Las leyendas de México más famosas y jamás contadas

Las leyendas de México constituyen parte de su gran cultura, las cuales han sido traspasadas de sus primeros pobladores a abuelos, padres e hijos por vía oral. Muchas de ellas son leyendas de terror o de figuras mitológicas que se usaban para difundir los eventos paranormales carentes de explicación.

Leyendas de Mexico

Leyendas de México

México, a causa de su antigüedad y el sincretismo cultural por el cual se caracteriza, cuenta con una gran diversidad de leyendas acerca de personajes mitológicos, espíritus, apariciones, ánimas sin reposo y lugares embrujados, crónicas algunas originarias de su pasado prehispánico, beneficiadas por el color local propio del folclor mexicano.

Este país es, por su valiosísimo pasado histórico, indudablemente una tierra que cuenta con extraordinarios relatos. ¿Cuál fue la primera leyenda de México? Bastante difícil saberlo ya que el gran pasado indígena y coloquial hace que sus leyendas sean ancestrales, de cuando aún no había aun registros. Las leyendas de México de toda clase, puede estar dirigidas tanto  para niños como para adultos.

Leyendas de México Populares

A continuación presentamos una relación de algunas de las leyendas de México más populares, las cuales son ricas en tradiciones pueblerinas.

Leyendas de México El Charro Negro

Adela era una muchacha tranquila para su tiempo, al tanto las mujeres se quedaban en casa para atender a los hombres de su familia, ella llevaba su existencia libre de compromisos, paseaba ya avanzada la noche en quien sabe cual lugar, no obstante lo preocupados que estuviesen sus padres.

En una de esas noches, se consiguió en su camino con un hombre de gran estatura, de aspecto distinguido, de impoluto traje negro conformado por una chaqueta no muy larga, una camisa, un pantalón ceñido y un sombrero de ala ancha. Marchaba a lomo de un caballo inmenso y de tez azabache, lo cual asombró a la joven instantáneamente por su gran presencia, expresión elocuente y palabras templadas.

Luego de una agradable charla Adela aceptó acelerar su travesía y estuvo de acuerdo en montar el caballo. En el preciso momento en que ella subió al lomo del animal, este aumentó al doble de su tamaño, encendiéndose en llamas, lo cual le imposibilita su huida.

Al oír los espantosos gritos de la joven, unos cuantos fueron en su auxilio, únicamente para notar de que ella ya había sido poseída por el Diablo, quien con figura de charro negro cabalgaba cada anochecer por los inmediaciones de la Ciudad de México buscando algún alma ingenua que conducir a sus dominios.

Nada pudo hacerse por la joven, apenas la contemplaron arder en llamas arriba del caballo, se le percibía ahogarse en sus propios alaridos de dolor y desesperación. Nada malo puede señalarse del Charro Negro si el viajante se restringe a aceptar su compañía hasta su sitio de residencia; si se aproxima el amanecer, entonces dirá adiós gentilmente y se irá pausadamente, al igual que si el camino por el que marcha lleva a las proximidades de una iglesia.

Leyendas de México La Llorona

Se cuenta que en el México de la colonia del siglo XVI, en las noches, una mujer enflaquecida ataviada de blanco vagaba por las sombrías calles del Centro de la ciudad. Sus gemidos agudos atemorizaban a las personas, quienes se guarecían en sus hogares en espera de la llegada del alba.

– Mis hijos… se han extraviado, ¿alguien puede darme ayuda?, ¡ay, mis hijos!

Una mujer de orígenes indígenas que contaba con el amor de un distinguido caballero español, era una crónica de ensueño. Lo amaba con frenesí y por eso se transformó en madre de tres niños. Deseaba desposarse con su caballeroso señor, pero éste evitaba continuamente el instante de la propuesta; siempre llegaba a convencerla de que su relación era mejor llevada en las sombras.

– El repique de las campanas de la iglesia siempre me hacer acordar de mi deseo de casarme. Interrogué y cuestioné… solicité y rogué… por mis hijos…

Pero el caballero dejó de serlo. Inquieto por sustentar su imagen ante la sociedad, puso de lado a la progenitora de sus hijos y se casó con una dama española.

Al conocer de ello, la furia y el pesar envolvieron completamente a esta mujer… ya no pensaba con claridad y condujo a sus tres hijos hasta el borde de un río, en el cual los abrazó, metiéndose en el agua hasta que ya no respiraron más. Un acción piadosa para impedir el dolor ante la ausencia del padre. De inmediato el peso de su resolución fue excesivo y ella igualmente se dejó fallecer en el río.

– ¡Ay, mis hijos!

La gente que le veía en las proximidades de la Plaza Mayor o le oían gritar lastimosamente le llamaron “La Llorona”, naturaleza de una mujer cuya pecado no la deja reposar y ahora deambula sin esperanza, en busca de sus hijos.

– ¡Ay, mis hijos!

Leyendas de México La Mujer Herrada

Al transitar por las calles de la Ciudad de México existe la posibilidad de que no consigamos con sitios que, según se señala, fueron marcos de extraños y muy peculiares acontecimientos, en particular en el Centro Histórico, precisamente donde surgió la leyenda de la mujer herrada.

Se relata que cerca del año 1600, un ermitaño clérigo moraba en la calle de nombre Puerta Falsa de Santo Domingo, la que hoy es conocida como República de Perú. Debido a su soledad, el hombre prefirió buscar una mujer con quien convivir, aunque nadie veía su acción con buenos intenciones, en particular su compadre, un herrero que residía a unas pocas calles y era sumamente religioso.

El herrero acostumbraba estaba empeñado en decirle al clérigo que distanciara a dicha mujer de su existencia y retornara a retomar su vocación, no obstante  el religioso estaba reacio a dejarla y prosiguió descaradamente su vida con ella.

Cierta noche, el herrero oyó fuertes toques en su puerta y se dio prisa para ver quién podía asistir a su taller a tales horas. Al abrir se halló con dos hombres que traían atada a una mula. Le hicieron saber que el clérigo los había enviado a verlo para que colocara herraduras a la mula lo más pronto posible, ya que apenas amaneciera debía salir de viaje.

El herrero, aunque sorprendido, se dio prisa en colocarle las herraduras a la mula y una vez que finalizada la tarea, los mensajeros pudieron llevársela propinándoles potentes golpes. Al día siguiente, el hombre fue corriendo a la vivienda del clérigo para saber del motivo de su urgente viaje; no obstante, lo consiguió aún dormido.

Cuando despertó el religioso fue que pudo decirle al herrero que no tenía planeado viaje alguno y que nunca había mandado a ningún mensajero a su casa la noche anterior. Los dos consideraron que sólo se trataba de una broma y se burlaron del asunto.

Pero sus facciones cambiaron cuando se aproximaron a la compañera del clérigo, la cual se hallaba aún acostada en la cama. Al quitarle la cobija los dos se dieron cuenta con horror que ella había fallecido y que en sus manos y pies tenía remachadas las herraduras que la noche previa el herrero le había puesto a la mula.

El herrero y el clérigo descifraron el suceso como un escarmiento hacia ella y al religioso por el indebido acto en que estaban incurriendo. Conjeturar que los dos portadores del mensaje eran demonios, quienes habían transformado a la mujer en mula para sancionarla.

Otros clérigos fueron llamados, quienes les sirvieron de ayuda para sepultar a la mujer en la misma vivienda, jurando nunca hablar del asunto. El clérigo se retiró apenas pudo de la ciudad, al tanto que uno de los testigos divulgó el acontecimiento ante la gente cierto tiempos después, originando así la leyenda de la mujer herrada.

Leyenda de México La Calle de La Quemada

Beatriz era una joven de 20 años de edad, que cautivaba a los hombres por su belleza sin igual. De reciente arribo a México, llegó con su progenitor, Gonzalo Espinosa de Guevara, y fueron prontas las propuestas de matrimonio de innumerables hombres de relevante posición.

Fue cierto día que Martín de Scopoli, un Marqués italiano de Piamonte y Franteschelo, se encariño apasionadamente de ella, considerando que debía asesinar a todos sus probables pretendientes, para así dar por seguro que Beatriz se fijara en él.

Dedicaba las noches a vigilar debajo del balcón de su amada, desafiando a cualquiera que transita por ahí aunque no tuvieran intenciones de enamorarla. En cada amanecer un cadáver era encontrado por allí, lo cual llevó a la joven mujer a un acto desequilibrado.

Ella resolvió terminar con su hermosura para dejar de cautivar y que él no ejecutara tan horribles actos, por lo que colmó un envase de metal con carbón e introdujo su cara, tras lo cual los alaridos de la joven alarmaron a toda la vecindad, donde podían verle ya sin rostro, con los trozos de carbón aún pegados a su piel.

Habiendo ya dañado el más grande de sus atractivos, y concluir con la cara totalmente quemada, Martín le confesó que la adoraba por su interior, recibiendo así su corazón, tras lo cual se desposaron algunos meses después. Beatriz usó un velo blanco el día de su casamiento, pero luego solo vestía uno de color negro, impidiendo así que alguien pudiese ver su cara, aquella que hacía suspirar a los hombres de esos tiempos.

Dice esta,una de las leyendas de México que todos estos acontecimientos tuvieron lugar al mediar del siglo XVI. Desde entonces, la calle en la cual vivió Beatriz se le dio el nombre de la calle de la Quemada, a pesar de que hoy día se le conoce como la 5a. calle de Jesús María.

La Leyenda del Hospital Juárez, La Planchada

Uno de los muchos leyendas de México que circula por la capital es la que tuvo surgimiento en el Hospital Juárez y que igualmente es popularmente conocida como “La Planchada”. La leyenda dice que allá por el siglo XX una enfermera denominada Eulalia desempeñaba labores en el nosocomio, su uniforme siempre estaba intachable y muy bien planchado.

Eulalia era muy atenta con los pacientes y por tal razón todos reconocían su trabajo; cierto día un médico de reciente ingreso llamado Joaquín comenzó a faenar en el hospital, era un joven muy bien parecido, no obstante, igualmente era muy vanidoso.

Eulalia al contemplarlo se enamoró locamente de él y tras breve tiempo se comprometieron, aún cuando numerosas personas le aconsejaron que no lo hiciera, pues era un joven presumido con otras enfermeras.

Su relación duró bastante e incluso Joaquín y ella consideraron casarse, por lo que Eulalia se hallaba muy alegre e ilusionada… no obstante cierto día Joaquín le indicó que debía realizar un viaje por 15 días a un reunión al norte del país. A ella eso le aparentó como un poco extraño, ya que no permitió desearle un feliz periplo al tanto proseguía con los planes de nupcias.

Tras una semana ella ya lo extrañaba demasiado y conversando con uno de los enfermeros del Hospital sobre su relación con Joaquín, obtuvo las confesión de que el médico se había desposado con otra y que se hallaba de luna de miel, sumado a que había presentado su renuncia para ir a establecerse en otra ciudad.

La enfermera estaba incrédula ante lo que estaba aconteciendo y cayó en una honda depresión que provocó que dejara de poner interés y cuidado a su trabajo; más adelante llegó a enfermarse y murió en ese mismo Hospital.

Luego de cierto tiempo comenzaron a ocurrir numerosas cosas extrañas ya que cuantiosos pacientes estaban agradecidos de las atenciones de las enfermeras por haber aplicado algún medicamento o por haberles asistido, cuando ciertamente ellas no lo habían realizado.

Al reseñar a la enfermera que los atendía siempre concordaban en que era una mujer de corta cabellera y con el uniforme muy almidonado por lo que comenzaron a suponer de las apariciones de Eulalia o mejor llamada “La Planchada” e incluso las mismas enfermeras fueron testigos de que cuando se quedaban dormidas alguien toquetear sus cabezas para que se despertasen y prosiguieron la atención de los enfermos.

Hasta la actualidad este relato, parte de las leyendas de México, sigue vivo, y es que no es únicamente en el Hospital Juárez donde prosiguen las apariciones, en otros nosocomios circulan los comentarios de que igualmente ha sido vista.

Leyendas de México de Terror

Del catálogo de leyendas de México, las referidas a temas de terror son las más abundantes y las que generan el mayor interés de la población.

Leyendas de México El Palacio de Lecumberri

El Palacio de Lecumberri, está localizado a espaldas del Palacio Legislativo de San Lázaro, en la Ciudad de México. Fue fundado por Porfirio Díaz como un infierno penitenciario, para aquellos que no obedecieran la ley, y cuya edificación principió el 9 de mayo de 1885, y su inauguración tuvo lugar el 29 de septiembre de 1900.

En 1976 Luis Echeverría resolvió retirarlo del servicio de Penitenciaría de la Ciudad de México y en 1977 José López Portillo comenzó su conversión a Archivo General de la Nación, para que sus puertas abrieran en 1982, manteniendo ese uso hasta la actualidad.

Entonces como cárcel, se esperaba que albergará 740 reos, pero ese limite llego a superarse, alcanzando a retener hasta 5 mil presos. Fueron más de 15 personas hacinadas en celdas de apenas tres metros cuadrados, en la cual dormían de pie y atados a las paredes. Estaba dividida en diferentes corredores a las que eran mandados los presos según el delito que habían perpetrado.

Áreas para presos políticos, presos de suma peligrosidad y el corredor ‘J’, lugar para los homosexuales, de allí que de forma despreciativa se les empezará a denominar jotos. La sección a la cual todos los prisioneros le tenían más temor era «El Apando», celda de castigo, en la cual podían pasar confinados hasta semanas completas, con escaso alimento, sin luz, ni agua, ni ventilación, ni baño.

Por este sitio transitaron los cuerpos inanimados de Francisco I. Madero y de José María Pino Suárez, los cuales fueron aniquilados a espaldas del presidio en 1913. Fueron parte de esta cárcel desde ladrones irreconocibles hasta personalidades de la talla de Pancho Villa, David Alfaro Siqueiros y Alberto Aguilera Valadez (Juan Gabriel).

Esta, una de las leyendas de México, se inició cuando los mismos presos compartían a su familia el «infierno» en que moraban, torturas, desapariciones, homicidios. De allí proviene el epíteto de negro, por toda la crónica oscura que en él se podía hallar. Esto no cesó al cerrar la cárcel, ya que se asegura que el lugar está colmado de almas en pena, que entre sus muros aún se puede percibir ese aire de intranquilidad. Los vecinos relatan que al anochecer aquel palacio es como ver una película de horror.

No son muchos quienes han trabajado en ese sitio por más de 20 años, pero han señalado haber experimentado encuentros sobrenaturales. Al ser remodelado el edificio, se localizaron huesos humanos sepultados en las proximidades de las salidas. Se alude la presencia de un Charro Negro en el auditorio del Palacio. Se oyen gritos, gemidos y ruidos raros que crean tensión en el silencio.

En cierta oportunidad a un trabajador del sitio se le aproximó un hombre depauperado afirmando: “De nuevo no me visitó mi Amelia”, y cuando el trabajador quería preguntarle, el sujeto se desvaneció. El empleado, resolvió averiguar sobre el hecho. Y se consiguió que era Don Jacinto, un hombre que falleció siendo prisionero en Lecumberri en los años cuarenta.

Leyendas de México La Isla de las Muñecas

La isla de las muñecas es una chinampa (sistema de cultivo) que se ubica en la laguna de Tezhuilo, la cual es parte de los canales de Xochimilco. Su denominación obedece  a que en ella se hallan un número enorme de muñecas rotas y dañadas de diversos estilos y colores, dispuestas allí por quien fuera su propietario, Julián Santana Barrera.

Santa Ana, que vivía como un ermitaño y estaba dedicado a la siembra de hortalizas, flores y cereales, comenzó a poner estas muñecas por la totalidad de la isla en 1950.

Por cierto tiempo, se desconocía por qué Santa Ana hacia esto, hasta que su sobrino, Anastasio Santa Ana, reveló que se debía a que Julián señalaba que, recién arribado a la isla, una joven se había ahogado allí, y que a partir de entonces, en la isla se oían voces y quejidos de mujer, por lo que empleaba a las muñecas para resguardarse de los espíritus.

Julián igualmente comentó a su sobrino que, cuando iba de pesca, observaba a una sirena que quería que fuera con ella. De acuerdo a Anastasio, cierto día que ambos fueron de pesca, él fue un instante a revisar a sus animales, y al retornar, consiguió a su tío muerto en el lugar en el cual, presuntamente, era vista la sirena, y que se supone asimismo como el sitio en el cual se había ahogado la joven del relato. Su colección de muñecas la ha seguido aumentado su sobrino Anastasio.

Hoy día, la isla de las muñecas es un lugar célebre entre los turistas que acuden a los canales de Xochimilco, interesados por las leyendas de México, además de por los relatos de que algunas de ellas son milagrosas. A la isla de las muñecas se le han hecho reportajes y documentales de cuantiosos medios internacionales como Discovery Channel, The Huffington Post, Travel Channel, ABC News y otros.

Leyenda de la Mujer del Velo

Dentro de las leyendas de México, en esta se relata acerca de un tal Luis, quien en sus época obtuvo la celebridad de Don Juan, ya que no había mujer que se le resistiera. Él era de naturaleza seductor, estafador, mentiroso y oportunista. Empleaba todos sus encantos, para conquistar mujeres de importante posición, a quienes les lograba sacar algo de dinero tras ganar su confianza.

Debido a su gran pose e inteligencia, despertaba pasiones en cualquier sitio, y fue así que Ana, como numerosas mujeres, quedó encariñada locamente de él, pero alcanzado su propósito, Luis abandonó totalmente su interés por ella. Relegada e ignorada por su adorado, la mujer no pudo aguantar el pesar y se arrancó la vida, no sin previamente prometer que arrastraría con ella al autor de tal pena, para estar juntos eternamente.

El día de muertos, al volver Luis de sus rondas de juerga, con unas copas extras, contempló la bella silueta de una mujer, producida por el cuerpo más primoroso del que se hubiese imaginado, solo que la cara no pudo verla, pues vestía un velo negro como muestra de luto. Luís quería aproximarse, pero ella solo se distanciaba más y más, hasta esfumarse…

Todas las noches, ocurría igual, ella se dejaba contemplar a la distancia, pero no dejaba que la alcanza. Él creía que iba a desfallecer de amor. Y tras una semana fue la fecha que en un año atrás su fenecida amante se suicidó. Al transitar por el panteón vio de nuevo a la mujer a la que hacía suspirar, pidiendo ayuda a gritos, y él, no pudo perder la oportunidad. Al verlo acercarse ella señaló:

—Agradezco al cielo que alguien me ha oído.

—¿Por qué se encuentra usted en el panteón?

—Vengo a ver a mi hermana, que hoy ha cumplido un año de fallecida. Un vil hombre la sedujo y ella se suicidó por él, ¿Qué consideras que le es merecido?

—Amerita ser sepultado con vida con la mujer a la que le causó sufrimiento para que ella lo pueda querer de nuevo, – afirmó el hombre queriendo complacer a la dama.

—”Pues ello ha de ocurrir”, – asintió ella con mucho convencimiento, y le tomó de la cintura, tras lo cual dejó caer el velo que tapaba su cara. Inmediatamente el tal Luis quedó asombrado, tenía delante de él a la amante que se suicidó, su rostro estaba consumido por los gusanos que hacían una montaña rusa a través de los agujeros craneales… ella lo apretó en un abrazo letal, para luego hundirlo en el suelo junto con ella, para que le acompañará eternamente.

Se cuenta que desde ese tiempo, en la fecha señalada, se oyen los lastimosos alaridos de un hombre, al tanto una mujer entona una canción nupcial.

Leyendas de México La Mitad

Hay oportunidades en las que uno se muestra incrédulo ante lo que la gente cuenta, pero otras en las que no es necesario vivir las experiencias para sentirse algo horrorizado. Cuenta un hombre que al mudarse de vivir de una ciudad a un pueblo al sur de México le asombró un relato que le contó una persona del transporte público. Fue cuando se dio cuenta que los autobuses ya no pasaban al caer la tarde la gente no se observaba por las calles en las noches.

Se hallaban espantados ya que de acuerdo a lo que narra la historia, cuando comenzaron los servicios de autobuses, era ya algo tarde, superada las siete de la noche, apenas algo oscuro. Fue cuando uno de muchos chóferes de autobús iba distraído hablando con una mujer sentada detrás de él,  y al voltear atrás para sonreírle, se oyó un golpe al frente del vehículo.

Pero éste no paró hasta que uno de los tres amigos que le hacían compañía en su primer viaje exclamó, “Arrollar a alguien, ¡detente!”.  Tras lo cual descendieron para ver a la persona herida, pero fue tarde, había fallecido, el golpe del autobús lo arrojó hacia delante, el chofer al no parar le pasó por arriba. Trataron de retirarlo del camino, pero se aferraron al momento que lo hacían ya que el cuerpo se separó en dos, quedando uno con el torso y otro con las piernas.

Se desentendieron del cuerpo lanzándolo a un canal al costado de la calle, cogieron con una pala la tierra manchada e igualmente la echaron a un lado. Ya que era al parecer un viajante de paso, no hubo quien lo extrañas o reportarse su extravío.

Empero lo malo emergería más adelante pues la gente que transitaba por dicho camino contaban que se oía a alguien quejarse, que algo se oía arrastrarse, inclusive a más de uno le había intentado tomar de la pierna. Días después los chóferes de la ruta resolvieron no laborar más por las noches ya que algo pasaba arrastrándose delante de sus autobuses todos los días a igual hora.

En una de tantas oportunidades el culpable se vio forzado a transitar por ahí en el autobús a la misma hora del acontecimiento, solo quedando un pasajero. Ambos iban temerosos, quisieron pasar muy veloz por el sitio pero lo que tanto era temido ocurrió. Se podía ver algo en medio de la vía, un bulto, al acercarse era la mitad de aquel sujeto, que al observar las luces se levantó, alargó sus manos, y con una fuerza sobrehumana contuvo la marcha del autobús.

Las dos personas dentro de éste se levantaron sin poder observar nada, por la parte trasera se oyó el ruido de unas uñas raspando el metal y el vidrio, la puerta llegó a abrirse, la mitad se introdujo antes de que pudieran responder, se deslizaba pausadamente hacia ellos soltando un huella de sangre detrás, desplazando sus manos tal cual una araña, ascendió por los lados y se sujetó de los tubos en la parte superior.

Con suma rapidez se aproximó hasta donde el chofer, la otra persona trato de huir, pero pareciese que no le eran necesarios los pies para acordonarlos a los dos. A pesar de que su cara no era más que sangre y piel destrozada, podía observarse su expresión de ira, mostraba los dientes de forma desafiante, emboscada a su asesino como un experto cazador en busca de su presa.

Lo acorraló una y otra vez, se divirtió con su miedo, lo llego a oler, rasguño su rostro, le extrajo las vísceras… llegó a partirlo en dos con sus mismas manos. Se cuenta que hoy día quien se arrastra por las calles no es el viajante que iba de paso, sino el chofer que le despojó de su vida.

Leyendas de México La Mujer Colgada

En el modesto poblado de la Espiga, cuenta esta, una de las leyendas de México, la existencia era muy plácida. La mayor parte de los habitantes estaban dedicados a la alfarería, y eran visitados por turistas de cuando en vez, no sólo atraídos por el producto de esa actividad, sino igualmente por contemplar sus paisajes y pintorescas viviendas.

No obstante la gran aptitud que había para atender a los turistas, insólitamente no se les estaba permitido permanecer en el pueblo tras el atardecer. Deberían retirarse de las calles, dormitar en zonas aledañas y retornar al próximo día muy temprano.

Evidentemente numerosas personas estaban colmados de curiosidad por este hecho, no obstante, los habitantes decían que era por costumbre, y los forasteros no era insistentes, aunque siempre surgen aquellos irrespetuosos que rompen las normas sólo para imponer sus pretensiones. En esa oportunidad, era un grupillo de cuatro jóvenes, los cuales aprovecharon un momento de descuido para ocultarse muy bien, antes de que se comenzará el retiro de los visitantes.

Los jóvenes, se quedaron allí luego del atardecer, dándose cuenta para entonces que las calles se vaciaron totalmente. Reinaba un  silencio total, como si el sitio estuviera despoblado. Así que tuvieron la ocasión perfecta de provocar desmanes. Juguetear un rato en el parque, luego trataron de ingresar a los comercios del pueblo, pero todo estaba bajo llave casi a piedra y lodo.

Ciertamente, no había mucho que hacer, más que terminarse las bebidas que portaban en sus mochilas, las cuales bastaban para embriagarse antes de la media noche, y formar su escándalo.

Los pobladores del lugar les oían, pero no parecían molestos sino angustiados, continuamente se sobaba las manos y rascaban sus cabezas, conteniendo la necesidad de abrir la puerta al aproximarse alguien, siempre alguien más palpaba su hombro para negárselo con la cabeza o una mirada fija. La situación se tornaba más mortificante para las personas confinadas, particularmente cuando los gritos de la fiesta de los jóvenes fue cambiando de tono.

Podía notarse en sus voces un pánico profundo, tanto así que llegaron a arañar las puertas implorando para que las abrieran, pero nadie respondió a aquellos ruegos. Eso acontece al desobedecer las normas, a pesar de que a veces parezcan estúpidas o innecesarias, tienen su sentido. Estas específicamente, estaban elaboradas para resguardar a las personas de un horrible espanto rencoroso, que emergía al anochecer buscando víctimas.

La mujer ahorcada fue el apodo dado por los pobladores, ya que en sus primeras apariciones, fue vista colgada de un árbol, con cara de enfado y la lengua por fuera. Más adelante, comenzó a transitar las calles noche tras noche, portando la cuerda en sus manos, intentando colocar dentro de ella un cuello diferente al suyo.

Se desconoce de dónde provino, ni se tiene noción que persona era o su vinculación con el pueblo, simplemente se mostró ahí un día, secuestrando gente para ahorcar de un árbol en el cual todos pudieran observar el cadáver al día siguiente. Por fortuna para los jóvenes, inclusive ese feo espanto procede bajo reglas, y se lleva consigo solo una víctima, ya que cuenta únicamente con una cuerda.

Leyendas de México El Puente de los Duendes

Este relato se origina en Puebla, México, en el cual a los lugareños se les advierte desde niños sobre el peligro existente en un sitio en medio de la sierra. Allí modestos duendes llevan arrastrados a las personas hasta debajo de un puente, en el que realizan cosas desconocidas y quien ingresa ahí no sale nunca. Este lúgubre lugar es llamado «El Puente de los Duendes», y merced a que una persona pudo evadirse se conoce algo más de este destino dudoso.

Un hombre volvía de la fiesta del pueblo con algunos tragos demás, y para contener en algo el frío, a mitad de la noche le da por ir en busca de leña, siendo la única que pudo hallar la que consiguió en las proximidades del tan temido puente. Conocedor ya de las desgracias que al puente se le reconocen trató de regresar lo más rápido posible. Apenas pudo recoger cómo pudo un par de palos y  al darse vuelta pudo ver entre la maleza una gallina enorme y gorda.

Al parecer no tenía dueño ya que usualmente la gente mantiene a sus animales confinados en sus corrales por miedo a lobos y coyotes.

El hombre se alista para atraparla, la persigue entre la maleza, y a pesar de que la gallina es sumamente lenta, se le escabulle fácilmente. Pensando en servirla en la mesa para la cena, no cejaba en su intento, hasta que notó que la gallina se paró precisamente en una punta del puente. Muy asustado y con ganas de correr, no pudo hacerlo, ya que percibía todo su cuerpo adormecido, y era llevado contra su voluntad hacia debajo del puente, donde se oían risas y cuchicheos.

Pudo observar en ese momento que aquella gallina rellenita, se transformaba en un hombrecillo menor a un metro, que lo observaba fijamente con una risa perversa, escuchándole alaridos y gemidos de dolor. El hombre pudo escapar un instante de su trance, pudiendo controlar su mano para persignarse y decir estas palabras, “Padre nuestro, si mi cuerpo es para los demonios, por lo menos permite que mi alma quede contigo en el paraíso”.

Las criaturas chirriaron en reacción de disconformidad, queriendo arrojarse sobre él, se le lanzaron encima, pero por fortuna el hombre pudo huir corriendo, merced a sus palabras.

Al próximo día al despertar, meditaba que todo lo ocurrido fue un mal sueño, pero un fuerte dolor lo hizo ver hacia sus piernas, las cuales estaban desgarradas y bañadas en sangre. Al ponerse de pie vio un sendero de plumas recubiertas de sangre que señalizaban la ruta hacia el puente.

Leyenda del Boy Scout

Gerardo se había unido a los Boy Scout con bastante ilusión, y alistaba de prisa sus artículos ya que esa noche sería la primera vez que dormiría por fin fuera de casa, en una área de montañas de la Ciudad de México.

Al arribar al lugar indicado a modo de novatada, los muchachos de mayor edad le mintieron para que acampara en la orilla de un desfiladero. Desconociendo que el pequeño sufría de sonambulismo lo acercaron a la muerte, ya que éste se levantó en la madrugada y  a la mañana próxima consiguieron el cuerpo despedazado entre las rocas.

Luego del percance se impidió hacer acampado en ese sitio, los chicos se asentaban en una área baja y distanciada. Pero cierto tiempo después los scouts empezaron a ver una luz que provenía de las rocas y comentaban que era el alma del chico buscando que alguno lo ayudará a salir.

Esa historia se transformó en un relato común, el cual los jóvenes utilizaban para probar su valentía, desafiándose a ir a sacarlo de entre las rocas. Vino a convertirse en la nueva novatada, ya que al mediar la noche algún pequeño grupillo se escabulle tratando de llegar hasta su compañero extraviado, sin poder alcanzarlo. En unos casos era porque alguno se acobardaba al último instante o porque algún guía superior los descubría.

Como aconteció esa noche, uno de los jefes scout fue prevenido por un «soplón», el cual en compañía de un par de colegas más, siguieron camino a las rocas y atajaron a los chicos, que se encontraban ya de hecho en el lugar. En rebeldía uno de ellos comenzó a correr para prender su lámpara y revelarles a todos los del campamento que ya había ido hasta allá.

El explorador de mayor edad fue tras él unos instantes después, perdiéndole de vista por un rato, y  luego para su asombro, lo vio detenido a la orilla del precipicio. Intentaba aproximarse cuidadosamente mientras lo llamaba, pero este no le hacía caso.

Estuvo tan próximo a él, como para tocar su hombro, pero en ese justo momento en un movimiento veloz, el niño pudo voltearse, encendiendo su lámpara delante de su rostro, dejando ver su cara colmada de sangre y destrozada, un intensa palidez cubría toda su piel, y el guía, de la impresionado que estaba no se percató que se hallaba él a la orilla del desfiladero.

Fue así que el fantasma del niño le concedió una sonrisa, y alargando su mano, le propinó un ligero empujón, que lo llevó a experimentar el mismo final que él años atrás. Y todo fue debido a que ese, quien ahora era guía, fue entonces uno de los chicos mayores que lo engañaron para que acampara al borde de ese precipicio.

Esta sucesión de hechos originaron la Leyenda del Boy Scout, y se cuenta ahora que no usa la luz en espera de que lo saquen, si no como un anzuelo para atraer allí a quienes le provocaron la muerte, y conducirlos con él.

Leyendas de México Históricas

Debido a su gran pasado histórico tanto indígena como colonial existen una gran cantidad de leyendas de México que aportan una dosis de cultura a los aficionados al tema.

Leyendas de México El Callejón del Muerto

Hacia el año 1600 el español Tristán de Alcácer, se asentó en la Ciudad de México para abrir una abarrotería, donde el arzobispo fray García de Santa María Mendoza acostumbraba ir de visita frecuentemente para platicar, habiendo conseguido en común que los dos provenían de la misma localidad. La abarrotería floreció y Tristán de Aljucer mandó a su hijo en busca de mercancías a la ciudad de Veracruz para incrementar la diversidad de productos ofrecidos.

En el litoral del sureste, alejado de su padre, el hijo se contagió de una enfermedad mortal tan grave que le imposibilita su retorno a la Ciudad de México. Tristán de Alcácer le juró a la Virgen que haría el camino hasta el templo del Cerrito, si escuchaba sus ruegos y le regresaba a su hijo con vida.

Algunas semanas más adelante su hijo volvió débil y enfermo, por lo que Tristán habiendo recibido con el pasar del tiempo lo que deseaba, logró olvidar su promesa hacia la Virgen, y se consagró al negocio que prosperaba mucho. Al rememorar que no había hecho realidad su promesa se atormentó, y acudió a su amigo el arzobispo para hablarle al respecto, afirmando éste que con una plegaria era suficiente, eximiéndole de su promesa y Don Tristán con alivio la olvidó.

Un día al amanecer, el arzobispo se hallaba paseando por la Calle de La Misericordia y se consiguió a Don Tristán quien se veía  demacrado y con cierta palidez. Iba ataviado con un sudario blanco, portando una vela encendida, y le exclamó con voz tétrica que estaba consumando la promesa.

Asombrado el arzobispo, fue al anochecer al hogar de Tristán para solicitarle una explicación y consiguió su cadáver en pleno velatorio por parte de su hijo, el cuerpo del difunto estaba trajeado con las mismas ropas que le fueron vistas por el arzobispo en la mañana. El hijo le hizo saber que su progenitor había fallecido al amanecer.

Se cuenta que el arzobispo se había encontrado con el ánima de su amigo, quien se hizo ver para cumplir la promesa, por lo que  sintió remordimientos por haberlo eximido de ella. Tras unos cuantos años el alma de Tristán prosiguió vagando por la calle de la Misericordia que a partir del percance del arzobispo, la gente lo dio el nombre de El callejón del Muerto y siglos a posteriori fue renombrada como calle República Dominicana.

Leyenda del Panteón de San Fernando

El Panteón de San Fernando, igualmente denominado como el Panteón de los Hombres Ilustres, es uno de los camposantos de mayor antigüedad de la ciudad, presentándose en él, la arquitectura y el arte funerario del siglo XIX mexicano. Es el domicilio final de los despojos de excelsos hombres de la historia mexicana, como Benito Juárez. Se cuenta que sus espíritus deambulan con libertad por el cementerio al anochecer.

El cementerio entró en funciones en 1713, año en que se creó el convento. Inicialmente se destinó para las sepulturas de los frailes, aunque más tarde empezó a sepultarse en él a miembros de la aristocracia y en 1835 fue proclamado común y público a causa de la fuerte epidemia de cólera que afectó a la población, aunque sus entierros fueron prohibidos. San Fernando se ha transformado en un innovador museo desde el 31 de mayo del 2006.

Por numerosos años, era usual que los fallecidos fueron enterrados dentro de las iglesias, tras sus muros o bajo su suelo, apenas tapados con tablones de madera y casi a ras de la superficie, de donde emergen desagradables olores y exhibiciones muy repugnantes para los asistentes al templo.

Progresivamente se fue prohibiendo el entierro de cadáveres en los interiores de la iglesia y se empezó a usar el espacio del atrio delante de la puerta. Hoy día es la plaza del museo, donde se arman las exposiciones, las muestras de libros y las obras teatrales. De tal manera que al caminar por arriba, bajo sus pies se encuentran miles de despojos humanos.

Se sabe de algunas leyendas de México de algunos trabajadores que dan por seguro haber interactuado con el mundo de los apariciones, han visto sombras y percibido presencias que se esfuman instantáneamente. Al anochecer han visto gente y luces que se desplazan entre las tubas.

Se dice igualmente acerca del avistamiento de una mujer ataviada de negro, fornida, tez blanca de 35 a 40 años. No expresa  palabra y se mantiene inmóvil, de pie muy rígida. Se mantiene con mirada fija y su semblante empieza a cambiar, se le arruga la cara, se le ahondan los ojos y comienza a dar alaridos de una forma muy extraña.

En oportunidades se hallan objetos muy empleados para trabajos de brujería, e inclusive hay personas que arriban hasta ese lugar por tierra, para presuntos hechizos. Se ha observado a un hombre mayor deambulando por el mausoleo soportado por un  un bastón, que se señala fue a tener a la fosa común y quizá esté en pena por la aciaga suerte de sus despojos.

La señora Martha Guzmán Mendoza, cuenta con una fotografía de una persona con tonos rojizos, parecida a una mujer, de pie al costado derecho en la puerta en el cual está localizada la oficina del cementerio. Se puede contemplar al espectro, entre dos árboles a plena claridad del día.

Se dice que podría ser el espíritu de Dolores Escalante, de una familia tradicional, la prometida de Lafragua, un liberal. Sus amores fueron dificultosos, el progenitor de ella la hizo comprometerse en par de oportunidades, sin llegar a nada. A partir de ello, Dolores y Lafragua alistaron el casamiento, pero Dolores fue una de las víctimas mortal de la peste de cólera.

Lafragua, angustiado, la sepultó en San Fernando. Al fallecer él, 25 años mas tarde, lo sepultaron en la misma tumba de su prometida. Dicen que al  anochecer el espectro de Dolores Escalante se muestra flotando por arriba de su tumba.

Leyenda de México El Rosario y la Sotana sin Cabeza

En Villa de San Felipe El Real de Chihuahua se había mandado la orden de no ser piadoso o tener simpatía por los presos insurrectos que estaban a punto de arribar, a menos que se intentara ofender a la corona española.

Entre los casi cincuenta apresados se encontraban Miguel Hidalgo y Costilla, Ignacio Allende y Mariano Jiménez… Todos fueron traídos en estado deplorable y entre mediaciones y martirios, a la cárcel.

Justo María Chávez Aguilar tenía su trabajo en ese sitio. Partidario oculto del movimiento emancipador, al ver al cura Hidalgo allí le hizo sentir muy triste. Al apenas tener la oportunidad le pudo dar directamente en las manos del sacerdote un rosario sevillano de carey con una cruz de oro. Don Miguel llegó a conmoverse agradeciéndole el gesto.

Por numerosos días Justo María acudió  a ver al prisionero y siempre lo conseguía haciendo lo mismo: en plegaria, sustentando el rosario entre sus manos y con un semblante de paz, sereno, a pesar del sufrimiento que le ocasiona saber que sus acompañantes iban siendo pasados por las armas al transcurrir de los días.

Cierto domingo, previo al fusilamiento del dirigente del movimiento, Justo pudo reunirse con él por última oportunidad y le obsequió unos dulces. A Miguel Hidalgo y Costilla se le fusiló el lunes 30 de julio de 1811; cortaron su cabeza y el restante de su cuerpo fue sepultado en una modesta capilla de San Antonio de Padua.

Por muchos años el rosario de Sevilla fue poseído por diferentes clérigos, hasta que fue parte del Archivo Histórico del Estado de Chihuahua y ahí permaneció, hasta perderse en un incendio acontecido en 1940.

En esas idas y venidas, se narra que en el sitio donde reposan los restos mortales del clérigo hasta 1823, se estableció años después una panadería, la “Espiga de Oro”. El panadero encargado contaba que cuando era niño observaba salir del templo de San Francisco una luctuosa sotana negra de un cura descabezado, que se desplazaba lentamente por las calles y traspasaba las paredes, en compañía de una brisa fría y potente que inquietaba a los animales de las proximidades.

Ésa es una de las leyendas de México enraizada entre los pobladores del lugar, que parece prolongar la existencia de un hombre por mucho tiempo tras haber sido fusilado.

Leyendas de México El Jinete Desconocido

Queda claro que no todos los mitos y leyendas breves son resultado de hechos aislados o están vinculados con cuestiones de terror. El siguiente es un relato, parte de las leyendas de México, que es compartido en un pueblecillo de nombre San Jacinto.

Un día, Inés, la más chica de las hijas de don Fermín vino a enfermarse de repente. El doctor del pueblo fue velozmente a su casa, más su presencia no fue de gran ayuda, ya que el medicamento que se necesitaba sólo se podía conseguir en la farmacia de la capital.

– No importa doctorcito. Ya mismo voy a buscarlo. Afirmó don Fermín.

– Sí, la niña requieres esa medicina antes de 12 horas, ya que si no se le proporciona la dosis en ese tiempo puede perecer. Señaló el galeno.

Don Fermín alistó su caballo y se fue a pleno galope con la esperanza de retornar a tiempo. Nadie hubiese imaginado que apenas dos horas luego de su partida, se desencadenaría en esa zona un aguacero que sólo se puede comparar con los destrozos que puede provocar una tormenta tropical.

El agua causó el desborde de los ríos, lo que provocó que los caminos de tierra se tornan en verdaderos fangales. Al darse cuenta de eso, don Fermín no dejaba de pensar en lo mismo:

– ¿Qué puedo hacer ahora? Las patas del caballo se atascan en el fango y no puedo adelantar nada.

Súbitamente, de entre la niebla emergió la figura de un jinete de gran estatura y fornido quien le interrogó:

– Eres tu don Fermín ¿verdad?

– Sí, ¿qué se le antoja?

– No nada, lo que ocurre es que me di cuenta quien era y quise acercarme para saludarlo directamente. ¿Le acontece algo? Lo noto inquieto.

– Tengo que estar en San Jacinto en menos de tres horas y no lo veo posible con este tempestad. Estoy preocupado por la vida de mi hija, ya que debo conseguir esta medicina.

– Si quiere entréguemela, yo voy en esa dirección.

– ¡No, cómo puede llegar usted, si le he dicho que los caminos están anegados!

– Mi caballo ha podido pasar por peores trayectos sin problema.

Debido a su elevado grado de angustia, don Fermín estuvo de acuerdo con la proposición del jinete.

Luego de un par de días fue que pudo retornar a su casa aguardando lo peor. No obstante, quien le recibió en la puerta por su propia hija quien ya había sanado.

– Hola papi. Hace dos días tocaron a la puerta y al abrirla, no se encontró con nadie. Solamente estaba recostado sobre una maceta un envoltorio donde estaba contenida la medicina. No hubo quien explicara lo acontecido, más don Fermín si llego a saber que todo ello había sido un verdadero milagro.

El Puente del Ciego

Para el año de 1856, Duarte de Zarraza, noble portugués de grata presencia, llegó a conocer a doña Margarita Jáuregui, ya en edad núbil, en un festejo virreinal y la galanteó hasta convertirse en novios. Ella estaba protegida por su tío, el sacerdote Don Juan de Nava, quien averiguó la vida del caballero portugués, y encontró que llevaba una existencia derrochadora, colmado de deudas y se había desposado con dos mujeres.

Así que le denegó a su sobrina continuar con dicho noviazgo, pero ella no le quiso hacer caso para llevar un romance escondido. Al noble portugués igualmente se lo prohibió, ni aproximarse a la casa ni al puente aledaño. Ya que el sacerdote siempre fue contrario  al romance, Duarte tuvo anhelos de matarla de amor.

Cierto día Duarte fue al hogar de su querida para convencerla de huir, y para desposarse, pero súbitamente observó a don Juan transitando por el puente. Duarte, ya furioso, se acercó al puente, tuvo una discusión con el sacerdote hasta que, fuera de control, con excesiva fuerza le incrusta un puñal en su frente. Aquel se desplomó ya muerto y Duarte lo arrojó al agua. Ya que muchos conocían del desacuerdo del sacerdote, Duarte tuvo que ocultarse por casi un año.

Cierta noche retornó por Doña Margarita y para poder arribar a su casa tuvo que atravesar por aquel puente. A la próxima mañana fue hallado muerto, con una gesto de terror, ahorcado por un esqueleto desaseado, ataviado con una sotana hecha harapos, que llevaba clavado un puñal en el cráneo, evidentemente era el sacerdote que vino a vengarse de Don Duarte.

Ya previamente, motivado a esta, una de las leyendas de México, al puente y a la calle que más adelante se hizo, se le nombró «La Calle vieja», para más luego renombrarlo como «7a. y 8a. de Allende».

Leyendas de México Regionales

Conocida la variedad de razas originarias de este país, cada región ha desarrollado sus propias leyendas, las cuales igualmente califican como leyendas de México.

Jalisco. El Árbol del Vampiro

La leyenda cuenta que a la Guadalajara colonial arribó un hombre de gran riqueza proveniente de Europa, quien todas las noches hacia sus salidas ataviado de negro y con una actitud enigmática. Le llamaban Don Jorge.

En cada oportunidad que salía se encontraban animales muertos, pero éstos comenzaron a convertirse en humanos. La gente espantada resolvió salir para buscar al autor, cuando, en las proximidades del Panteón de Belén, se oyeron gritos. Era Don Jorge, acometiendo con la boca el cuello de otro hombre.

La gente comenzó a perseguirlo, pero él pudo evadirse, así que el sacerdote de Guadalajara fue a buscarlo a su hacienda, para practicarle un exorcismo. El Vampiro prometió vengarse de todos, al momento que alguien le incrustaba una estaca en el pecho.

Al perecer, lo sepultaron en el mismo Panteón de Belén. Pero lo raro aconteció cuando un árbol comenzó a crecer justo por arriba de la lápida de Don Jorge, la cual luego se quebró. La leyenda narra que en la fecha en que el árbol sea derribado o que las raíces partan completamente la lápida, Don Jorge, el vampiro, retornara para vengase.

Leyendas de México. El Fantasma de la Monja.

María de Ávila, fue una mujer que existió en el siglo XVI, la cual se encariño de un mestizo de apellido Arrutia, el cual quería desposarse con ella por su riqueza y posición social.

Daniel y Alfonso, quienes era hermanos de María,  llegaron a enterarse de lo que estaba aconteciendo y se negaron de manera rotunda a que esa boda se efectuará, así que le fue prohibido a Arrutia visitar a María. Al inicio él se rehusó, pero los hermanos le hicieron una oferta monetaria que él admitió para retirarse.

Se fue sin explicación alguna a María, quien se hundió en una gran depresión. Por dos años la sufre, hasta que sus hermanos resolvieron recluirla en el Antiguo Convento de la Concepción, en el cual pasaba su tiempo orando rezando e implorando por él.

Cierto día, no pudo soportar más el penar y se estranguló en un árbol de duraznos en el jardín del convento. La sepultaron en el mismo lugar y un mes luego de su muerte, su espíritu comenzó a salir por las noches, mostrándose reflejada en las aguas del convento al verse el rostro alguna de las novicias o monjas. A partir de entonces se restringió la salida de todas ellas al jardín al anochecer.

La leyenda dice que como no podía aguantar estar sin su adorado, ya fallecida salió en su busca y lo asesinó para estar con él aunque fuese en el más allá.

Veracruz. La Mulata

Dicen que muchos años atrás, en Córdoba, vivió una mujer enigmática, ya que moraba distanciada del trato social y no se llego a saber de su procedencia. Se cuenta que era huraña ya que su hermosura era tanta que al salir a la calle, era víctima de comentarios. Era conocida igualmente ya que empleaba hierbas para hacer sanaciones maravillosas y por vaticinar eventos naturales, como terremotos y hasta por maquinar tormentas.

Esa celebridad comenzó a preocupar a los pobladores de Córdova, los cuales empezaron a acusar de bruja. Todos lucían empecinados con ella, pero el alcalde era él que más. Su llamaba Martín de Ocaña, un hombre mayor de edad quien le declaró su amor y le brindó hasta “las perlas de la virgen”, con la finalidad de que ella se quedara con él, pero la mulata no estuvo de acuerdo.

Don Martín, desengañado y enfadado, la culpó de haberle hecho tomar un brebaje para que perdiese la razón. La mulata, de modo obligado, fue trasladada a la  Fortaleza de San Juan de Ulúa, en la cual se le juzgó y sentenció a perecer quemada en leña verde delante de todo el pueblo.

Al tanto aguardaba por su castigo, pudo persuadir al centinela para que le obsequiara un gis (arcilla). Él no se pudo aguantar y se lo hizo llegar. La mulata comenzó a pintar en los muros de su celda una embarcación con las velas abiertas que se balanceaba sobre las olas del mar.

Lo pintado era una pieza de arte que generaba perplejidad en cualquiera. Fue en ese momento en el cual la mulata interrogó: ¿Qué es lo que consideras que le falta al barco? A lo que el centinela respondió: Navegar… Fue cuando ella le exclamó: Pues ve cómo navega… La mulata pudo saltar y abordó el barco, diciéndole adiós del hombre que la cuidaba, quien sólo pudo ver todo con asombro, el barco se alejó al horizonte que ella pintó.

Guanajuato. El Callejón del Beso

Todos lo conocen ya que apenas cuenta con 68 centímetros de amplitud, por lo que los balcones de las viviendas están muy pegados. El relato de este sitio nació del amor limitado de un par de enamorados, Carlos y Ana, quienes se reunían a escondidas en uno de sus balcones, para dar evidencia de su amor.

Cierto día, el progenitor de ella llegó a descubrirlos y se resistió completamente a ese amor, tanto que llegó a matar, en el mismo lugar al pretendiente.

Otra interpretación de la leyenda señala que a quien asesinaron fue a Doña Ana, quien falleció luego de que su padre le clavó una daga por la espalda. Don Carlos, al ver el fallecimiento inminente de su querida, le dio un beso en su mano aún tibia, de ahí al parecer proviene el nombre de este sitio.

En la actualidad se dice que las parejas que se besen en el tercer escalón, tienen por seguro 7 años de felicidad. Es una ceremonia obligada para las parejas visitantes de Guanajuato.

Michoacán. La Mano de la Reja

Se narra que en la localidad de Morelia, en la calzada de San Diego, hay una vivienda en la cual llegó a residir Don Juan Núñez de Castro con su cónyuge Doña Margarita Estrada y su solitaria hija, Leonor, pero sólo de Don Juan, ya que Margarita era su mas reciente cónyuge. Mujer que continuamente hacia humillar a Leonor, quien contaba con una belleza sin parangón.

Cierto día, a Morelia, previamente Valladolid, arribó un noble de la corte del Virrey, quien en una caminata llegó a conocer a Leonor y se encariño, solicitando autorización para cortejarla. Ella admitió y se contemplaron en una ventanilla del sótano de la casa, en la cual Leonor dormía ya que su madrastra no quería que exhibiera su belleza en cualquier lugar.

Así transcurrieron los días de romance, hasta que Doña Margarita los descubrió y clausuró toda ventana, prohibiéndoles la comunicación. Pero él no estaba al tanto de lo que pasaba ya que salió urgido por asuntos del reino. Nadie sabía del encierro de Leonor. Los días avanzaron y ella proseguía confinada.

Estuvo en busca de comida para conservarse bien para su amado, mostraba una mano por la ventanilla para pedir limosna. La gente ya comentaba de la mano que surgía por la reja, aun así Doña Margarita se había hecho responsable de eliminar los rumores.

El enamorado, tras un largo viaje, retornó en busca de Leonor. Al llegar a casa, se consiguió con el padre, quien ordenó buscarla. Fue así que la consiguieron ya fallecida. A su gran amor, la hizo enterrar ataviada de novia y tanto Doña Margarita, como su progenitor y los criados, fueron mandados a prisión.

Se comenta que ahora, en la ventanilla del sótano se puede ver una mano pálida y sin carnes que ruega por caridad exclamando: “Un trozo de pan por el amor de Dios…”.

Zacatecas. La Piedra Negra.

Dos codiciosos amigos Misael Galán y Gildardo Higinio, resolvieron que querían convertirse en ricos y marcharon en busca de una mina, que se hallaba por la cordillera que divide al municipio de Vetagrande de la capital Zacatecana.

Por cinco días estuvieron de exploración, hasta que consiguieron una cueva de aspecto singular, a la que se aproximaron y en la cual hallaron una roca luminosa cuasi enterrada. Lo que más atrajo su atención para ponerse a excavar en las proximidades de ella, era que creían que era oro.

Pudieron extraer la roca y se pusieron a reposar. Al próximo día, los jóvenes fueron hallados muertos. El documento de defunción dice que sus vidas se perdieron por una riña entre ellos mismo. Se dice que fue la codicia la que terminó con ellos, ya que al final la piedra no tenía valor alguno.

La gente dice que quien se consigue con ella, se torna agresivo y agrede sin motivo aparente. Y es que la piedra es útil para sacar filo a los cuchillos, lo que muchos realizaron, antes de convertirse en criaturas violentas. Ante la anárquica situación, se resolvió que la roca fuera puesta lejos del alcance humano, exactamente en lo más elevado de un muro posterior de la catedral Zacatecas, debajo de la campana menor.

Oaxaca. La Princesa Donají

El soberano Zapoteca Cosijoeza y la reina Coyolicaltzin, engendraron un hijo de nombre Cosijopi, a quien enviaron a regir el Istmo de Tehuantepec, en el cual concibió tuvo una hija denominada Donají.

En aquellos tiempos, había conflictos entre los zapotecas y los Mixtecos, los cuales cogieron a la princesa como rehén de paz. Empero cuando se vieron bajo amenaza , le quitaron la cabeza. Jamás se dijo dónde había escondido la cabeza. De ahí proviene  la duda: ¿dónde se encuentra la princesa Donají?

Le leyenda relata que un pastor se hallaba atendiendo sus animales en lo que hoy es conocido como San Agustín de las Juntas (próximo al aeropuerto internacional de Oaxaca), cuando halló un lirio silvestre, flor que es conocida como Azucena, el cual resolvió  desprender de raíz.

Al instante de excavar, notó que había una oreja para luego observar la cabeza humana totalmente, que se cuenta que permanecía inalterada. Fue la princesa Donají su cabeza y su cuerpo se unieron y fueron trasladados al templo de Cuilapam.

Guerrero. La Leyenda del Candil

Narra esta, una de las leyendas de México, que todo esto aconteció en la Costa Grande de Guerrero. Una mujer había reunido sus monedas de oro para ir de visita con el papa al Vaticano. En ese tiempo, no había suficientes transportes y la mujer debía andar por la orilla de la playa hasta arribar a Acapulco; le tomaría un día y medio.

El día de su salida había llegado y fue como a las 4 de la mañana, sin luna en el firmamento, que partió teniendo como guía la espuma marina y un candil de petróleo. Pero no ocurrieron las cosas como las había planeado, ya que cuando iba andando, unos hombres le robaron y la asesinaron. La mujer no alcanzó su misión y se dice que actualmente se pasea por el litoral con un candil. Esto aconteció entre Carrizal y Mitla. A continuación le dejamos algunos enlaces de su interés:

(Visited 139 times, 1 visits today)

Deja un comentario