Leyendas y mitos japoneses más populares

En la mitología japonesa existe gran presencia de criaturas y seres fantásticos, los cuales forman parte importante del diario vivir de los japoneses. Los mitos japoneses son la esencia de gran parte del arte, el teatro y la literatura, y la gente aun aprende y relata historias sobre dioses y diosas.

Mitos Japoneses

La mitología japonesa es un estructura sumamente compleja de credos. El mausoleo Shinto por sí mismo esta compuesto de una cuantiosa colección de kami (“deidades” o “espíritus” en idioma nipón). No obstante el influjo de la cultura china ancestral, cierta parte de gran importancia de la religión y cosmogonía japonesa son únicas.

Esta compuesta de tradiciones Shinto y budistas así como por doctrinas populares agrícolas. De otro lado y en contraste a la mitología griega, nórdica y egipcia, es algo difícil diferenciar cuál es verídicamente un “mito” para los japoneses.

Los mitos japoneses comunes están fundamentados en el Kojiki, en el Nihonshoki y ciertos libros suplementarios. El Kojiki que textualmente quiere decir “apuntes de cosas antiguas” es el libro de mayor antigüedad reconocida acerca de sobre mitos, relatos y la crónica de Japón y el Nihonshoki es el segundo más viejo. El Shintoshu describe orígenes de dioses japoneses desde una punto de vista budista al tanto el Hotsuma Tsutae expone una versión distinta acerca de la mitología.

Un efecto evidente de la cosmogonía japonesa es que reseña el origen de la familia real, y les expone como descendencia divina. El término japonés para Emperador en Japón, tennō (天皇), quiere decir “Soberano celestial” (el símbolo 天 significa “cielo”).

Escritura de los Nombres Propios

Numerosas divinidades se muestran en los contextos de la mitología japonesa, contando muchas de ellas con multiplicidad de alias siendo algunos de sus nombres muy extensos. Aquí se detallan los más destacados, los cuales asimismo mostramos en su estilo abreviado.

A saber, Ninigi, o Ame-Nigishikuni-Nigishiamatsuhiko-Hikono-no-Ninigi-no-Mikoto, se puede resumir igualmente como: Hikoho-no-Ninigi u Hono-Ninigi. En ciertas partes de este artículo, las denominaciones propias están redactadas de una modo histórico. h, y, y w subrayados indican letras silenciosas; son omitidas en la pronunciación moderna. Este acuerdo es particular a este artículo. Ciertas sílabas se actualizan como aquí se indica:

  • hu se actualiza como fu.
  • zi y di están actualizadas como ji. (la diferencia desaparece)
  • zu y du están actualizadas como tsu. (la diferencia desaparece)
  • oo se actualiza como o u oh.

Por ejemplo, se puede pronunciar Ohonamudi como Ohonamuji, Oonamuji, Ohnamuji, entre otras. A causa de razones históricas, k, s, t, y h en ciertas ocasiones son confundidas con g, z, d, y b respectivamente. Por lo que, en ciertas pronunciaciones de Ohonamudi están incluidas Ohonamuti y Ohonamuchi.

Mitos Japoneses de la Creación

Los dioses originarios emplazaron a dos criaturas celestiales a la vida, el macho Izanagi y la hembra Izanami, y les fue encargada la creación de la tierra inicial. Para secundarles en esto, se les entregó a Izanagi e Izanami una lanza adornada con joyas, llamada Amenonuhoko (lanza del firmamento). Desde ese momento, los dos dioses se dirigieron al puente entre el Cielo y la Tierra, Amenoukihashi (puente flotante del firmamento) y revolvieron el océano con la lanza.

Al caer las gotas de agua salada de la punta de la lanza, conformaron la isla Inojoro (auto-formada). Bajaron del puente del firmamento y construyeron su casa en la isla. Ya que anhelaban unirse levantaron un pilar denominado Amenomihashira y en su derredor erigieron un palacio de nombre Yahirodono (el recinto cuya superficie es de 8 brazos).

Izanagi e Izanami dieron la vuelta alrededor del pilar en sentidos opuestos y al encontrarse, Izanami, la diosa femenina, habló en primer lugar con un saludo. Izanagi consideró que esta no era el modo adecuado, no obstante se unieron de cualquier manera. Engendraron dos hijos, Hiruko (niño del agua) y Awashima (isla de burbujas) pero fueron mal concebidos y no se aceptaron como dioses.

Colocaron a los niños en un barco y los enviaron al mar. Fue cuando le solicitaron a las otras divinidades una respuesta acerca de lo que hicieron indebidamente. Ellos contestaron que el dios masculino ha debido comenzar la charla en la “Ceremonia de Enlace”. De tal manera que Izanagi e Izanami fueron alrededor del pilar de nuevo, y esta vez, cuando se consiguieron, Izanagi habló inicialmente y su matrimonio tuvo éxito.

De este enlace fue engendrado el ohoyashima, o las ocho enormes islas de la cadena japonesa:

  • Awazi
  • Iyo (luego llamada Shikoku)
  • Ogi
  • Tsukusi (luego llamadaKyushu)
  • Iki
  • Tsushima
  • Sado
  • Yamato (luego llamada Honshu)

Ha de notarse que Hokkaidō, Chishima, y Okinawa no constituyeron parte de Japón en los tiempos remotos. Seis islas más fueron creadas y muchos dioses. No obstante, Izanami pereció al alumbrar al niño Kagutsuchi (personificación del fuego) o Ho-Masubi (provocador del fuego).

Fue sepultada en el “Monte Hiba”, en los límites de las viejas comarcas de Izumo y Hōki, en las cercanías de Yasugi en la Prefectura de Shimane. Encolerizado, Izanagi asesinó a Kagutsuchi. Su fallecimiento igualmente creó docenas de dioses. Los dioses engendrados por Izanagi e Izanami son simbólicos acerca de aspectos relevantes de la naturaleza y la cultura, pero ellos son demasiados para mencionarlos aquí.

Hasta aquí esta explicación sobre los orígenes de las deidades japonesas, las cuales son la mayor fuente para las leyendas y mitos japoneses. En ellos se fusionan crónicas de sombrillas animadas hasta tortugas ilustradas pero agresivas, lo que hace que el folklore de Japón contenga algunos relatos con monstruos sumamente creativos. Si comparamos la antología de criaturas de Japón, el folclore occidental podría parecernos un poco monótono.

Mitos Japoneses Populares

Reconocer cuando uno de los mitos japoneses es popular es harto difícil en esta cultura, ya que cualquiera que sea la deidad o personaje fantástico, la mayor parte de ellos cuentan con un santuario sea a nivel religioso sea a nivel de culto mediático o de las costumbres populares.

Hachiman en la Mitología Japonesa

Hachiman es tenido como el dios de los combatientes samurai (no de la guerra) y del tiro de flecha con arco en la cosmogonía japonesa a pesar de que, extrañamente, su procedencia no se consigue en los manuscritos tradicionales japoneses. Este mito se originó tras la muerte del primer emperador Ojín, quien fue elevado a dios y rebautizado.

Su procedencia final está en la unión entre la deidad sintoísta de la guerra y los credos budistas provenientes de China, país en el que se le conoce como Gran bodhisattva Hachiman, defensor de los devotos del Sutra del Loto.

Las manifestaciones sintoístas de Japón le tienen además como la deidad de la agricultura y el protector de Japón, responsable de preservar la paz, la prosperidad y el bienestar de sus pobladores. La paloma es el animal que le simboliza y el que le vale de mensajero. En las batallas se sonaban los tambores tradicionales de nombre Odaiko y se pensaba que el alma de Hachiman moraba en el sonido de los tambores y el choque de las espadas en batalla.

Hachimán, cuyo nombre significa «Deidad de los 8 estandartes» refiriéndose a los ocho estandartes divinos que avisaron y señalaron el nacimiento del emperador inicial Ojín, es asimismo protector de las vidas de los hombres. Y en ciertas regiones del país inclusive de los marineros y pescadores que le adoran como su guía y maestro y a quien imploran a la hora de una jornada de pesca provechosa.

Otro comunidad que adora a Hachiman es la de los agricultores y campesinos, a los cuales defiende y ampara. Inmensa es su importancia que dispone de unos 25.000 templos levantados en su nombre solo Japón, y son muchas las ciudades, pueblos y aldeas cuyo denominación está vinculada a Hachiman.

Namazu, El Dios Japonés de los Terremotos

Narran las ancestrales mitos japoneses que el encargado de que la tierra se menee ocasionando terremotos y tsunamis es Namazu, un siluro enorme que mora bajo tierra. Namazu es una ser perteneciente a los yokai o bestias mitológicas japonesas, vinculado a las calamidades y a todo clase de desgracias.

Pero previo a que Namazu se transformara en un horripilante y enorme pez, en la tradición más remota se lo conocía con la denominación de Sakana mono-iu, sus dimensiones eran normales y poseía el don de comunicarse con los humanos, inclusive de convertirse en uno de ellos. Reinaban las aguas y se decía que aquella persona que osara atraparlo experimentaría la más terrible de las adversidades.

Namazu, como deidad de los terremotos, cuenta con una fuerza incontrolable y apenas el dios Kashima puede contenerlo. Al enorme saluro, o pez gato, le encanta ocasionar destrozos con los movimientos de su cola inmensa.

Si se quiere contener el mal carácter de Namazu, Kashima, una divinidad que ampara a los japoneses de los terremotos y de los desmanes del gran pez gato, ha de sustentar con sus fuerzas fantásticas una piedra de gran tamaño y peso sobre Namazu para que permanezca tranquilo tanto él como su cola.

A esta piedra divina se le denomina como Kaname ishi, y la cosmogonía japonesa la estima como el punto en el que se entrecruzan todos los dioses y el territorio defensivo del mundo espiritual que conserva las energías negativas de la madre natura bajo control, entre las cuales están los terremotos.

No obstante, Kashima no podía mantener sujeta y presionada la roca por siempre. En ocasiones se descuidaba, o se cansaba, o habría de responder a sus otros deberes con los demás dioses. Era en estas oportunidades en las cuales Namazu se dedicaba a hacer de las suyas y ocasionar temblores creando el pánico entre los habitantes.

De inmediato, Kashima respondía y hacia presión nuevamente sobre Namizu sentándose o haciendo presión con la piedra. Durante los meses de octubre, Kashima tenía que asistir al templo de Izumo para efectuar reuniones de importancia con otras deidades. Para ello recurre a Ebisu, una diosa sosegada y pacífica, famosa por ser una de las divinidades de la buena fortuna.

Con semejante temperamento es evidente que Ebisu no era la apropiada para controlar a un ser como Namazu. De tal manera que, como bien podía, intentaba dominar los potentes meneos del siluro sin mayor éxito hasta que Kashima arribaba. Esta es la explicación que se tiene de un terremoto fuerte, sus repeticiones y posterior desaparición.

Historias sobre los Tengu, Duendes Japoneses

Los tengu son geniecillos de las cumbres y bosques japoneses. Su apariencia ha ido cambiando al pasar del los años. Inicialmente se les figuraba como aves sobrenaturales (parecida a un cuervo o ave rapaz), pero desde el siglo VIII toman forma híbrida entre humano y ave, y más adelante una figura casi totalmente humana, en la que de su pasado ornitológico solo restan alas y una nariz aguileña de tamaño dispar. En todas estas formas aparece en los mitos.

Los tengu cuentan con ciertos poderes mágicos, sobresaliendo particularmente en la invocación de complejas ilusiones que parecen verdaderas. Pueden camuflarse como humanos, de monje usualmente. Pero lo de mayor curiosidad sobre ellos tal vez sea su cualidad de eminentes espadachines. En oportunidades comparten su arte a los héroes de ciertas narraciones, y, de acuerdo a algunas leyendas, el arte marcial del jiujitsu vendría de este magisterio.

Su temperamento resulta arisco, insípido y pendenciero. Tienen además un singular sentido del humor que les lleva a hacer chanzas pesadas, en ocasiones tan crueles como para arriesgar el juicio de sus víctimas. No es extraño que los personajes raptados por ellos retornen a sus casas totalmente enloquecidos.

Relatan que un samurai de nombre Kiuchi Heizayemon se encontró cierta noche con un tengu que, tras despojarlo de su arma con la espada, le forzó a ascender a una especie de bandeja de metal. La bandeja empezó a elevarse por los aires, para llevarle en un viaje fantástico que a él le pareció durar diez días y cruzar varios países, cuando realmente solo habían pasado unos segundos: los que le tomó a la bandeja en dejarlo sobre el tejado de un santuario cercano.

De allí fue rescatado por sus amigos absolutamente aterrado. Apenas tocó el piso, y se desmayó de tal modo que no recuperó la conciencia hasta después de tres días.

Igualmente los tengu pueden ser agradecidos. Lafcadio Hearn relata que en el monte Hiyei-Zan, próximo a Kyoto, uno de estas criaturas retribuye al sacerdote que le salvó de fallecer desplumado. Éste le correspondió conminado para él la visión de Buda sermoneando sobre la montaña divina de Gridhrakuta, solitario anhelo que el sacerdote pudo hallar en su corazón.

Dicha visión le costó al tengu su don para volar, ya que el sacerdote, desobedeciendo su advertencia, conversó durante la visión, de tal manera que el Guardián de la Doctrina, Gohotendo, alarmado así de la manifestación sacrílega que estaba ocurriendo, bajó del cielo y como penitencia quebró una de las alas del tengu.

Es célebre la crónica del héroe Yoshitsune, a cuyo progenitor mató Kiyomori, el jefe del clan Taira. Su madre se vio forzada a desposarse con éste a cambio de que su vida y la de sus hermanos fuesen perdonadas. Perturbado por la desdichada historia del joven, el soberano de los tengu, Soyobo, se hizo responsable de instruir todo lo que se puede estudiar sobre el arte de la espada. Yoshitsune utilizaría las habilidades aprendidas para vengarse del perverso clan Taira.

La creencia en los tengu se sustentó viva hasta tiempo reciente. Ya en 1860, el señor de Dewa hizo público un edicto en el que se inducía a los Tengu locales a desplazarse a otras montañas al tanto permaneciera una cercana visita del shogun al templo de Nikko. Al parecer, al gobernador de Dewa le inquietaba que los escandalosos Tengu pudiesen burlarse del gran señor.

Mitos Japoneses de Amor

De muy poca presencia en la mitología japonesa son las leyendas relativas al amor. Ello se debe primordialmente a la abundante existencia de dioses y figuras mágicas cuyas vivencias copan el escenario mítico de este país.

El Hilo Rojo del Destino

Una de los mitos japoneses de amor más populares entre la población nipona, es el que nos narra del hilo rojo del destino, el cual se origina en nuestro meñique (el cual es regado por la misma arteria que el dedo corazón, por lo que se vincula al meñique con el intercambio de sentimientos) para unirse al de otra persona a la cual es nuestro destino conocer, conservando una profundo relación con ella.

Cuenta la leyenda que muchos años atrás, a un emperador se le dio la noticia de que había en su reino una poderosa bruja con poder de ver el hilo rojo del destino. El emperador ordenó traerla ante su presencia, para pedirle que le ayudará a conseguir a la que debería ser su esposa.

La hechicera estuvo de acuerdo y comenzó a seguir dicho hilo, conduciendo a los dos a un mercado. En ese lugar, la hechicera se detendría delante de una plebeya, una campesina humilde que ofrecía productos en el mercado con su niño en brazos. Tras lo cual, la bruja le indicó al emperador que allí concluía su hilo.

No obstante, y observando que se encontraba ante una campesina muy pobre, el emperador llegó a pensar que la hechicera se burlaba de él y empujó a la campesina, provocando que su bebé fuese a dar al piso y se le produjese una gran herida en su cabeza. Tras mandar a ejecutar a la bruja, el emperador retornó al palacio.

Numerosos años después y orientado por sus consejeros, el emperador resolvió casarse con la hija de uno de los generales de mayor importancia del país, si bien no podría verla hasta la fecha de las nupcias. Ese día, al verle su rostro por vez inicial, se dio cuenta que su futura cónyuge mostraba una cicatriz en la cabeza, a consecuencia de una caída que sufrió cuando era un bebé.

De modo evidente y tal y como la bruja había predicho, la mujer que iba a ser parte de su vida era el bebé de aquella campesina. Este es uno de esos relatos japoneses que cuentan sobre la noción de la predestinación, particularmente aplicada al asunto del amor. La leyenda de la media naranja consigue en esta crónica un reflejo en su interpretación oriental.

Mitos Japoneses Sakura y Yohiro

Se relata en esta leyenda que antiguamente, en un época de grandes contiendas bélicas, existía un bosque colmado de bellos árboles. La totalidad de ellos contaban con una copa abundante y plena de flores, y era tal su hermosura y el alivio que ofrecían que en ese bosque no se producían combates. Todos excepto uno: existía un joven ejemplar que jamás daba flor, y al que nadie se aproximaba a causa de su envoltura seca y de su aspecto decrépito.

Cierto día un hada, considerando la condición del árbol, se conmovió y resolvió ayudarle: le planteó al árbol arrojarle un hechizo merced al cual podría percibir igual que un corazón humano por una veintena de años, con la ilusión de que por la emoción vivida pudiese florecer. Agregado a ello a través de dicho lapso podría convertirse en ser humano a discreción. No obstante, si tras dichos años no lograse recuperarse y florecer, perecería.

Tras aprobar el hechizo y obtener el poder de percibir y convertirse, el árbol comenzó a adentrarse en el mundo de los hombres. Lo que pudo hallar fue guerra y muerte, situaciones a las cuales rehuyó por largo tiempo. Luego de transcurrir los años, el árbol iba perdiendo la ilusión.

Aun así, cierto día en el que se convirtió en humano, el árbol se consiguió a una bella joven en un arroyo, la cual le trató amablemente. Su nombre era Sakura, a quien luego de ayudarla a cargar agua hasta su hogar mantuvo una extensa conversación sobre la situación de la guerra y el mundo.

Al interrogar la joven sobre su nombre, el árbol apenas pudo balbucear Yohiro (esperanza). Fueron encontrándose todos los días, lo cual devino en una intensa amistad, la cual finalizará gradualmente en hacerse más profunda, hasta convertirse en amor. Yohiro resolvió relatarle a Sakura su sentir por ella, aunado al hecho de que era un árbol a punto de fallecer. A lo cual la joven prefirió callar.

Al faltar poco para que concluyeran los veinte años del embrujo, Yohiro se convirtió en árbol nuevamente. Y, aunque no lo aguardaba, Sakura se le acercó y le dio un abrazo, diciéndole que también le amaba. En ello hizo su aparición de nuevo el hada, brindándole a la joven Sakura dos alternativas: continuar siendo humana, o unirse con el árbol.

Sakura prefirió aunarse por siempre con Yohiro, lo que provocó que el árbol floreciese: el cerezo. Desde ese momento su amor puede contemplarse durante la floración del cerezo.

Mitos Japoneses de Terror

La variedad dentro de la mitología del Japón de terror puede ir desde los yokai, enormes bestias hasta espíritus sobrenaturales. Como cualquier otra cultura, Japón cuenta con su parte justa de seres folclóricos que conforman parte de los mitos japoneses.

¿Qué son los Yokai?

En la Mitología de Japón nos conseguimos con una sucesión de dispares seres denominados como Yokai (Yōkai), que se puede interpretar como «monstruos» o «aparecidos». Lo más singular de estos raros espectros es cuán diferentes son entre ellos, ya que se muestran como pacíficos, conmovedores, aterradores o inclusive peligrosos, y cuentan con la ventaja de ser invulnerables a cualquier ataque proveniente de las personas normales.

Asimismo tienden a proceder de manera soberbia con los humanos, y motivado a su manera distinta de ver el mundo, lo más seguro es que al final tengamos problemas si no los impedimos. De acuerdo a la tradición, si deseamos deshacernos de un Yokai hemos de buscar a un experto o a un monje que tenga la bendición de Buda, aunque por fortuna muchos de ellos viven en áreas remotas y eluden todo contacto con los humanos.

Igualmente hay algunos que logran convivir con los humanos de modo pacífico, y otros que se unen para concebir seres medio humano y medio Yokai, a pesar de que estas relaciones usualmente finalizan en desgracia. Las leyendas de los Yokai suelen ser cortas, proceden de distintos puntos de Japón y datan de muy atrás en el tiempo, transmitiendo de generación en generación.

Uno de los destacados ejemplos de Yokai pacífico aunque latoso es Betobeto-san (originario de Nara), una rara criatura imperceptible que nos escolta, haciéndonos oír sus pisadas en la soledad de la noche. El remedio para deshacernos de él es pararnos y exclamar educadamente «Betobet-san, pase usted adelante», luego de lo cual nos sobrepasa y no nos molestará mas, de no ser así nos acosara hasta que le apetezca.

El otro lado de los Yokai lo podemos ver en Futa-kuchi-onna, o la fémina de las dos bocas, una ubicada en su nuca y debajo de su extensa cabellera. Nos referimos a una mujer que ha sido blasfemada por no dar de comer apropiadamente a su hijo y lo ha dejado perecer de hambre. Esto explica el por qué esta boca secundaria pide continuamente alimento y profiera horribles alaridos al no conseguirlo.

Sus prolongados cabellos le funcionan como tentáculos con los que conducir la comida a la boca secundaria. La explicación de acuerdo a la mitología japonesa a esta blasfemia es que el espíritu del hijo fenecido se aloja en el cuerpo de su madre, transformándola así en Yokai.

Onis, Demonios Japoneses

Prácticamente cualquier cultura cuenta con su acopio particular de monstruos y la cosmogonía japonesa no es la excepción. En Japón, los Onis son las seres que personifican a los demonios u ogros occidentales y son figuras de gran popularidad en el arte japonés.

Universalmente, los onis son mostrados con formas antropomorfas, si bien gigantescos, con garras y dientes afilados, con mucho vello y con dos cornamentas en la cabeza y en ciertas oportunidades se les exhibe con numerosos ojos y dedos. Su piel suele ser rojiza, azulada, negra, rosa o verdosa, pero su bestial aspecto destaca más aún por las pieles de felino con las que suelen ataviarse y los mazos denominados kanabō que elevan en sus manos, representando a la vez fortaleza.

La mayor parte de los onis personifican las fuerzas malignas que provocan las desgracias, despojan las almas y a personas ingenuas. Aun así, existen muchos clases de onis. Se comenta que los cuernos les generan un gran dolor, por lo que los que detentan un solo cuerno son más inquietos, al tanto que los de dos muestran más violencia.

Mitos Japoneses

Sumado a ello los onis cuentan con destrezas extraordinarias, como una fortaleza sobrehumana que les facilita desplazar cosas enormes y pesadas, hasta inducen rayos, tempestades y otras calamidades naturales. Algunos hasta tiene el poder de adoptar forma humana y/o animal.

No deja de ser cierto que aunque la mayor parte de los onis están dedicados a robar, destruir y espantar a las personas, estas criaturas no son malévolas por naturaleza. Inclusive se comenta que pueden auxiliar a los humanos en aprietos. Igualmente pueden mostrarse como enormes, feos y tontos, pero usualmente son más sagaces de lo esperado.

De cualquier forma, gran parte de ellos son invisibles al ojo humano y sólo los videntes, las sacerdotisas y las personas con capacidades extrasensoriales pueden reconocerlos. Ciertas fuentes los muestran como montados en una carreta incendiándose con la idea de apropiarse del alma de un malvado antes de fallecer. Y a pesar de su horrendo aspecto, habitualmente hacen parte en historias cómicas en las que se les caricaturiza.

Yamamba, el Demonio de la Montaña

Uno de los mitos japoneses es el de Yamamba (Yoma-uba), uno de esos relatos que siguen estando presentes en la cultura japonesa. Un ser horripilante, el cual tiene la capacidad de engullir de un bocado a los viajeros perdidos en caminos y cumbres.

Se dice que esta criatura no es más que un espíritu angustiado a causa de los abandonos en que quedaron los ancianos japoneses en épocas de hambruna. Otros señalan que es un ancestral demonio de la cosmogonía japonesa que mora en el fondo de las montañas.

Tiene el poder de alterar su aspecto de acuerdo al momento, un arma que le da poder a la hora de cautivar a sus víctimas. Empero sus verdaderas facciones son nauseabundas, una mujer macilenta y deslucida con cabellos sumamente largos. Ciertas veces se muestra con una boca inmensa que le cubre todo el rostro, otras con una boca en el lado posterior de la cabeza la cual puede tragarse a una persona en un segundo.

Podrá por ende seducir a sus víctimas con una apariencia atractiva, inclusive transformándose en la persona amada, o de lo contrario se puede mostrar repentinamente sorprendiendo a las personas que pasan cerca de su morada para alimentarse de ellas.

Se dice asimismo que es una veterana en la preparación de pociones y venenos, una hechicera en toda regla que igualmente podrá comerciar con los humanos en una situación desesperada. Permitirá quedarnos con vida o quizá preparar una poción mágica para nosotros, si podemos conseguir una o varias víctimas que nos reemplacen.

Aunque este canje no está totalmente garantizado, todo habrá de depender del humor de Yamamba en ese justo momento. Algunos señalan que precisamente ese humor cambiante es el que en muchas ocasiones provoca que esta criatura haga acciones benévolas en vez de acosar a los caminantes.

La existencia de esta leyenda en Japón es tal que en la década de los 1990 el nombre de este horripilante ser fue tomado para nombrar a una moda naciente entre la juventud nipona. Las yamamba son jóvenes que usan un maquillaje muy extravagante. Son chicas con un bronceado excesivo que colocan un color blanco rodeando sus ojos y labios (como si fuese una máscara). Igualmente se decoloran el cabello para logar un rubio platinado.

Aokigahara, El Bosque de los Suicidios

La espesura de los árboles del bosque de Aokigahara es tal que apenas deja pasar algún ruido y sólo pocos rayos de luz alcanzan a colarse y llegar al suelo. De acuerdo a los relatos, en este bosque, aislado del ruido mundano, al anochecer apenas se oyen los miles de lamentos de los almas desconsoladas de suicidas que lo eligieron como destino final.

Debido a  ello, y sumado a los relatos antiquísimas acerca de la existencia de los demonios que lo pueblan, este sitio se le conoce igualmente como «el bosque de los suicidios» ya que se le tiene como sitio de peregrinaje para aquellos que desean terminar con su existencia. Actualmente aún es usual ver pasar a la policía que recién recogió algún cadáver en dicho sector.

Desde la antigüedad, el bosque de Aokigahara conoció de estremecedores sucesos. En el siglo XIX, época en la cual las epidemias y la hambruna se extendían indetenibles por la región, las familias con poco dinero (o sencillamente carente de él) dejaban en este sitio a su suerte a los integrantes más indefensos de su familia, a quienes no podían sustentar.

Estos eventos dieron origen a la creencia de que el bosque alojaba cuantiosas almas en pena que vagaban sin rumbo, y que se mostraban de entre las penumbras de los árboles.

La celebridad del bosque como sitio para emitir el último aliento empezó a expandirse incontrolada desde 1950 y aún perdura intensamente en nuestros días. Tal es la concurrencia de suicidas que oficialmente ya no se hace publico el número de fallecidos para no hacer más notorio el asunto para que progresivamente se olvide. Pero ello no parece funcionar. De acuerdo a las estadísticas, anualmente se suicidan en este bosque de 50 a 100 personas.

Es regular ver carteles exhibidos por todo el bosque con mensajes como “Tu existencia es valiosa y te ha sido dada por tus padres. Por favor, medita con ellos, con tus hermanos e hijos. Busca auxilio y no traspases este lugar a solas”. Igualmente se observan caminos cortados o bandas de plástico en ciertas áreas. Cada año se alistan pelotones de voluntarios que se responsabilizan de peinar el sitio indagando por los nuevos suicidas.

Particularmente triste es ver los autos que dejan abandonados en los estacionamientos, en ciertos casos con pertenencias dentro, ya que quienes los manejaban ya no van a volver. El bosque de Aokigahara, llamado asimismo «mar de árboles» concretamente por su densidad, se localiza a los pies del monte Fuji, en la provincia de Yamanashi, a unos cien kilómetros de Tokio.

 Mitos Japoneses Cortos

A continuación les mostramos una sucesión de relatos cortos sobre la mitología japonesa donde proliferan criaturas de variadas dimensiones provocadoras de perversas travesuras.

Uji no Hashihime (Mujer en el Puente Uji)

Es otra narración de los mitos japoneses que cuenta de una mujer menospreciada, Uji no Hashihime, la cual imploró a una deidad para que la transformará en un oni para poder así asesinar a su marido, a la mujer de la que se encaprichó, y a todos su familia.

Para conseguir esto, se bañó en el arroyo Uji por 21 días, se separó su cabello en cinco cuernos, se coloreó de rojo su cuerpo con bermellón y ejecutó una serie de asesinatos legendaria. A sus víctimas premeditadas se le sumaba cualquiera que al verla  inmediatamente moría de miedo.

Demonio en el Puente de Agi

Esta narración japonesa se inicia como lo hacen las historias de terror: con un hombre muy confiado que se vanagloriaba ante sus amistades de que no le atemorizaba cruzar el Puente de Agi o que se decía que el demonio moraba allí. Ya que los oni son famosos por su don para alterar su figura, el demonio de Puente de Agi se le mostró al hombre como una mujer desamparada.

Tan rápido como llamó la atención del joven, se convirtió  nuevamente en un monstruo de piel verdosa de 9 pies y corrió detrás de él. Imposibilitado de atrapar al hombre, el demonio se transfiguró a la forma del hermano del hombre y tocó a su puerta cerca de la medianoche. Al demonio se le dejó ingresar a la casa y, tras una lucha, le quitó la cabeza al hombre, la sujeto y danzó con ella ante su familia, para posteriormente desvanecerse.

Aka Manto (Capa Roja)

Los mitos japoneses disponen de un demonio en todas las tramas de sus leyendas, Aka Manto era conocido como uno de los demonios de mayor popularidad, el cual se ocultaba en los baños de mujeres. En una interpretación de la historia, Aka Manto consulta a las mujeres si les agradaría una capa roja o una azul. Si la mujer contesta “rojo”, Aka Manto le quita la carne de su espalda para hacerla parecer como si estuviera vistiendo una capa roja.

De responder “azul”, entonces es estrangulada hasta su fallecimiento. Infortunadamente, si te consigues con Aka Manto, puede que no tengas manera de escapar: ciertas versiones de la leyenda señalan que si no contestas o si eliges un color distinto, él te llevará arrastrada inmediatamente al infierno.

Mitos Japoneses Tanuki

Al inicio de la lista de los mitos japoneses fuertes se encuentra el de los tanuki, o perros mapache. Los tanuki son criaturas reales originarias de Japón cuyo aspecto, como insinúa su nombre, proviene de cruce entre un mapache y un perro. Pero la interpretación folclórica de tanukis, bake-danuki, es de mayor poder así como colmada de travesuras.

Si has ido a planeas ir a Japón, indudablemente te conseguirás con efigies de criaturas de ojos de pared, rellenitas y de apariencia amigable. Estos son tanuki, los cuales son una reencarnación de mucho más modernidad y amigabilidad.

Los Tanuki eran antiguamente estafadores que tenían el don de alterar su forma y extender sus escritos masivos. Las figuras de tanuki exhiben cómo emplean sus escrotos para cualquier actividad, desde motos acuáticas inventadas hasta rostros gigantes y jocosos.

Jorogumo

Un yokai que conforma parte de los mitos japoneses y el cual no es para nada agradable es el jorogumo. Al celebrar unos 400 años la araña que teje orbes, aumenta de tamaño enormemente y es capaz de convertirse en una mujer hermosa para cautivar a los hombres a los que comería más tarde.

Puesto que la leyenda del origen del jorogumo envuelve a las arañas reales, el término igualmente se emplea para hacer referencia a varias clases de arañas que, si llegasen a existir hasta los 400 años de edad, se transformarán evidentemente en este ser  desagradable.

Kappa

Dentro de los mitos japoneses se cuenta que existen reptiles humanoides de nombre kappa los cuales moran en los estanques y ríos de Japón. Son pequeños y llenos de escamas, disponen de picos para la boca y una vasija llena de agua encima de sus cabezas. Si el cuenco de un kappa se llega a vaciar en tierra firme de alguna modo, se relata que dejan de tener poderes mágicos.

A pesar de que son usualmente perversos, se piensa que los kappa son muy educados. Si un caminante los reverencia inclinándose  hacia ellos, hace que el Kappa se incline hacia atrás, haciendo vaciar el agua de su vasija. Si ese caminante llena de nuevo el cuenco, se habrán convertido en amigos y socios por toda la vida.

Los kappa estrangulan a los niños, toman  la sangre de su víctima o agreden sexualmente a la mujer, pero igualmente cuentan con tres fascinaciones. La primera son los pepinos, que al parecer no pueden resistir. La segunda es la pelea de sumo. Y la tercera es conseguir shirikodama, joyas cuyo contenido es el alma, situadas en los años de las personas.

Kamaitachi

Los kamaitachi en el marco de los mitos japoneses son comadrejas cuyas uñas en sus patas tienen figura de hoz . Al atacar a las personas, se trasladan en torbellinos, tumbando a sus víctimas antes de proponerles un corte veloz en los tobillos o las pantorrillas.

De acuerdo a la mitología japonesa se señala que las hoces de estos seres contienen una clase de medicamento que impide que de la herida brota sangre o produzca dolor, lo cual es algo de cortesía luego de tumbar a alguien y cortarlo. Se cuenta que el dolor aparece más tarde, no obstante, a posteriori de que la medicina anestésica se haya agotado. Por cierta razón no conocida, sólo los hombres son agredidos por kamaitachi.

Nuribotoke

El término nuribotoke quiere decir “Buda lacado” o “Buda coloreado” motivado a la piel negra de dicho ser y su semejanza menor con el Buda, primordialmente a causa de su gran estómago. De acuerdo a lo señalado por la mitología japonesa, sus globos oculares penden de sus cuencas, y poseen una cola extensa que se parece a la cola de un pez gato. Igualmente apestan.

Las viviendas y templos japoneses frecuentemente disponen de un santuario budista de nombre butsudan, una especie de aposento decorado que cuenta con un modesto santuario interior. Los habitantes de Bután dejan sus puertas abiertas a lo largo del día, pero las cierran al anochecer ya que se considera que los espíritus pueden utilizar dicho aposento para adentrarse al mundo material.

Cuando un butsudan no se conserva bien o permanece abierto por las noches, las nuribotokes pueden ingresar a los hogares, en oportunidades mostrándose como Budas que confieren falsas profecías o danzan por la noche. A continuación le dejamos algunos enlaces de interés sobre temas relacionados:

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