Los Mitos y Leyendas del Ecuador, más conocidos

En este artículo, daremos a conocer al lector sobre los diferentes mitos y leyendas del Ecuador, más populares y conocidos, se tratan de relatos de historias de los ancestros, así como experiencias y vivencias de los pobladores, que han sido transmitidas de generación en generación, y que en la actualidad se mantienen vigentes.

Leyendas del Ecuador

Leyendas del Ecuador más interesantes

Las leyendas de Ecuador, se refieren a un cúmulo de fábulas populares que se han transmitido de generación en generación, desde la conquista de esas tierras por parte de los españoles.

Estas interesantes leyendas ecuatorianas, forman parte de una ficción, sin apartarse de la propia cultura sudamericana.

A continuación les mostraremos algunas leyendas que han sido difundidas entre los pobladores, y que a pesar, con el transcurrir del tiempo, continúan presentes en la cultura de Ecuador.

Leyenda de Cantuña 

Cuenta la tradición ecuatoriana, sobre la leyenda de Cantuña, se trata de un astuto indígena muy conocido en su pueblo, y para ese entonces, los religiosos franciscanos que habitaban en Ecuador, lo buscaron para pedirle que construyera una iglesia católica en la capital Quito.

El emprendedor y astuto Cantuña, estuvo de acuerdo y contrataron armónicamente para edificar la iglesia, la que prometió que estaría concluido en un término de 6 meses.

Leyendas del Ecuador

El indígena, para continuar con sus planes de construcción, propuso una sola condición, que una vez que la construcción la entregará, le deberían de entregar una gran suma de dinero. Los religiosos franciscanos, no titubearon a la solicitud de Cartuña, aceptando el acuerdo; sin embargo, éstos pensaban que a pesar que contaba con el apoyo de otros trabajadores en la construcción del templo, no estaría listo para el tiempo que lo había prometido.

De manera que, fue transcurriendo el tiempo y habían pasado cinco meses, y la construcción no avanzaba, estaba estancada. Cantuña, al observar que el tiempo ya estaba alcanzando, entró en un estado de angustia y desesperación, se le ocurrió a su ágil mente, pactar con el diablo, y a cambio le entregaba su alma, con tal y lo ayudará a construir el templo en el tiempo planificado.

Por su puesto, que el diablo le entusiasmó la idea, y aceptó, a lo que llevó a muchos demonios del inframundo a trabajar fuertemente en la construcción, a cambio de lograr llevar el alma del indígena a los umbrales del infierno.

Una vez que Cartuña, observa que el majestuoso templo está por concluir, tiene la idea de planificar qué hacer para no entregar su alma al demonio. Se fue al espacio, donde estaban las piedras y lajas, empleadas para edificar uno de los muros que resguardaban el templo, y tomó una de éstas y escribió lo siguiente: “Aquel que coloque esta piedra en su lugar, está reconociendo eficazmente que Dios es mucho para poderoso y fuerte que él”.

En el transcurso de dos días, el demonio sin querer agarro la piedra y mientras que la tuvo en sus manos, leyó lo que tenía plasmada la piedra, acto seguido ordenó a todos sus trabajadores que se devolvieran en su compañía, sin tiempo que esperar, al infierno.

Según lo planeado y la astucia de Cartuña, logró salvar su alma, y la construcción del templo, los religiosos franciscanos, debieron de cumplir con el pago de las monedas según el contrato acordado.

Leyenda del Ecuador la dama tapada

Cuenta la leyenda de la dama tapada, que para muchos la confunden con la “llorona”, sin embargo, se trata de dos fabulas diferentes.

La historia ecuatoriana de la dama tapada, se trata de una muchacha con cuerpo delgado, pero ninguna persona le puede ver su cara, debido a que lo lleva oculto bajo un manto. La vestimenta de esta dama, es elegante y lleva en sus manos una sombrilla.

Cuentan los pobladores que esta deidad, al encontrarse cerca de un caballero que le agrada, su espíritu comienza a expeler un exquisito perfume que embriaga al hombre, de inmediato siente una fuerte atracción hacia ella, que va detrás de ella para alcanzarla.

Cuenta la leyenda, que el aroma que emana la dama tapada, es tan seductor que hechiza al hombre que lo olfatea, y de esta manera se va en su búsqueda. Por lo que la dama, dirige a la persona a lugares solitarios, donde no haya presencia de otras personas que lo puedan auxiliar.

Cuando están retirados y en medio de la soledad, la mujer con su atrayente aroma, se para de frente al hombre se revela su horrenda cara y en ese instante emana un olor putrefacto, parecido a los cuerpos en descomposición. El hombre queda impávido que su corazón se paraliza y deja de latir.

Cuenta la leyenda del Ecuador, que son pocos los hechizados por la dama tapada que han logrado salvar su vida, luego de haber sido víctimas de esta deidad. Sin embargo, muchos lugareños, consiguieron abandonar la zona de la montaña, regresaron a la civilización, pero, lamentablemente, algunos quedaron dementes, siendo recluidos en centros hospitalarios de salud mental, por el fuerte impacto que tuvieron al ver un rostro aterrador.

El padre Almeida 

Es una leyenda sobre un sacerdote, que disfrutaba de tomarse sus traguitos de aguardiente, especialmente en horas nocturnas, aquí su historia.

Era conocido como el padre Almeida, quien se escapaba por las noches del templo religioso, de una manera particular, se remontaba a la parte más alta de una torre, se dejaba descender hasta la calle, sin que nadie lo viera. De manera curiosa para subir a la cima de la torre, antes se tenía que parar sobre una estatua de Jesucristo, que posee un tamaño normal.

Siendo una noche, en una de sus escapadas, dispuesto a complacer su organismo de tan ansiado licor, se colocó sobre el brazo de la estatua de Jesucristo, y estando a escasos segundos para ir a divertirse, logro escuchar una voz que le exclamaba:

  • ¿Padre Almeida, cuándo llegará la última vez que te atrevas a hacer esto?

El religioso, pensó que la voz que le habló y él escuchó, había sido su imaginación, a lo que le respondió:

  • Hasta que tenga deseos de tomar otro trago.

Después, que el padre Almeida, pronuncia esas palabras, se va camino a la cantina secreta, en donde tomaba, y no abandonó el lugar hasta que estaba ingirió suficiente licor, y llegó a un estado de embriaguez, que no sabía lo que hacía.

El sacerdote, entre su borrachera, va por la calle tropezando con cuanto se le atraviesa a su paso, en eso se topa con una gran cantidad de personas que llevan un ataúd vía al campo santo. El ataúd accidentalmente, cae en el centro de la calle, con el fuerte impacto la tapa queda rota.

Por su puesto, que el padre Almeida, se acerca, y sus ojos no podían creer lo que veían, para su asombro el cadáver del hombre que estaba dentro del féretro era el mismo.

Ante semejante hallazgo, de inmediato estuvo sobrio, se fue al templo y le prometió de rodillas al Cristo, que estaba en la torre, que jamás bebería ni siquiera una gota de vino. A partir de ese momento, los pobladores, atestiguan que el rostro de la imagen, se transformó de una manera, que en la actualidad se le nota una sonrisa de alegría, pues una de sus ovejas descarriadas, regreso a cuidar al templo.

La Bella Aurora 

Es una leyenda de Ecuador, que se desarrolla en la ciudad de Quito, se refiere a una espectacular y hermosa joven, que se conocía como Aurora o Bella Aurora.

La Bella Aurora, era una joven que había nacido y criada en el seno de una familia con fortuna, con unos padres prestigiosos en la sociedad ecuatoriana. La vida de este linaje se desarrollaba sin ningún tropiezo y nada de qué preocuparse, tenían todo lo necesario para cumplir sus actividades con tranquilidad.

La majestuosa y Bella Aurora, gozaba de tener muchos admiradores que deseaban conquistar su amor. Al extremo, que la hermosa joven, podía darse el lujo de desatender a la gran parte de los jóvenes del pueblo, porque era exigente, y no anhelaba contraer matrimonio con alguien que no fuera de sus estatus social y económico.

Siendo un día domingo por la tarde, la joven Bella Aurora, se dirigió a disfrutar de las corridas de toro, que se llevaban a cabo en la Plaza Independencia. La fiesta taurina, se desarrollaba con tranquilidad, mientras que todos los asistentes se divertían grandemente, hasta el momento, que de manera sorpresiva llegó al ruedo, un gigante toro con su pelaje de color negro brillante, con sus dos ojos simulando unas bolas de fuego, y por su nariz brotaba un candente vapor y de su boca un enorme rugir con algo de espuma blanca.

El enigmático y fuerte animal, corrió en estampida hasta el lugar donde se hallaba sentada la Bella Aurora, y embistió con una fuerte mirada fija, de inmediato la hermosa joven perdió el conocimiento.

Acto seguido, los padres de la joven, se la llevaron sin conocimiento a su casa, para que descansara en su lecho, y recobrar energías y el conocimiento. Luego de reposar por varias horas, la Bella Aurora, despertó y al abrir sus ojos, escuchó un impacto estruendoso, una las paredes de su habitación quedó destruida, convertida en escombros. Nada más y nada menos, se trataba de aquel enorme toro de pelaje negro, que llegó de sorpresa a la plaza taurina, quien le siguió las huellas de la hermosa joven.

La Bella Aurora, ante semejante situación, trato de gritar y salir corriendo del lugar, pero lamentablemente, ni su voz ni sus piernas respondió a su necesidad. El brutal animal, embistió con un furor y violencia sin control, que le arrancó la vida en segundos.

Sus padres corrieron a la habitación de su amada hija, pero, tristemente no encontraron la bestia, sólo permanecía en suelo el cuerpo pálido y frío de su hija que había fallecido.

El gallo de la catedral 

Es una leyenda corta que se llevó a cabo en la ciudad de Quito, capital de Ecuador. Cuenta la historia, que había un hombre a quien lo llamaban Don Ramón Ayala y Sandoval, era un caballero con gran fortuna, que le gustaba disfrutar de la vida y diversión nocturna.

Un hombre con muchos gustos para divertirse, entre los que le fascinaba tocar la guitarra, y tomar licor junto a sus amigos. Se cuenta, que siempre mantenía que su corazón y amor le pertenecía a una joven llamada Mariana, quien habitaba próximo a su hacienda.

La vida del hacendado Don Ramón, a pesar que tenía mucho dinero, era rutinaria, acostumbraba a levantarse a las seis de la mañana y tomaba su desayuno. En el almuerzo degustaba de carne asada, con papas y huevos fritos, y como bebida una taza caliente de chocolate espeso y espumoso.

Después que se alimentaba, acudía a la biblioteca, donde pasaba ratos leyendo de sus favoritas literaturas, acto seguido pasaba a su habitación donde tomaba su acostumbrada siesta.

Al sentirse descansado producto de su siesta, tomaba un baño para alistarse y salir de su casa en horas de la tarde. El hacendado, caminaba todas las calles de la zona, hasta que finalmente, llegaba a la tienda de vino donde se encontraba Mariana, apodada la Chola.

Don Ramón, con unos cuantos tragos de licor en su organismo, esa noche se tropieza con un fallo de pelea, a quien desafió a un reto. Por su puesto, que el gallo aceptó cordialmente, la provocación, y sin más razón le surtió un picotazo en su cabeza. El millonario y desafiante hombre, sintió miedo y se asustó mucho, que le rogó perdón al gallo, a lo que le contesto sin mucho pensar:

  • No vuelvas a beber licor, porque, si lo vuelves hacer de nuevo, no tendré piedad de ti y te mataré.

Por su puesto, que Don Ramón cumplió fielmente su promesa, que le había dicho al gallo de pelea. De esta manera, permaneció por muchos años, sin tomar ni una gota de licor, un buen día, uno de sus amigos lo convido a un compartir, que no pudo decir que no, y volvió a saciar su sed de ingerir licor. Luego, de este acontecimiento, no se conoció que sucedió con Don Ramón, nunca más lo volvieron a ver.

Leyenda de Mariangula 

La leyenda de María Angula, es considerada por muchos, como una historia de pánico. Cuentan que, había una adolescente con tan sólo 14 años de edad, su madre tenía la su actividad era vender tripa asada a la brasa.

Un buen día la madre de Mariangula, le pidió a su hija que fuera a buscar suficientes tripas, porque se le habían agotado y no tenía para la venta. Aunque, la muchacha tenía un carácter rebelde, no le obedeció al mandato de la madre y se quedó retozando con sus amigos.

Fue tanto el mal comportamiento de la muchacha, que el dinero que su madre le había entregado para para comprar las tripas, los gasto comprando golosinas y compartiendo con sus amigos. Pasadas unas horas, la muchacha reacciona de su actitud, llegando a pensar que su madre la castigaba fuertemente.

La muchacha, caminó a su casa, no podía dar pasos, por la incesante preocupación que la acompañaba, y estando muy cerca del cementerio municipal de Quito, decidió entrar y arrancarle las vísceras algunos cadáveres recién sepultados.

Se esperó hasta que llegará el ocaso, y puso en acción su escabroso plan, se dirigió a su casa y le entregó las tripas a su madre, y por supuesto su madre la dejó tranquila sin castigo. Las vísceras tuvieron mejor venta que la de otras.

Una vez que entra la noche, y Mariangula en la tranquilidad de su habitación, no se le apartaba de su mente aquel macabro hecho. De inmediato, la muchacha, sentía que golpeaban con fuerza la puerta principal de la casa. Para la joven, era algo que no era usual y le resultó extraño, eran las 12 de la noche, y los otros que estaban durmiendo no escucharon ni sintieron los embates en la puerta. Luego, una escalofriante voz comenzó a hacer eco dentro de la habitación de la muchacha que le decía:

“María Angula, devuélveme las vísceras que me arrancaste y robaste de en el sepulcro”. En cada instante, la voz cobraba mayor fuerza en la habitación de la muchacha, y escuchaba con exactitud pasos en las escaleras que se dirigían a su habitación.

Aterrorizada, por los lamentos de los espíritus, la muchacha sé que le ocurrió en ese instante, fue sacar unas tijeras que tenía guardas en un cajón, se abrió el estómago para extraer sus vísceras y pagar su deuda. Al día siguiente por la mañana, la madre de la joven María Angula, encontró su cuerpo sin vida sobre su cama.

La caja ronca 

Es una leyenda que se narra en Ecuador, y cuentan que sucedió hace muchos años en la ciudad de San Miguel de Ibarra, donde vivían dos muchachos amigos, uno de nombre Carlos y el otro llamado Manuel.

Un buen día por la mañana, a tempranas horas, el padre de Carlos, les rogó que antes de fueran a jugar, les regará, las plantas que tenía sembradas en el jardín, porque era época de verano y no llovía, las planas se estaban marchitando.

Así fue, los muchachos obedecieron al padre de Carlos, pero no le dieron importancia, y no regaron las plantas, se dedicaron a retozar en el campo. Al llegar la noche, Carlos recordó de lo que su padre les había pedido, y enseguida se dirige hacia Miguel:

  • Miguel, la noche está muy oscura, tengo miedo, ¿me acompañas a regar las plantas?
  • Por supuesto, que sí, vamos a echarle agua a las plantas de una vez.

El jardín era grande que rodeaba toda la casa, y en la parte trasera, donde se encontraban para regar las plantas, comenzaron a escuchar una cantidad de voces extrañas como si hablaran en otro lenguaje, tal como si estuvieran rezando en una procesión llena de gente.

Ante lo desconocido, y atemorizados, se esconden detrás de un arbusto, y observan que van una fila de personas, que parecían que flotaban en el aire. No se les veía el rostro, lo tenían tapado con una capucha, y todos llevan en su mano una vela larga y sin encender.

Al terminar la procesión de criaturas encapuchadas, prosiguió una carroza que era conducida por una criatura espantosa, que en su cabeza lucía un par de cuernos afilados, y los dientes grandes, gruesos y afilados como una lanza.

Es entonces, en ese preciso instante, que Carlos, se le viene a la memoria de una leyenda ecuatoriana, que contaba su abuelo sobre una “caja ronca”, la narrativa del anciano, sobre los entes que escoltaban a esta mítica caja, era cabalmente a las criaturas que había visto.

Los muchachos, fueron embriagados por un fuerte temor, que enseguida se quedaron sin conocimiento. Luego, al volver en sí, se dieron cuenta que ellos también llevan consigo una vela larga de color blanco, lo que hacía la diferencia es que era de hueso de difunto y no de cera.

Muy aterrorizados, la arrojaron y se fueron corriendo cada quien a su propia casa. A partir de ese momento, más nunca volvieron a la calle por las noches, y menos de burlarse de las leyendas y mitos que contaban sus ancestros sobre las zonas adyacentes a la capital de Ecuador.

La Capa del Estudiante 

Es una leyenda curiosa como todas las fábulas, comienza la historia, al reunirse unos cuantos estudiantes para prepararse y presentar los exámenes finales del año en curso. Uno de estos estudiantes, de nombre Juan, sus pensamientos eran ocupados por otros intereses, estaba angustiado porque sus botas de vestir estaban deterioradas y antiguas, además no contaba con mucho dinero para comprarse unas botas nuevas.

Juan, era un joven presumido, que le gustaba asistir a sus exámenes con buena vestimenta y elegante, pero en ese momento, no tenía un buen par de zapatos, y le preocupaba su presencia. Sus compañeros, le sugirieron que empeñara su capa, y con el dinero comprara unas botas modernas y nuevas.

Juan, no se sintió muy atraído con la propuesta de sus amigos, conversó con sus amigos, quienes acordaron otorgarle en dinero en calidad de préstamo, solo con una condición:

Tendría la obligación de asistir al cementerio de “El Tejar”, y buscar la tumba de una joven que había fallecido porque se quitó la vida hacia unos pocos días. Al ubicar la lápida, debería de clavar solamente un clavo en la tumba.

Muchos desconocen, que aquella joven enterrada en esa tumba, había sido la novia de Juan. Lamentablemente, tomó la decisión de quitarse la vida, cuando se enteró que su amado novio le fue infiel.

El joven, no estaba decidido en visitar la tumba, porque no quería recordar el pasado. Sin embargo, la necesidad del dinero lo llevó a acudir a la cita nefasta. Brincó la reja del camposanto, y con velocidad fue directo al sarcófago de la joven. Entonces, de uno de los bolsillos de su pantalón sacó un pequeño y fuerte martillo un clavo, que procedió a clavar de inmediato.

El joven, instintivamente, cada martillazo que le daba al clavo, actuaba como si pidiera perdón a la joven fallecida, por el dolor y pena que le había generado. Una vez que termina su tarea en la tumba de la joven, Juan, decide regresar con sus amigos para mostrarles el cumplimiento de su labor, pero al mismo tiempo sentía que algo lo paralizaba.

Por la mañana del siguiente día, sus compañeros quienes aguardaban su presencia, les extrañó que no regresaba, se fueron al camposanto a visitar la tumba de la muchacha, para averiguar qué le ocurría a su amigo Juan.

Así fue, en pocos minutos llegaron al sarcófago de la joven, y sorpresivamente se encontraron con el cuerpo de su amigo quien estaba muerto al lado de la tumba. Lo que más llama la atención, es que la capa del estudiante estaba intacto, pero clavada en la tapa del féretro. La muerte de Juan, es un acontecimiento extraño, ninguna otra persona vio ni escuchó ningún llamado ni murmullo.

El Huiña Güilli de Bolívar

Es una leyenda propia de las poblaciones de Ecuador, se trata de un jugador empedernido de nombre José. A este hombre, tenía gran experiencia como jugador y apostador de cargas, así como acostumbraba hacer trampas a sus opositores.

Una noche, luego de un fructífero juego de cartas, salió de la tasca con los bolsillos abarrotados de monedas. Los pobladores, cansados de los acostumbrados fraudes de José le entregaron un recipiente de cristal lleno de luciérnagas, con la intención que todos los pobladores visualizarán cuando llegaba al pueblo, y les diera tiempo de resguardarse dentro de sus casas para no tropezarse con su presencia.

En el andar por la quebrada conocida como las Lajas, comenzó a escuchar el llanto de un bebé recién nacido. José, era una persona que le daba igual el padecimiento y dolor del ser humano. Sin embargo, el continuo gemido del niño, era tan insistente que no aguanto, y se dedicó a buscarlo a donde estaba para auxiliarlo.

Cuando descendía por la montaña, se le cayó el frasco donde llevaba las luciérnagas, y quedó en absoluta oscuridad. Pero, no le impidió continuar hasta donde estaba el recién nacido, lo tomó y le cubrió su frágil cuerpecito con su capa, y a partir de ese instante el niño paró de llorar

De regreso a su casa, José nota, que donde llevaba abrazado al bebe se empezo a calentar demasiado y muy fuerte, lo que hace que se quite al niño de encima, lo coloca en el suelo, es tanto, que sintió como si un clavo filoso se le clavó en la barriga. A lo que escuchó una fuerte y clara voz que le exclamaba:

  • “…te tengo, ahora eres mío y de destrozaré”

José entre el susto y tartamudo del miedo que se apoderó de él, le respondió:

  • ¿Por qué? Sí, no te he hecho nada malo, sólo te busque para salvar tu vida.
  • La espantosa criatura, le contestó: eres una persona avara y egoísta, y quienes son como tú, no merecen vivir sino estar muertos.

El hombre temblando de terror, le ruega que lo deje tranquilo y le suplica que lo deje vivo, en eso pierde el conocimiento y se desmaya. El siguiente día, lo despiertan los rayos solares de la mañana. Una vez que se levanta del piso, vuelve a escuchar el incesante llanto de aquel inocente bebé.

El experto jugador de cartas, comprendió que no era un sueño, y menos una pesadilla, ni ofuscamientos producto del licor. A causa de este hecho, promete que jamás volvería a ingerir bebidas alcohólicas, y que se portará bien de ahora en adelante y ayudaría al prójimo.

Leyendas Ecuatorianas Cortas para Niños 

Las leyendas del Ecuador cortas para infantes, se trata de cuentos que se conjugan con situaciones de la cultura popular y acontecimientos de la propia historia. En épocas antiguas, estas leyendas se contaban y pasaban de generación en generación de una forma verbal.

Con el pasar del tiempo, y la llegada de la tecnología, las narraciones se expandieron popularmente con imágenes y otras herramientas, lo que permitió que fueran conocidas por muchas personas. Sin más que esperar, vamos a dar a conocer muchas de ellas, entre las que se pueden describir las siguientes:

El Tsáchila que se convirtió en Sol 

Al hablar de los Tsáchila, se debe dar a conocer que se trata de un grupo de indígenas de Ecuador, que se instalaron especialmente en el territorio de Santo Domingo de los Colorados.

El significado de este vocablo, lo que quiere decir es: “Gente verdadera”. Los vecinos los denominaron con el apodo de “Colorados”, porque antiguamente se pintaban el cabello con achiote, que es un pigmento de color rojo natural.

Una vez que lo incas, llegan al territorio conocido como Quito, se propusieron a conquistar esta zona. Sin embargo, los pobladores que habitan en este lugar, conocidos como la tribu Kitu-Kara, quienes tomaron la decisión de irse a otro territorio, porque no querían ser esclavizados.

Luego, de caminar por mucho tiempo y diferentes trayectos, llegaron a un nuevo territorio donde se instalaron y se enraizan para siempre. En este lugar, se desarrolló la leyenda del Tsáchila, que se transformó en Sol.

En esos tiempos, los ancianos tenían la habilidad de comunicarse con las aves, se pensaba que en el cielo habitaba un tigre gigante, que sólo prefería mostrarse cuando el firmamento estaba en absoluta oscuridad.

Cuenta la leyenda, que siendo una noche que el tigre estaba hambriento, abrió su enorme boca y de una sola mordida se engullo el sol, por lo que la tierra se quedó en plena oscuridad.

Los Tsáchilas, no concebían ni aceptan la situación, no estaban acostumbrados a vivir en penumbras continuamente, ya no tenían nada que comer. Los adivinos de la tribu, preocupados por lo sucedido, concluyeron que lo único que los salvaría era creando su propio sol para que les diera luz y calor.

Por lo que seleccionaron a un joven de cuerpo fuerte y enérgico, quien era progenitor de una madre soltera. Luego de un rito, la cara del mucho empezó a generar brillo, y su cuerpo empezó a elevarse.

Los pobladores, alegres y con mucho entusiasmo,  esa tarde se dirigieron a sus viviendas, con la firme convicción que por la mañana del día siguiente les resplandeciera un caluroso y hermoso sol.

Sin embargo, el firmamento continuaba como por tres días nublados y grises, pero, el cuarto día, el sol hizo su brillante aparición. Pero, ocurrió otra dificultad, la luz que emitía era tan fuerte que los pobladores estaban cegados y no salían de sus viviendas.

Entonces, los adivinos, observaron que la presencia del joven, transformado en el astro rey, alumbraba con los dos abiertos, y para evitar su fuerte resplandor debería de mantener un solo ojo abierto.

El más experto de todos los sabios, fue el responsable de arrojar una piedra para que le pegue a uno de los ojos del brillante joven, y así uno de estos permaneciera cerrado por siempre. La piedra, le llegó con tal exactitud, que a partir de ese momento los Tsáchilas y sus hijos pudieran continuar con su vida con toda normalidad.

La Tacona (También conocida como La Tacona de Esmeraldas) 

Esta leyenda propia de Ecuador, cuenta que se trata de una ciudad conocida con el nombre de La Tacona de Esmeraldas, donde en alguna oportunidad hábito una joven de cabellos largos y rubios, y una buena noche de luna llena decidió ir a pasear.

La joven rubia, mientras que andaba con su paso por una pequeña calle, un hombre se aproximó hacia ella, la agarró con fuerza y la llevó a una esquina del lugar para robarle un beso. Luego, de unas horas, la joven vuelve a su vivienda, con el traje rasgado y los ojos llorosos, se sentía angustiada por el susto que pasó. A lo que ingresó a su baño para lavarse el cabello, mientras que juraba, que ningún otro hombre abusaba de ella.

De su closet de ropa, extrajo un despampanante traje de color rojo que hacían juego con sus hermosas zapatillas, volvió a salir para ir a un lugar para beber algunos tragos, que la harina olvidar lo ocurrido con aquel hombre. Siendo una joven espectacularmente bella, no pasaba desapercibida, era seguida por la mirada de todos los hombres, admirando su hermosura, de pronto le asignaron el apodo de la “Tacona”, todo por los tacones altos de sus zapatos.

Un hombre se atreve a invitarla a bailar, y al concluir el baile, le plantea que lo acompañe hasta la orilla del mar, para conversar a solas con ella. La joven acepta la proposición, al estar en la playa, el hombre la abraza con fuerza por la cintura y trata de besarla a la fuerza.

Pero, antes de que labios rocen con los de la joven, observa que la joven se había convertido en un espantoso y frío cadáver. Cuenta la leyenda, que la hermosa dama, había un trato con la muerte, para vengarse de todo aquel que se le acercaba y deseaba hacer daño a una mujer.

Los hijos del padre Chimborazo 

Esta leyenda de los hijos del padre Chimborazo, nace en la sierra central del Ecuador. Narra la leyenda, que en tiempos de épocas antiguas, la Madre Tungurahua, culpaba a su esposo de no engendrar hijos blancos iguales a él. La mujer en venganza y llena de rabia, se dedicaba a escupir el lodo y la ceniza que burbujeaba en su vientre.

Mientras el padre Chimborazo, por su parte, estaba embriagado de compasión, amor y fertilidad, no aceptó que su esposa siguiera baboseandose.

De manera que, narra la leyenda, que una preciosa joven pasará por las orillas en busca de una de sus ovejas del rebaño que se había extraviado, que el Padre Chimborazo dejó escapar por los matorrales, entonces, ella se dirigió a su sembradío de plantas, encontró un hermoso, delicado y pequeño frijol de piel blanca.

Lo agarró con mucho cuidado y cariño, lo colocó ceñido en su cintura, entre la faja y su vientre materno. De esta manera se concibió la maravilla del Padre. El frágil frijolito, busco su propio sendero, y se implantó en la matriz de la muchacha.

A partir  de ese momento, se notaba que el vientre de la bella joven, comenzó a crecer diariamente, y mes a mes se abultaba sin poder ocultarlo, así pasaron nueve lunas, y finalmente dio a luz un lindo bebe con facciones parecidas al Padre Chimborazo, con el tono de piel blanca, los cabellos como hilos dorados, como si fuera un Apu de la Nieve. Fue considerado el primogénito del Padre Chimborazo.

El significado de Apu, se refiere a las deidades que viven en los cerros y montañas, son calificados como una fuerza constante, con la capacidad de poder, liderazgo y energía sobre las personas y cosas. Puede ser que este espíritu, sea masculino o femenino, lo que diferencia si es hombre o mujer, dependiendo a quien se le aparezca en el camino.

Los pobladores mantienen según la leyenda, que estos niños son primogénitos de la montaña. Por tal motivo, nuestros ancestros, tienen la creencia que el frijol abulta o inflama el vientre de una mujer. Muchos abuelos, le dan consejos a sus nietas y muchachas que no caminen por las orillas de las montañas, porque éstos procrean a las señoritas.

El misterio de la bocana del río Misahuallí

Esta leyenda, cuenta que a principios de la colonización del Oriente del Ecuador, en el naciente de la boca del río Misahuallí y fresco y transparente de la montaña, se instaló con su campamento un hombre de piel blanca, quien su actividad era explotar los arboles de caucho, que se encontraban en la cuenca del río Aguarico.

De esta manera, transcurrió el tiempo, hasta que llegó un nuevo inmigrante acompañado de su espectacular hija, quien con su belleza, encanto y conquistó el corazón del hombre cauchero.

El lugar, la playa, las aves, la flora y la fauna, fueron testigos del resurgir del amor y el romance aparecía en las riberas orientales. En virtud, que habitaban en pleno corazón de la montaña, por supuesto que no existía autoridad ninguna que pudiera legalizar la unión de la pareja, por lo que decidieron estrechar sus cuerpos y destinos, como testigo los tupidos y florecidos árboles de guaba.

Pero, como es sabido no solamente de amor vive el hombre, el cauchero se fue de viaje como otras veces al Aguarico, para recoger el fruto que brotaba de la planta de caucho, conocido como balata, que era recolectada por los hombres y se colocaba para la venta en los mercados de Iquitos.

La enamorada y hermosa joven, recordaba la cariñosa sonrisa que salían de los labios de su amado, mientras que caminaba en su soledad, a lo largo de la playa, al compás del sol del día, era una actividad diaria que hacía junto a su amor. Mientras tanto, el tiempo pasaba sin detenerse y sin clemencia, finalmente el cauchero nunca más regresó.

La hermosa mujer, arrebata de una incontable pena, se desvaneció un fatal día, tal como si se la hubiera tragado la tierra. Sus amistades y familiares, la buscaron con gran afán por todas partes, pero tristemente no tuvo éxito, el tiempo y las lágrimas se encargaron de borrar el sufrimiento de su desaparición.

Cuenta la leyenda, que los años pasaron, y la historia continuaba presente, siendo una mañana nublada y friolenta, mientras que unos indígenas pescaban en la zona, observaron a una hermosa mujer posada sobre una gran piedra al lado izquierdo del río, curiosamente, se dirigieron hacia ella, le preguntaron a donde habitaba, y esto solo mostró el agua, y se arrojó al arroyo sin salpicar una gota, ni se generó una onda al introducirse en el agua.

Los pobladores longevos, al escuchar lo sucedido, testificaron que se trataba del espíritu de aquella mujer que se desvaneció misteriosamente y no dejó huellas.

En la gigante piedra de color rojizo, y con una formación volcánica, que se encuentra ubicada en un recodo del río Misahuallí, continuamente se escuchan por las mañanas, una encantadora voz de mujer que emite canciones a su amor perdido.

En algunas ocasiones, ella se deja ver por los pescadores que van al río, pero, quienes asisten a propósito para encontrase con ella, jamás conseguirán verla.

La Boa y el Tigre

La leyenda, de la Boa y el Tigre, comienza vía camino a Misahuallí, a una distancia de 6 kilómetros de Puerto Napo, ubicado en la zona Latas, donde habitaba una familia indígena, que vivía de lavar oro en las orillas del río Napo.

Un buen día, la madre fue al río a lavar la ropa de toda la familia, la pequeña hija se divertía jugando plácidamente en la playa, la madre, estaba tan dedicada a su trabajo, que no se dio cuenta que la niña se acercaba sin temor a las aguas del río, especialmente en la parte más profunda.

Una corazonada de madre, la hizo levantar su mirada, era demasiado tarde, la infante, había sido arrastrada por la corriente de agua, solo se observaba su pequeña cabeza entre las crestas y espuma de las implacables aguas.

La madre, doblada del sufrimiento y dolor, se hinca de rodillas en la arena, e implora con su fuerte voz… yaya Dios!…yaya Dios”, Te ruego, salva a mi pequeña, y sorpresivamente, la inocente niña regresa en la boca de una gigantesca boa, que media aproximadamente catorce metros de largo, y la coloca sana sobre la arena, la mujer corre llorando y abraza a la niña, le sonríe a la boa en señal de agradecimiento.

A partir de ese día, la gigantesca boa se transforma en un miembro del grupo familiar, al extremo que cuando los padres se tenían que ir a trabajar, encargaba el enorme reptil para que cuidara de los infantes.

Un buen día, los padres se fueron a la montaña a buscar alimentos para la cena, la boa se distrajo en custodiar a los infantes como era su costumbre. El descuido del reptil, fue aprovechado por un gigantesco y famélico tigre, que llegó a la casa con malas intenciones.

Los niños, desesperados y en pánico, comenzaron a gritar con fuerte voz: “!yacuman amarul!, que traduce: boa del agua, el fiel y gran animal, al escuchar las voces de los infantes, salió a gran velocidad del río y se deslizaba con rápidamente, al ingresar a la casa, se apostó cerca de la puerta, para atrapar al malvado tigre que deseaba entrar silenciosamente a la habitación de sus queridos amigos.

Se propició una fuerte batalla entre los dos animales, la boa se enroscó en el cuerpo del tigre, pero los fuertes colmillos del sanguinario felino, y los anillos aplastantes del reptil, se trancaron fuertemente, mientras que el tigre le mordió la cabeza, y finalmente se sintió un rechinamiento de huesos rotos de los dos animales, que terminaron muertos en la entrada de la vivienda.

Al regresar los padres de los muchachos, agarraron los restos de su querida amiga boa, le hicieron un ritual, fue velada por dos días, y la sepultaron con todos los honores y rituales merecidos, que acostumbran hacer para los seres queridos.

Leyenda del Mirador natural Ilocullin

Cuenta la leyenda del Mirador natural Ilocullin, que cuando Dios, mandó el diluvio universal, se anegaron hasta la montañas. Las personas no tenían conocimiento de qué hacer. Muchas víctimas fallecieron ahogados.  Otros corrieron al Shikita Hurcu, montaña que existía en la región. Algunos acudieron a Ilocullín, una pequeña cima.

Los que se fueron al Shikita Hurcu, se burlaban de quienes se encontraban en la cima del Ilocullín. Pero, la risa les duró escasamente. El agua subía velozmente que alcanzó el nivel, y extrañamente el Ilocullín, también crecía a pasos agigantados.

El Shikita Horcu, desapareció junto con los indígenas que estaban montados en las copas de los árboles. El Ilocullín, se había transformado en una montaña muy alta, alcanzó una gigantesca altura, que su cima resaltaba de las aguas.

Una vez, que el diluvio se apacigua, el nivel del agua comienza a bajar hasta el Ilocullín, que cada instante se hacía más pequeño hasta lograr su tamaño normal. Se salvaron únicamente los indígenas que estaban en el Ilocullín, un cerro donde habitan las deidades y quienes se atreven a subir.

La Diosa Umiña

Cuenta la leyenda, sobre la diosa Umiña, que se trata de Los Mantas fueron politeístas. Cieza de León, afirma de una gran religiosidad. Se mantenían haciendo sacrificios humanos, mientras encendían inciensos en sus iglesias.

Tenían una diosa que poseía grandes poderes curativos, era una esmeralda de un tamaño parecido a un huevo de avestruz, a quien la bautizaron como “Umiña”.

Narra la historia, que la diosa Umiña, era ídolo de una gema esmeralda muy fina, su precio podía superar a todos los tesoros juntos que se encontraban en muchos santuarios. Se veneraba en una iglesia edificada en la isla de La Plata, donde acudían las personas enfermas provenientes de muchas partes.

Después, que el gran sacerdote, recibía el ofrecimiento que era oro, plata y gemas preciosas, realizaba sus suplicas rendido en la tierra, y luego que tomaba un pañuelo de color blanco y limpio a la Umiña, rozaba con el pañuelo la cabeza del enfermo.

Algunas personas enfermas consiguieron sanar, fue tan fuerte la popularidad que logro en los tiempos prehispánicos que inclusive desde Centroamérica, asistían enfermos buscando sanación. Pero, sucedió que con el arribo de los españoles, que llegaron con la intención de encontrar la piedra para robarla, mientras, que los indígenas la ocultaron de una forma que ese adorado tesoro, no ha sido posible encontrarlo.

La tunda se convierte en gallina

Cuenta la leyenda, que en el “juyungo”, existía un joven esmeraldeño, que fue enviado, siendo como las cinco de la tarde, hora para orar, a que recogiera algunas gallinas que andaban esparcidas por los entornos.

Repentinamente, una gallina de color blanco, llamó la atención del jovencito, “Chocho, jirón, jirón, vociferaba el muchacho, a la par que corría detrás de ella, para atraparla, pero, la arisca gallina lo fue dirigiendo hacia el bosque.

Al darse cuenta que el momento de regresar, era muy tarde, se encontraba perdido. Se trataba de un amasijo de pelos de lana que se había transformado la gallina.

La tunda, le tiene pavor a los perros, y con un ladrillo éstos, hace que se desaparezca, por lo que la familia y amigos del joven, se fueron a la montaña en compañía de muchos perros; y pasaron tres días hasta que lo consiguieron, desvanecido y con mala digestión por comer camarón. Finalmente, descubrieron ¡Que mala es la tunda!

Origen de las Leyendas Ecuatorianas 

Las leyendas ecuatorianas, provienen de historias y cuentos de los antepasados de los abuelos, que mezclados sabiamente fábulas antiquísimas con la realidad de acontecimientos, han sido producto de la imaginación de los lugareños de cada zona en particular.

Muchas de las narraciones, se han transmitido de generaciones en generaciones, por medio de expresiones orales, y luego con la llegada de la escritura y mediante obras escritas

Lo que traduce, que el nacimiento de las leyendas ecuatorianas se encuentran relacionadas con la vida cotidiana, usos y costumbres, que los pobladores primitivos de las poblaciones mantenían, y que en la actualidad se conocen con el título de Ecuador.

Muchos historiadores, afirman que las leyendas narradas se han difundido en el transcurso del tiempo, lo que traduce que muchas historias se han convertido en populares, y nacieron de anécdotas y experiencias de los adultos que le narraban a sus pequeños, con la finalidad que consiguieron dormir.

Es importante resaltar, que la fuente de muchas de estas leyendas, no se restringen únicamente a la capital Quito, pues existen otras leyendas que se originaron en otras provincias ecuatorianas.

Leyendas Riobambeñas 

Las leyendas Riobambeñas, provienen de Riobamba, es una ciudad tradicional que posee arte, historia, cultura y por su puesto su folclore que narra sobre leyendas urbanas y otras pertenecientes a pueblos rurales. Estas leyendas, son contadas por los abuelos que las guardan en su memoria y son transmitidas a sus hijos y nietos. Les contamos algunas de estas leyendas.

El luterano y el escudo de Riobamba 

La leyenda, se inicia con la llegada de un hombre extranjero que arribó a la zona conocida como Guamote, y se ganaba la vida alquilando su caballo a todo el que necesitaba montarlo.

Otra forma de ganar dinero, este hombre, se dirigía a la provincia de Riobamba, donde le rogaba caridad a los pobladores, pero, su forma de pedir, no era común de la forma como lo hacían los indigentes, quienes acostumbraban a decir: “una limosnita por el amor de Dios”, lo que el hombre hacía era pedir una moneda o un trozo de pan.

Un buen día, ocurrió un acontecimiento extraño, el hombre ingresó a un templo donde un sacerdote oficiaba la misma en honor a San Pedro, llegó hasta donde el sacerdote y sin más demora, le arrancó la hostia que el padre sostenía entre sus manos.

Los participantes en la ceremonia sagrada, no soportaron el hecho y abuso de aquel hombre, por lo que lo sacaron del templo y lo asesinaron. Luego, en las investigaciones sobre el fallecimiento, se descubrió que el hombre era un extranjero luterano que padecía de enfermedad mental.

El hecho de lo ocurrido, llegó hasta la ciudad de Quito, donde el jefe del municipio solicitó de forma inmediata que los restos de aquel hombre fueron cremados. Cuenta la leyenda, que este acontecimiento traspasó los límites fronterizos, muchos aseguran que llegó a oídos del rey de España, quien inmediatamente, le brindó al jefe municipal, un nuevo escudo de armas en señal de su agradecimiento por salvaguardar las dogmas católicas.

El descabezado de Riobamba 

Es una leyenda corta, narra sobre la fábula que ocurrió en el siglo XIX, de cómo un alma del más allá, empieza a pasear libremente por las calles de la ciudad. Cuenta la leyenda, que los pobladores que alcanzaban a divisar de frente el espíritu, quedaban mudos y paralizados.

El espíritu, era un cuerpo sin cabeza que andaba sin ninguna orientación. Así transcurrían los días, hasta que el fantasma abandona las calles de Riobamba. Los habitantes que vivían en la localidad, se aseguraban de llegar a sus casas, mucho antes del ocaso, para resguardarse con seguridad, de manera que, cuando el espíritu perturbador apareciera de nuevo.

El Agualongo 

Cuenta esta leyenda, que a finales del siglo XVIII, hubo un gran terremoto que destruyó la gran mayoría del centro de Ecuador. Cuentan los historiadores, que existen registros que revelan antes de que desarrollará el temblor, sucedieron varias manifestaciones extrañas.

En la plaza del centro de Riobamba, existía una efigie de un infante tejedor. Aproximadamente, 24 horas antes de que el terremoto hiciera su proceso, se encontraban algunas personas sentadas en la plaza, y observaron como la estatua comienzo a dar vueltas sobre su eje.

Los expertos en la materia, explicaron sobre este acontecimiento, que la estatura sentía y conocía lo que estaba por ocurrir, y antes quiso ver por última vez, la ciudad de Riobamba como estaba en su normalidad. Lamentablemente, al día siguiente sólo existían escombros.

El duende de San Gerardo 

Cuenta la leyenda, que en un pueblo conocido como San Gerardo, una región próxima de Riobamba, había un joven llamado Juan, quien trabajaba en un sitio lejano dentro de la montaña, muy apartado de la parroquia del caserío.

Juan para poder llegar a su lugar de trabajo, debería de atravesar una espesa montaña, por lo que salía bien temprano de su casa mucho antes de las 8 de la mañana.

Caminaba sin descansar aproximadamente dos horas, hasta llegar su sitio de trabajo y comenzaba a trabajar, siempre lo hacía hasta las 8 de la noche, a partir de esa hora se disponía regresar a su casa.

Siendo una noche, Juan caminaba por el bosque, regresó a su hogar, tuvo el presentimiento que algo lo perseguía, no le dio mucha importancia, a esa sensación, pensaba que podría ser el viento que estremecía las hojas de los arbustos. Para su asombro, luego de un buen tiempo de caminar, escuchó una fuerte y clara voz que le decía:

  • Por ningún motivo voltees la mirada para atrás, lo que deseo es que me des el cigarro que llevas en la mano.

Es probable, que Juan sintió miedo, y le obedeció al mandato de la voz enigmatica. Al día siguiente, Juan se lleva una cajetilla de cigarrillos completa previendo que se le terminarán y quedarse sin su vicio.

De nuevo, a mitad del camino y en medio de la oscuridad, la voz misteriosa le pidió que le diera un cigarrillo, a lo que Juan se comportó como si no hubiese escuchado nada, pero curiosamente lo observa por el rabillo del ojo, y se da cuenta que se trata de un hombre pequeñito, en su mano izquierda tenía un látigo y en la derecho un sombrero muy grande.

Esa noche, cuando Juan llega a su casa, le cuenta a su mamá lo sucedido, quien le sugiere que a partir del próximo día, no se fuera de la casa sin llevar un amuleto de protección.

Juan obedeció al consejo de su madre, agarra la cajetilla de cigarrillos, un crucifijo y lo guarda en el bolsillo de su pantalón. En esa oportunidad, el duende no se aparece para pedir cigarros, pero, le propiciaba fuertes latigazos por la espalda.

Juan, por su puesto, lastimado por los látigos, sentía un fuerte dolor que le agobiaba; pero con valentía, sacó el crucifijo de su pantalón lo sostuvo en sus manos y se lo mostró al pequeño hombre. A partir de ese hecho, el enano corrió despavoridamente en la oscuridad de la montaña, y jamás volvió a verse.

La silla del Cementerio

Los cementerios son territorios donde se conjuga la vida y la muerte, porque es allí a donde acuden los familiares y amigos a decir el último adiós a su doliente. Cuentan, que si las lápidas de las tumbas pudieran hablar, sería muchas las historias que se conocieron.

La leyenda de la silla del cementerio, se da inicio por un matrimonio conformado por Elizabeth y Jozef, que llegaron a finales de siglo XIX, a la ciudad de Riobamba.

Se trataba de un par de enamorados que compartían los mismos gustos y estaban de acuerdo en todo; les llenaba de gozo hacer el bien a los ciudadanos y brindarles bienestar.

Ninguna persona, ni ellos mismos, se imaginaban lo que le sucedería a este matrimonio, Elizabeth, es atacada por una enfermedad desconocida, y luego de combatir ese padecimiento, fallece.

Su esposo Jozef, queda solitario y devastado, fue abrumador para él, no superaba olvidar la imagen de ella, siempre permanecía en su mente. Jozef, se lo pasaba abrazado a la lápida de su esposa, durante el día y la noche.

Esta pareja de matrimonio, que llegó a Riobamba, eran extranjeros, por lo que tenían un tiempo límite para estar en territorio ecuatoriano. Pero, al cumplirse el tiempo de dejar el país, Jozef, se opuso enfáticamente a abandonar la tumba de su amada, aclaraba que en su país natal no tenía ningún familiar.

Las autoridades ecuatorianas, se apiadaron del hombre, y lo dejaron tranquilo para que continúe visitando el cementerio como lo venía haciendo. De manera que, todo aquel que ingresaba al camposanto observaba al hombre sentado en una silla, junto a la tumba de su esposa.

En muchas ocasiones, el hombre conversaba con su mujer, mientras que otras veces leía poemas de sus textos preferidos. Así transcurrió la vida del viudo Jozef, hasta que un día falleció, fue enterrado por la propia gente del cementerio, al lado de su esposa. Finalmente, los sepultureros, colocaron una silla en la tumba, como signo de un recuerdo fiel a un amor sincero que vivió para la eternidad.

Leyendas Guayaquileñas 

Las personas que tengan la oportunidad de visitar la ciudad de Guayaquil, no deberá dejar pasar por alto pasear por los lugares históricos, donde conocerá las leyendas guayaquileñas. Muchas de estas historias, se crearon por el acontecer diario, así como producto de la imaginación de sus pobladores.

La viuda del Tamarindo  

La leyenda de la viuda del Tamarindo, es un espíritu parecido a la figura de una mujer, que luce una vestimenta elegante. Es la misma deidad, que se aparece por las noches, para inquietar a las personas que van de disfrute y diversión.

La femenina, camina con pasos agigantados hasta que se coloca delante de su seleccionado, lo invita disimuladamente con un seña, a que le siga a donde se dirige. Luego, de caminar un buen trecho aproximadamente 2 kilómetros, la gran parte de los caballeros, se aguantan para descansar, su borrachera no les permite caminar con pasos y energía segura. En ese justo momento, que el hombre emite una palabra, la viuda del tamarindo, se voltea sigilosamente y asoma su cara, cuentan que es una tenebrosa calavera.

Existe otra versión sobre esta leyenda, que narra, en medio de los arbustos de tamarindos, que existían en la parroquia conocida como Morro, a altas horas de la oscuridad de la noche, una mujer salía con un traje de color negro, y se disponía a seguir a las personas. Se puede apreciar la diferencia entre dos leyendas, es que en la anterior la deidad desaparecía al instante, que se le veía el rostro.

El ataúd ambulante 

Cuenta la leyenda sobre el mito del ataúd ambulante, que durante la oscuridad de la noche, en el territorio donde se nace el gran Guayas, se observa claramente un ataúd de madera que flota por los aires y lleva la tapa semiabierta. Encima, lleva una vela gigante que funciona dando luz a los cuerpos que están dentro del féretro.

Los pobladores, cuentan que es una madre y su pequeño hijo, la mujer llevaba por nombre Mina, mientras que el pequeño infante no logro que recibiera el bautismo. La mujer, fue conquistada por un soldado de origen español, con quien contrajo matrimonio en perfecto secreto. El padre de la mujer, al conocer la noticia de la unión matrimonial, se encoleriza demasiado, porque tenía la creencia que los españoles llegaron con malas vibraciones a Ecuador.

El padre, embriagado de profunda ira, arrojó un embrujo en contra de su propia hija, porque  contraer nupcias con un contrincante, y además por apartarse de su religión nativa y transformarse en católica. La condena, fue conocida como “Chauma”, y el hechizo se trata de que las almas de su hija y nieto no descansen en paz.

Fray Simplón y las palomas 

Cuenta la leyenda del Fray Simplón y las palomas, se refería de un religioso, que pertenecía a la orden de los franciscanos, quien sentía un gran cariño y admiración por las palomas.

En el año 1976, el volcán conocido Cotopaxi, entra en erupción, por desgracia el campanario de la iglesia construido en honor a San Francisco quedó destruido. Luego del acontecimiento, el corregidor de Guayaquil, le dio instrucciones al fraile, para que él junto con sus compañeros, repararán los daños que había sufrido la iglesia. La reparación del templo debería de hacerse en escasas tres semanas, de lo contrario, ordenaba a las autoridades locales para demoler la iglesia.

El tiempo establecido por la ley, no era suficiente, sin embargo, una mañana, los trabajadores del ayuntamiento llegaron y devastaron en pocas horas, quedando una gran cantidad de escombros. Cuenta la leyenda, que increíble y asombrosamente, esa noche llegaron al lugar, gran cantidad de palomas de color blanco, y con sus picos se dispusieron a recoger los escombros y restos de las imágenes, de una forma sorprendente reconstruyeron la iglesia, como si fuera un rompecabezas.

Ante el hecho, el corregidor está atónito, ante semejante situación, y busco a Fray Simplón para conversar con él, a quien le preguntó:

  • ¿A quién le rezaste para que la iglesia quedará construida de nuevo?
  • El fray le contestó con tanta humildad, a nadie señor. Fueron los ángeles en forma de palomas, quienes hicieron la edificación.

El niño de la mano negra 

Es una leyenda de Ecuador, que relata sobre una historia de un niño a quien sus padres lo bautizaron como Toribio, el infante nació sin la mano derecho. Sus padres al conocer que le faltaba su manito, ofrecieron una novena a la Virgen del Soto, para suplicarle la intercesión y el milagro que su hijo tuviera su mano.

De esta manera, fue transcurriendo la vida del niño Toribio, quien no se sentía triste ni amilanado por el hecho que le faltaba la extremidad derecha, era unos de los niños que gozaba de más cariño y atención de todo el lugar, porque su actuación de piedad con los necesitados como los mendigos, era vidente de ayudar a todos quienes pasaban por la puerta de su casa.

Cuentan que, un buen día tocó la puerta de su casa, una ancianita junto a su pequeño niño, quien le pidió a Toribio, que le diera comida porque tenían hambre. El piadoso niño, les dio alimento y una bolsa repleta de frutas para que comieran por el camino.

La viejita, agradecida del gesto de bondad, le dice que, al día siguiente, ella le llevaría un regalo. Al día siguiente, a primera hora de la mañana, los padres de Toribio, despertaron asustados por los gritos que emitía Toribio. No se trataba que el niño bondadoso, gritaba por susto ni terror, ni nada parecido, era una alegría inmensa, de la emoción que sentía al verse que tenía su mano derecha, la única diferencia su mano era de color negra.

Cuenta la historia, que Toribio al llegar a la edad adulta, desafió a los piratas que varias veces pasaban por Ecuador. El cuerpo de Toribio, fue enterrado y con los años exhumado, debido a que el terreno donde estaban sepultados sus restos, sería utilizado con otro fin. Cuentan los pobladores que estuvieron presente, que en el ataúd, sólo existía dos porciones: polvo de huesos y una mano negra en buenas condiciones.

Posor-Já 

Cuenta la leyenda de Posor-ja, se refiere a una parroquia con el mismo nombre, que fue llamada así, por el arribo de una niña solitaria, dentro de una extraña barca.

Muchos, no conocerán el significado del vocablo Posor-Já, es una forma que tenían los primitivos de la región para pronunciar la siguiente plegaria: “Espuma de mar”, varios indígenas consideraban que la niña era una princesa que llegaba al lugar para defenderlos.

La niña crece y se convierte en mujer, los pobladores se dedicaban a escuchar con mucha atención, lo que sus labios pronunciaban, la gente conocieron que poseía dones de predicción. Tenía la habilidad de adivinar los hechos que sucederían en el futuro.

Cuentan que la joven, tuvo la capacidad de predecir la finalización del reinado de Atahualpa, tal cual como ocurrió. Así transcurrió su vida, relatando una cantidad de predicciones, luego, un buen día se fue al mar, empezó a caminar sobre las aguas, hasta que no se visualizó y se desapareció en el horizonte.

Leyendas Cuencanas 

Las leyendas, historias y mitos en Cuenca, son muy características y propias de la cultura azuaya, se refiere a personajes anónimos, célebres y míticos, que transformaron en leyendas urbanas, mucho de sus relatos.

Los expertos en la materia, manifiestan que las leyendas y mitos, se originan por acontecimientos históricos, sociales y míticos, que con el transcurrir de los años, se van reforzando en la cultura popular. Existe una gran cantidad de leyendas cuencanas, que las contaremos:

 

Leyendas del Ecuador el cura sin cabeza

Es una leyenda, que se narra en Cuenca, existen personas que aseguran que esto también ha sucedido en otras zonas del Ecuador.

Cuenta la leyenda, hace muchos años, hace más de un siglo, existía un sacerdote, que le fascinaba salir con distintas mujeres, luego de oficiar las misas.

El comportamiento del padre, era impulsada por los pobladores de Cuenca, pero, era lamentable, que ninguna persona se atrevía a hacer una gestión para impedirlo, porque el cura tenía gran amistad con las autoridades religiosas, por lo que no pudieron cambiarlo de lugar.

Así se desarrolló la vida del sacerdote en el pueblo, continuó sus salidas con diferentes jóvenes solteras, hasta el día que falleció. Cuenta la leyenda, que a su funeral no asistió ninguna persona, sólo el sepulturero.

Una vez que el enterrador, se propuso a arrojar tierra sobre el féretro, la tapa intempestivamente se abrió, y claramente se dejó ver que el cuerpo no tenía cabeza.

El sepulturero, concluyó su trabajo, y se dirigió a la cantina del pueblo, comenzó a narrar a todos los presentes lo que había visto, a lo que todos aseguraron:

  • Seguramente, fue el mismo diablo que se llevó su cabeza al inframundo.

A partir de ese instante, cuentan que el cuerpo del cura anda por todas partes en las noches con la esperanza de recuperar la cabeza.

El farol de la viuda 

Se trata de una leyenda, que narra sobre una mujer casada que le era infiel a su esposo, por las noches disfrutaba escapándose a divertirse con otro caballero. Pero, la muy audaz mujer, para no ser descubierta de la infidelidad, acostumbraba salir de su casa, junto a su pequeño hijo, asegurando que el bebé necesitaba que lo pasearon por la noche, para conciliar el sueño y dormir tranquilo.

En una de sus escapadas por la noche, caminaba junto a su amante, por las orillas del río Tomebamba, y de una forma insospechada la madre, dejó caer al hijo en la corriente del agua.

Acto seguido la mujer, se da cuenta de lo que había hecho, y consciente de su actuación, se llena su alma y su cuerpo de un espantoso desespero y nerviosismo.

Corrió desesperada a buscar un farol de petróleo, para poder alumbrar las orillas y la corriente del agua, tratando de encontrar a su niño. Por infortunio, su hijo nunca pudo ser encontrado.

El padre del niño, al enterarse de la noticia, decide quitarse la vida, y la mujer desconsolada, pierde la razón y termina suicidándose. Cuentan, los pobladores de Cuenca, que el espíritu de la mujer permanece presente a las orillas del río Tomebamba, y que no descansará hasta hallar a su pequeño niño.

Otra leyenda del farol de la viuda, sostiene que el espíritu de la viuda, tiene como tarea espantar a los hombres que engañan a sus esposas, que salen a divertirse con otras mujeres.

El perro encadenado 

La leyenda cuencana, se trata de una especie de animal, parecida a una bestia, y según cuentan las mujeres fervorosas a asistir a la iglesia en el siglo XIX, mantenían que era el propio diablo en la tierra.

Esta creencia, narraba de un perro gigante y fuerte, que poseía en su cabeza unos filosos cuernos y sus ojos brillantes simulando dos carbones en brasa.

Igualmente, contaban que Dios Todopoderoso, permitía que esta bestia ande por las calles de Cuenca, para recordarles a los sacerdotes que debían de cumplir con la evangelización, y que no se debieran únicamente a comer y beber.

Cuenta la leyenda, que el fuerte y extraño animal con figura de perro, arrastraba una pesada cadena de acero por las calles donde paseaba. El estruendoso sonido del metal, rozando con la superficie, era espantoso, tan sólo al escucharlo a distancia las personas quedaban aterradas.

También, cuentan que el animal asustaba a los pobladores con espantosos aullidos en las noches de luna llena. Algunas veces, en la oscuridad de la noche, los aullidos se confunden con el sonido otros pájaros nocturnos como la lechuza, generando un ambiente de terror.

Los indígenas, interpretaban estos ruidos como signos del más allá, y predecían malos augurios. De manera que, al escuchar el aullido del perro, y el cantar del búho, se descifraban que algún miembro de la tribu fallecería.

Leyenda de María La Guagua 

Cuenta la leyenda, de una mujer campesina inocente, que durante los años setenta, que salió a la ciudad en busca de una mejor vida. María se lo pasaba sentada en las escalinatas del río Tomebamba y en un barrio vecino.

La indefensa mujer, fue violada por borrachos y malhechores, al pasar los meses, y en la intemperie de la calle con absoluta pobreza y soledad da a luz a su hijo, que  en sus condiciones paupérrimas no pudo mantener a su progenitor, él bebe murió en sus brazos. De esta manera, pasaron muchas semanas, para que los vecinos del pueblo, pudieran arrancar de sus regazo el cadáver de su niño descompuesto, y contra de la voluntad de la mujer.

Este hecho, no fue aceptado por la humilde mujer, que la llevó a la demencia, y a partir de ese día busco una muñeca de trapos, conocida como guagua, que jugaba junto a ella. Los muchachos del pueblo, le hacían burlas, trataban de arrancarle a su guagua, retozaban en las esquinas de la calle, arrojándole entre ellos mismos un niño.

Las personas se acercaban para mirar el show, y gritaban animando ¡María…. La guagua!, la india corría tras ellos para asustarlos; acompañados de la risa y al mismo tiempo desespero, los inocentes y estúpidos hombres, se agotaban y le regresaban su guagua; ella la tomaba y abrazaba de una forma que buscaba introducirla en su vientre.

Entre su demencia, se dedicaba a dar vueltas alrededor de la ciudad, regresando siempre al mismo sitio, le agradaba maquillarse demasiado; y especialmente a los hombres como abogados, médicos y jueces, les pedía la maternidad de su niño, éstos para no burlarse de ella, se apartaban corriendo.

María la guagua, mujer de la calle, es el símbolo del amor por nuestros pueblos, para  esta humilde e inocente mujer, el amor que sentía hacia su hijo no tuvo fronteras, y la llevó a su propio sacrificio

Leyendas Quiteñas 

Las leyendas quiteñas, desde su creación han sido producto de relatos de los ancestros, que se van difundiendo de generación en generación, además de dar a conocer su cultura popular a quienes habitan en la capital de Ecuador. La ciudad de Quito, es un territorio lleno de magia, encanto y mucho misticismo, que se encuentran en cada calle y lugar, dando a conocer parte de su encantadora y fascinante historia.

El Cristo de los Andes 

Esta leyenda, se da inició con un joven de nombre Manuel Chili, de origen indígena, con una gran capacidad de trasladarse dentro de la iglesia de la Compañía. Los sacerdotes, están sorprendidos de la agilidad que tenía el muchacho.

Con el paso del tiempo, el joven Manuel, se convirtió en un espectacular artista, que los mismos sacerdotes jesuitas se hicieron cargo de su alimentación, educación y todo lo necesario para el sustento del muchacho.

El especial talento del joven, se podía observar desde lejos, por lo que los frailes no dudaron en pagar los estudios de pintura y escultura, para que floreciera con todo su potencial artístico y que permanecía escondido.

De manera que, esto dio origen al maravilloso Caspicara, un brillante artista, quien pasaba parte de su vida montado en los andamios, se cuenta que por dedicarse a esta tarea, le produjo un terror a las alturas.

Sentía un profundo terror, que muchas veces se aquietaba con los ojos cerrados por un buen tiempo, hasta que conseguía tranquilizarse, para continuar con sus labores. Pero, por algún motivo, el capellán del templo cuando lo veía de esta forma, le llamaba la atención, pensando que Manuel está flojeando y no se disponía a trabajar.

Muy a pesar de su actitud, el indígena comenzó a acumular prestigio, que fue extendida por muchos países vecinos como Venezuela y Colombia.

Sus obras artísticas que se conservan actualmente, tienen un gran precio, son obras únicas de gran valor. Lo triste de esta leyenda, como ocurre con muchos artistas famosos de tiempos antiguos, es que el indígena Manuel falleció abandonado en un albergue.

La olla del Panecillo 

La leyenda de la olla del Panecillo, es una cima que se encuentra ubicada dentro de la ciudad de Quito. Cuentan los pobladores, que existía una mujer pobre, que llevaba su vaca a pastar en este lugar, no tenía a donde más llevarla para que comiera, y no contaba con dinero.

Mientras tanto, un buen día llevo a su animalito a comer y la dejó sola en la olla, cuando retorno a buscarla, se da cuenta que la vaca no estaba había desaparecido. La mujer, desesperada por perder a su animal, que le daba para su sustento diario, comienza a buscarla por todas partes, tratando de encontrarla.

Pasaron las horas y la vaca nada que aparecía, en su angustia y lucha por encontrarla, se dispuso a bajar hasta el final de la olla, para localizar a su vaquilla. Para asombro, de la humilde mujer, en ese territorio halló un majestuoso palacio.

El enorme y hermoso palacio, estaba con las puertas abiertas, y adentro se observaba una hermosa princesa sentada en su bello trono. La alteza, se da cuenta de la entrada de la mujer, a lo que le pregunto con una sonrisa en su rostro:

  • ¿Por qué has venido a visitarme en el día de hoy?
  • No señorita, no se trata de una visita, me da mucha vergüenza que usted me vea así como estoy, lo que sucede es que se ha perdido mi vaquilla, y si no la encuentro, estaré más pobre de lo que soy, es mi única fuente para vivir.

Es la respuesta, que la mujer con sus ojos llenos de lágrima le da a la princesa. Después que la alteza, escucha atentamente, le regala una mazorca y un ladrillo de oro, tratando de que la mujer compensará la pérdida del animal. Le mencionó, no se angustie, es probable y con seguridad que cuando llegue a su casa la vaquita esté esperándola. La mujer, muy agradecida con el regalo y palabras de la princesa, le da las gracias y se va caminando fuera del palacio, al llegar a su casa la recibió la vaquita.

El penacho de Atahualpa 

Cuenta la leyenda, que cuando falleció el último de los Shyri, que traduce a los Jefes indígenas que gobernaban a Quito, los pobladores colocaron en el trono a la hija del Jefe, quien llevaba por nombre Pacha.

Más tarde el conquistador conocido como Huayna Cápac, asistió a una reunión con la soberana, todo en son de paz y armonía. Pacha, escuchó con atención lo que le decía el hombre extranjero.

Pero, el conquistador, quedó prendado de la belleza de la joven Pacha. No pasó mucho tiempo, cuando contrajeron matrimonio y vivieron enamorados en el palacio real, donde nació el príncipe bautizado con el nombre de Atahualpa.

El niño Atahualpa, era obediente a todas las enseñanzas que le decía su padre. Una tarde, el jovencito paseaba por el alrededor del palacio, cuando de repente observó una bella guacamaya luciendo su atractivo colorido.

Sin nada que lo entorpecieron, busco su arco y flecha, y de un tiro certero mato la hermosa ave. Atahualpa, se sintió alegre y gozoso por su hazaña, corrió a donde estaba su madre para mostrarle la guacamaya muerta. La soberna, sintió dolor, se molestó y se propuso a recordarle:

  • A los únicos que se nos está permitido matar es a nuestros enemigos, ellos tienen armas para defenderse de nuestros ataques. Las aves, solo existen en este mundo, con el propósito de adornar el ambiente con sus hermosos plumajes.

Después, de pronunciar estas palabras, Pacha, agarro algunas plumas de la guacamaya sin vida, y la colocó en el penacho de su hijo, en señal de recordatorio, que no se debe matar a ninguna especie únicamente por placer.

La Iglesia del Robo 

La leyenda cuenta, sobre unos sacerdotes que se dirigían a la quebrada conocida como Jerusalén, al llegar al sitio, se dieron cuenta que habían robado las hostias y el cáliz del templo, asunto que los entristeció.

  • Quien pudo haber hecho este sacrilegio? Pregunta qué hace uno de los padres mayores.
  • No lo sé padre, pero vamos a buscar los objetos perdidos. Contestó uno de los sacerdotes.

Los religiosos, le comunicaron lo sucedido a los pobladores para que todos con su ayuda salieran por la calles a buscar a los ladrones. Mientras, que algunos de los indígenas, salieron con objetos de azote, como demostración a Dios, que ellos no habían hecho un acto de esa naturaleza, la consideraban fechorías en contra de la iglesia.

Fue tanto, que muchos arrastraban pesadas cadenas, o se flagelan sus espaldas con fuertes latigazos. Era una reacción algo extraña, pero cuentan que esto ocurrió hace más de 200 años, y demostraban su fe de otra forma.

Expertos en el tema, manifiestan que este tipo de acciones, se realizan para impedir la ira de Dios sobre la capital de Ecuador, en la procesión la gente recorría cuanto rincón existía en la Iglesia de Santa Clara hasta Santa Catalina, sin encontrar huellas de los ladrones.

Con la esperanza perdida, una indígena corrió a informarles a los religiosos que había hallado un cofre de plata que contenía el cáliz y las hostias.

Los ladrones, pensaron que el objeto, estaba repleto de monedas u otro tesoro, pero, al abrirlo, encontraron solamente la copia y muchas hostias, la colocaron a un lado de la quebrada.

Por último, los ladrones fueron agarrados y presos para que fallecieron en la hora. En el lugar, donde fueron encontrados los objetos sagrados, los sacerdotes, solicitaron edificar un nuevo templo que sería llamado la iglesia del robo.

El último ensueño de Manuelita 

Esta leyenda, se trata cuando Manuelita Sáez, estaba en su lecho muerte, agonizando con un fiebre alta.  En su delirio, observó un resplandor de luz, que de inmediato se convirtió en la imagen del “Libertador de las Américas”, nuestro Simón Bolívar.

La silueta que apareció, corrió hacia ella y le pronunció con tenue voz:

  • Querida Manuelita, te devuelvo esta corona elaborada en rosas. Recuerda, que es la misma corona, que me lanzaste desde el balcón, en día del triunfo de la ciudad de Quito.
  • ¡Bolívar! Contéstame algo… ¿Te parece que me veo hermosa con este vestido blanco?
  • Por supuesto, mi señora. No debes olvidar jamás, que es el color de la libertad. Además, comprende que estoy acá para llevarle conmigo, a un espacio donde no existen las barreras del tiempo. Dame tu mano, y acompáñame a la inmortalidad.

Manuelita, entró en un estado de desesperación, que intentó levantarse de la cama, pero no lo consiguió, y empezó a gritar a viva voz:

  • ¡Bolívar! No me abandones en este lugar, deseo irme contigo.

De repente la habitación fue envuelta en un eco, que se escuchaba:

  • Querida mía, no puedo esperar más tiempo, vámonos ahora.

En ese momento, Manuelita, quiso levantarse de nuevo de la cama, se sintió frustrada por no conseguirlo, empezó a gritar y llorar con desespero.

  • No me dejes amor mío, quiero estar de nuevo entre tus brazos.

La  criada, de Manuelita, escuchó sus lamentos y corrió rápidamente para atenderla.

  • Llamó usted señora?
  • No Imaya, no estaba conversando contigo, estaba hablando con Bolívar. ¿Acaso no lo viste?
  • Temo que no señora Manuelita

En ese justo momento, en que sonaron las campanas de la capilla, que estaba cerca de su casa, siendo las seis de la tarde, Manuelita Sáenz, dejó de existir en este plano terrenal. Finalmente, estaba lista para encontrarse con el amor de su vida.

Leyenda del Chuzalongo

Esta leyenda del Chuzalongo, se desarrolló en la zona costeña del Ecuador, narra de un hombre que trabajaba la agricultura, además con mucho ganado que pastaba en las montañas cercanas.

Un buen día sorpresivamente, el firmamento y ambiente se tornaron de color renegrido, avisando que se acercaba una fuerte tormenta. El hombre, angustiado por su ganado, les ruega a sus hijas que llevan a los animales al granero para protegerlos de la tormenta. Las muchas obedientes a su padre, acudieron en búsqueda del ganado para resguardarlos dentro de la bodega.

De manera sorprendente, observaron que a su lado se encontraba una criatura de presencia rara, de pequeño tamaño, nariz larga y puntiaguda, orejas afiladas y una abundante y desordenada cabellera de tono gris opaco.

Las muchas, sorprendidas y sin aliento, trataron de gritar con todas las fuerzas que le daba su cuerpo, pero lamentablemente, no fueron escuchadas y nadie fue a socorrerlas. Así, transcurrieron las horas, y el padre al observar que sus hijas no regresaban a la casa, tomó su escopeta y decidió ir a buscarlas.

El padre, al llegar al granero, se encontró con un acontecimiento horrible e inolvidable, sobre el monto encontró los cuerpos de sus hijas destruidos, a larga distancia apenas podía ver una mínima criatura que se alejaba paulatinamente hacia el horizonte.

Sin embargo, existe otra leyenda sobre el Chuzalongo, que narra sobre un  tipo de estos duendes que desafían a los hombres que están en la montaña, y más aún cuando los ven sin ropa, la razón es porque son muy decorosos.

Mientras, otra leyenda, afirma que el Chuzalongo, únicamente se puede ver, cuando éste quiere desafiar su fuerza con otra especie, no les interesa de quien sean humanos o animales.

Nombres de Leyendas Ecuatorianas 

A lo largo de este artículo, les hemos narrado muchas de las leyendas e historias ecuatorianas, que han sido producto del traspaso de sus ancestros, imaginación y vivencias de los pobladores, a continuación las listamos:

Leyenda de Cantuña

La dama tapada

El padre Almeida

La Bella Aurora

El gallo de la catedral

Leyenda del Chusalongo

Leyenda de Mariangula

La caja ronca

La Capa del Estudiante

El Huiña Güilli de Bolívar

El Tsáchila que se convirtió en Sol

La Tacona (También conocida como La Tacona de Esmeraldas)

Los hijos del padre Chimborazo

El misterio de la bocana del río Misahualli

La Boa y el Tigre

El cura sin cabeza

Leyenda del Mirador natural Ilocullin

La Diosa Umiña

La tunda se convierte en gallina

El luterano y el escudo de Riobamba

El descabezado de Riobamba

El Agualongo

El duende de San Gerardo

La silla del Cementerio

La viuda del Tamarindo

El ataúd ambulante

Fray Simplón y las palomas

El niño de la mano negra

Posor-Já

El farol de la viuda

El perro encadenado

El Cristo de los Andes

La olla del Panecillo

El penacho de Atahualpa

La Iglesia del Robo

El último ensueño de Manuelita

El chuzalongo

Una vez que ha concluido la lectura de este interesante artículo, puede visitar los siguientes enlaces:

(Visited 16.073 times, 28 visits today)

Deja un comentario