aquellos nos rememoran, y de un más allá no conocido, retornan a visitarnos para así preservar los lazos de amor restaurados aún tras su partida.

La va noche descendiendo, los arreglos ya están alistados, y al tanto las sombras se extienden los espectros marchan ligeramente por todos las esquinas de las ciudades y los pueblos. Es tiempo para los recuerdos y las leyendas de Michoacán como la que aquí les cuento:

La crónica proviene de una tiempo remoto, en el cual las memorias se han esfumado tras el paso implacable de los años… en ese entonces como hoy día, el lago de Pátzcuaro causaba impresión por su hermosura, de aguas claras como cristales fundidos en un mundo de fantasía.

Actualmente, el lago se ha hecho viejo sin dejar de lado su encanto, y en sus islas, particularmente en Janitzio, sus edificaciones de blancos muros y de teja roja despuntan entre el verdor de las plantas y el reflejo de las aguas. En éste marco de noche de muertos, los espectros emergen de las aguas, antiguos espíritus centinelas de tesoros y de amores.

Se relata que compungida se observa a una joven vagando sin sentido por el sector, es la sombra de Mintzita, hija del soberano Tzintzicha. Ella va en camino hacia el lago, el cual refleja la luna y las estrellas, en busca de su príncipe adorado, Itzihuapa, hijo de Taré, sucesor de Janitzio.

Apasionadamente enamorados, no pudieron llegar a casarse por el insospechado arribo de los conquistadores españoles. El cruel Nuño de Guzmán había arrestado al soberano, progenitor de Mintzita. La princesa quiso liberarlo proponiéndole al maligno, el estupendo tesoro escondido bajo las aguas localizadas entre la isla de Janitzio y la de Pacanda.

De esa manera fue como su adorado fue conducido sobre las aguas para sacar el tan ansiado tesoro. Fueron remando hasta el sitio exacto señalado por el reflejo de las constelaciones estelares, y mientras atareado se empinaba, fue capturado por una veintena de sombras de los remeros que lo ocultaron bajo las aguas y fueron hundidos con él.

Itzihuapa quedó transformado en el guardián número veintiuno de tan extraordinaria riqueza, y Mintzita abandonó éste mundo aguardando al borde del lago. Empero, en ésta noche en que los muertos retornan, ella marcha hacia el lago, buscando con ojos llorosos para conseguir consuelo ante la imagen de su adorado que de las sombras del lago emerge, ascendiendo la empinada pendiente de la isla.

De esa manera los dos príncipes fantasmas Mintzita e Itzihuapa, se susurran palabras afectuosas al tanto se contemplan a la luz de las llamas vacilantes de las velas. Se esconden de las miradas imprudentes al tanto las estrellas destellan y el lago llora como un alma en pena

Leyendas de Michoacán Breves

En esta sección se agrupan aquellas leyendas de Michoacán de corta duración, las cuales refieren en pocos párrafos anécdotas y experiencias populares que han perdurado a través del tiempo.

Leyendas de Michoacán La Rodilla del Diablo

Relata una de las leyendas de Michoacán, que en el sitio en el cual hoy día se localiza el manantial del cual emerge el Río Cupatitzio, mismo del que nacían cientos de riachuelos y bañaba regiamente esta porción de lo que antes se nombraba Uruapani, (actualmente Uruapan), este manantial se usaba para regar cientos de cultivos de frutas y legumbres, así como flores de Alcatraces, Geranios, Floripondios y Camelinas.

Se cuenta que cierto día, del afloramiento de este río ya no brotó más agua, habiendo secado todo el caudal, se cuenta que así se mantuvo bastante tiempo.

Al contemplar que se secaban las orillas y plantas, al igual que los cultivos y no quedando agua que beber, las personas fueron con el Fundador del poblado Fray Juan De San Miguel, implorando efectuará una procesión con La Virgen por todo el pueblo, haciendo parte de ello los barrios de San Miguel, San Juan Bautista, La Trinidad, Santo Santiago, La Magdalena, San José y San Francisco .

Arribando así a donde se hallaba el nacimiento del Río Cupatitzio, tras oraciones y plegarias el Fraile lanzó agua bendita hacia la cavidad descendiendo sobre las piedras calientes, que tras un potente olor a azufre y un enérgico temblor, del fondo emergió el demonio de prisa, que al contemplar al Fraile y a la figura de la Virgen, éste tropezó, dejando grabada en la roca la forma de su rodilla, luego de lo cual brotaron nuevamente las cristalinas aguas hasta la actualidad.

Leyenda La Fuente del Ángel

La Fuente del Ángel fue hecha por el Cabildo de la Ciudad de Morelia en 1871 para suministrar agua a los moradores de la rinconada conformada por las viejas calles de nombre del Tecolote y del Alacrán, actualmente García Obeso esquina con Guerrero, en tierras que fueron parte de la huerta del Convento de San Agustín.

El título de Pila del Ángel, obedece a que una leyenda de los vecinos relata que un ángel descendió desde lo más elevado del firmamento para sacar de las aguas de la pila a una niña que se estaba ahogando allí.

Cierto tiempo atrás en la localidad de Valladolid, hoy Morelia, una dama que fue a España en visita a su esposo, cierto día tuvo una reunión con sus amistades en una fuente y les contó lo espléndida que es España.  Todas ellas fueron acompañadas de sus hijos, y prosiguió contándoles que había numerosos palacios y colonias muy bellas y que regresó con muchos vestidos de ese lindo país.

Tras un rato su hija le indicó que tenía mucha sed, ella le señalo que en un momento retornarán a casa. Pasado un tiempo y la niña le recalcó que tenía sed, ella le respondió igual. Luego de otro rato, la niña, angustiada, insistió nuevamente a su madre que tenía sed y su madre para que se quedase tranquila le dijo que tomara agua de la fuente. La niña se inclinó para beber y súbitamente cayó al agua y al no poder incorporarse, comenzó a ahogarse y a dar gritos.

Desde un inicio la madre no le oía pero al no hallarla se dio vuelta y se percató de que estaba dentro de la fuente. Igualmente empezó a pedir ayuda, cuando, repentinamente, en el preciso momento antes de que la niña se ahogase, descendió un ángel del cielo y rescató a la niña que se encontraba en la fuente, la tomó entre sus brazos y la colocó en los brazos de su madre.

Leyendas de Michoacán Eréndira Ikikunari

La leyenda de Eréndira narra la crónica de una joven y osada mujer indígena que se alzó en armas contra los conquistadores españoles en el siglo XVI. Esta mujer era parte de los purépecha, un grupo aborigen que moraba en la zona de lo que actualmente es el estado de Michoacán.

Cuando alcanzó su edad para casarse, Eréndira transgredió las normas sociales de su gente, negándose a ello, y pide a cambio, ser parte de la lucha contra los ocupantes españoles. Regularmente la guerra solo era asunto de hombres, pero se preservaba en la memoria de los purépecha el antecedente de una mujer que había sido parte valientemente en contiendas previas contra otras tribus. Por tal motivo, su tío y jefe le autoriza salir con ellos al encuentro con los españoles.

En un enfrentamiento armado, Eréndira alcanza a robar un caballo de los españoles. Para los indios, que jamás habían visto tales animales, estos “ciervos carentes de cuernos” eran de temer. Al aprender Eréndira como cabalgarlos, comienza a usar su recién aprendida habilidad contra los tiranos, y su atrevimiento la transforma en un destacado icono de fuerza y rebeldía. A continuación le dejamos algunos enlaces de su interés:

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