Los Dioses Japoneses, sus características y mitos

Las mitologías ya de por si basadas en creencias en criaturas, demonios y deidades, han conseguido en los dioses japoneses su mas rico nicho tanto por su abundancia como por su diversidad. En la mitología japonesa hay unos ocho millones de dioses que cubren un amplio espectro de intereses.

Dioses Japoneses

Los Dioses Japoneses

La mitología japonesa es un esquema sumamente complicado de creencias. El panteón Shinto por sí mismo esta compuesto de una serie cuantiosa​ de kami (“dioses” o “espíritus” en japonés). No obstante el influjo de la civilización china ancestral, una porción muy relevante del credo y cosmogonía japonesa son únicas.

En ella están comprendidas costumbres Shinto y budistas así como credos populares agrícolas. Por otra lado, en contraste con la mitología griega, nórdica y egipcia, es parcialmente difícil diferenciar cuál es ciertamente un “mito” para los japoneses.

Los leyendas japonesas comunes se fundamentan en el Kojiki, en el Nihonshoki y ciertos textos complementarios. El Kojiki que textualmente quiere decir “registro de cosas añejas” es el libro más remoto conocido sobre mitos, leyendas, y la historia de Japón y el Nihonshoki es el segundo texto inmemorial, el cual se encuentra más centrado en la cultura budista.

El Shintoshu reseña procedencias de deidades japonesas desde una punto de vista budista al tanto que el Hotsuma Tsutae hace el registro de una versión distinta sobre la mitología.

Un consecuencia notoria de la cosmogonía japonesa es que esclarece la procedencia de la familia imperial, y les personifica como descendencia divina. El término japonés para Emperador en Japón, tennō (天皇), quiere decir el “Soberano celestial” (el carácter 天 significa “firmamento”).

Dioses Japoneses

Dioses Japoneses y su Significado

La mitología japonesa ha tenido mucha influencia por la llegada del Shintô, el cual arribaría a Japón con los emigrantes procedentes de Corea y de Mongolia. De esta manera se genera un tipo de fusión con los pueblos aborígenes del Japón, obteniéndose una ampliación de gran parte de sus credos, tanto los locales, los budistas, como los credos populares propias de los agrícolas.

La mitología japonesa dispone de cerca de ocho millones de dioses y motivado a ello, su religión, que es el sintoísmo, es estima como una religión politeísta, en la cual no se hay deidad única ni preponderante.

Es curioso que, por una parte, de los dioses japoneses sea dificultoso saber si son mitos o no y, por otra lado, que existen ciertos dioses japoneses que son más populares que otros. Los mas afamados son el Dios del Trueno cuyo denominación es Raijin, el Dios del Viento que se nombra Fujin y la Diosa del Sol Amaterasu, a quien se le reconoce haber creado el mundo.

Los dioses japoneses, son tenidos como criaturas poderosas que tienen potencialidades que están fuera de este mundo, lo cual juega un rol esencial en la representación de la sociedad japonesa de hoy en día.

Mito de la Creación

Los dioses japoneses iniciales citaron dos criaturas divinas a existir, el macho Izanagi y la hembra Izanami, y les responsabilizan por la creación de la tierra primaria. Para apoyarles en esta tarea, se les proporcionó a Izanagi e Izanami una lanza adornada con joyas, de nombre Amenonuhoko (lanza del firmamento).

Fue así que ambas deidades hicieron de puente entre el Cielo y la Tierra, Amenoukihashi (puente flotador del firmamento) y revolvieron el océano con la lanza. Al caer las gotas de agua salada de la punta de la lanza, conformaron la isla Inojoro (auto-creada).

Bajaron del puente del firmamento y construyeron su casa en la isla. Ya que anhelaban juntarse levantaron un pilar denominado Amenomihashira y en su derredor edificaron un palacio de nombre Yahirodono (la estancia cuya superficie es de 8 brazos).

Izanagi e Izanami dieron vuelta alrededor del pilar en sentidos contrarios y cuando se hallaron, Izanami, la deidad femenina, saludó en primer lugar. Izanagi consideró que esta no era el modo adecuado, aun así se emparejaron. Procrearon par de hijos, Hiruko (infante del agua) y Awashima (isla de burbujas) pero ya que fueron mal engendrados no los hicieron dioses.

Colocaron a los niños en una embarcación y los enviaron al mar. Luego solicitaron a los otros dioses japoneses una opinión sobre lo que habían hecho mal. Ellos contestaron que el dios masculino debió haber comenzado el diálogo durante el “Ceremonial de la Unión”.

De tal manera que Izanagi e Izanami circundaron nuevamente el pilar, y en esta oportunidad, al encontrarse, Izanagi habló en primer lugar y su casamiento fue exitoso.

De esta enlace se engendró el ohoyashima, o las ocho enormes islas de la cadena del Japón:

  • Awazi
  • Iyo (luego Shikoku)
  • Ogi
  • Tsukusi (luego Kyushu)
  • Iki
  • Tsushima
  • Sado
  • Yamato (luego Honshu)

Podrá notarse aquí que Hokkaidō, Chishima, y Okinawa no conformaron parte de Japón en los tiempos ancestrales. Fueron creadas seis islas más y cuantiosas deidades. Aun así, Izanami falleció al parir al infante Kagutsuchi (símbolo del fuego) o Ho-Masubi (promotor del fuego). Fue sepultada en el “Monte Hiba”, en los límites de las añejas provincias de Izumo y Hōki, próximo a Yasugi en la Prefectura de Shimane.

Inmerso en cólera, Izanagi asesinó a Kagutsuchi. Su fallecimiento igualmente creó docenas de dioses japoneses. Los dioses engendrados por Izanagi e Izanami son emblemáticos sobre estampas relevantes de la naturaleza y la cultura, pero son demasiados para ser citados aquí.

Yomi, la Tenebrosa Tierra de los Muertos

Izanagi deploró el fallecimiento de Izanami y comenzó un viaje a Yomi o “la lúgubre tierra de los muertos”. Izanagi vio escasa diferencia entre Yomi y el mundo terrenal, a nos ser por la oscuridad perpetua. No obstante, esta oscuridad asfixiante fue adecuada para causarle dolor en ausencia de la luz y la existencia en la tierra de la superficie.

Velozmente buscó a Izanami y la halló. Inicialmente Izanagi no pudo observar plenamente a causa de que las sombras escondían su apariencia. Aun así, él le rogó que retornara con él. Izanami le escupió, advirtiéndole que ya era muy tarde. Ella ya había saboreado el alimento del inframundo y ya era parte de la tierra de los muertos. No podría retornar más a la vida.

Izanagi se quedó impresionado por estas novedades, pero aún así dimitió a ceder a las intenciones de Izanami de permanecer en la oscuridad de Yomi. Izanami estuvo de acuerdo en retornar al mundo superficial, pero antes le solicitó a Izanagi que le diera tiempo para dormitar y que no ingresara a su habitación.

Al tanto que Izanami dormía, él cogió el peine que sujetaba su largo cabello y lo incendió como una antorcha. Bajo el súbito estallido de luz, él pudo observar la horrenda figura de la una vez bella y agraciada Izanami. Ahora ella se mostraba como una pieza de carne en putrefacción con gusanos y alimañas asquerosas que se movían sobre su cuerpo deshecho.

Vociferando estridentemente, Izanagi no pudo controlar su miedo y empezó a correr, tratando de retornar a la vida y dejando a su esposa fallecida. Izanami se despertó sollozando enfadada y lo siguió. Shikomes salvajes o las mujeres repugnantes igualmente acosaron al asustadizo Izanagi, dirigidas por Izanami para capturarlo.

Meditando velozmente, Izanagi arrojó su gorro, el cual se transformó en un ramillete de uvas negras. Las shikome chocaron con éstas pero sostuvieron su búsqueda. Luego, Izanagi tiró su peine, que se transformó en un serie de retoños de bambú. Ahora eran las series de Yomi quienes lo perseguían, pero Izanagi orinó una planta, formando un río que acrecentó su aplomo.

Infortunadamente, aún acosaron a Izanagi, obligándolo a arrojarles melocotones. Él reconocía que con eso no los retrasaría por mucho rato, pero él ya se encontraba casi libre, ya que los límites de Yomi estaban próximos.

Izanagi arribó raudamente a la entrada y logró empujar una piedra en la boca de la cueva, el cual era el ingreso a Yomi. Izanami vociferó detrás de esta hermética barrera y le señalo a Izanagi que si no le permitía salir, ella exterminará a 1.000 moradores vivos a diario. Él, iracundamente le respondió que siendo así, él daría vida a 1.500.

Y de esta modo se inició la presencia de la muerte, provocada por las manos de la soberbia Izanami, la cónyuge abandonada de Izanagi.

Surgimiento de los Dioses Japoneses

Izanagi se dirigió a sanear luego de recobrarse de su bajada a Yomi. Al tanto se desnudaba y se retiraba los ornamentos de su cuerpo, cada pieza que él dejaba caer al piso vino a conformar una deidad. Inclusive emergieron más dioses al él sumergirse en el agua para lavarse. Los de mayor relevancia fueron creados de su cara una vez que éste se la lavó:

  • Amaterasu (personificación del sol) de su ojo izquierdo,
  • Tsukuyomi (personificación de la luna) de su ojo derecho, y
  • Susanoo (personificación del viento o de la tempestad) de su nariz.

 

Izanagi se preparó a separar el mundo entre ellos con Amaterasu recibiendo el firmamento, Tsukuyomi asumiendo el control de la noche y la luna y el dios tempestad Susano’o apropiándose de los mares.

Dioses Japoneses Supremos

Los reseñados a continuación son aquellas tipos de dioses japoneses que juegan un rol de importancia por ser de quienes proviene toda la descendencia o por su supremacía:

Izanagi e Izanami, Dioses de la Creación

A Izanagi se le considera una de las divinidades que surge de las siete generaciones celestiales de la religión original de Japón (sintoísmo) y en la cosmogonía griega es Izanagi, igualmente denominado Kojiki o Izanagi-no-mikoto, que significa “el hombre que invita”.

Al principio la tierra estaba inmersa en un total desbarajuste, no existía la armonía, razón por la cual los dioses japoneses superiores mandan a Izanagi y a Izanami a llevar orden a la tierra, para lo cual se les entregó una lanza enorme muy adornada.

Izanagi junto a su cónyuge Izanami, deidad de la creación y de la muerte se ubican en el puente que está en el firmamento y con su lanza comienza a crear cuantiosas islas, igualmente crearon a diversos dioses y predecesores  de Japón. A ambos se les tiene como los divinidades de la creación ya que fueron los primeros en surgir tras varias generaciones.

Izanami es estimada en la mitología japonesa como la deidad de la creación y la muerte, a ello se le suma que es la esposa del dios Izanagi ya qué relata la historia que en conjunto crearon al mundo. Igualmente se le suele ser llamada por los japoneses con el epíteto de diosa Izanami o señora Izanami.

Amaterasu, Diosa del Sol

La deidad del sol en el sintoísmo es Amaterasu Ō-Mikami o Amaterasu, a la cual se considera la antecesora de la Familia Imperial de Japón. Su denominación quiere decir “diosa gloriosa que brilla en el firmamento” y es tenida como una de las divinidades sintoístas de mayor importancia de la cultura japonesa.

La relevancia de Amaterasu viene acompañada en primera lugar, por ser hija de Izanagi, el dios de la creación del mundo, y sus hermanos son Susanoo y Tsukuyomi. Se tiende a compararla con la deidad coreana Hae-nim y señalan que tienen bastantes similaridades, primordialmente en su veneración shamanística, en la que se emplean idénticos símbolos y prácticas.

Mito de Amaterasu

El mito de Amaterasu está inscrito en el Kojiki, en el cual se relata que ésta vino al mundo del ojo izquierdo de Izanagi, cuando éste se encontraba purificándose tras su tentativa fallida por liberar a Izanami. También se dice que sus hermanos fueron engendrados de la misma manera.

Este ancestral escrito la reseña como una fémina muy hermosa, de la que surge toda la luz, igualmente habla de que ella es la luz del sol, por su calidez y bondad que transmite a quienes le idolatran.

La mayor parte de los mitos relatan como Amaterasu se oculta en una cueva por un asunto con su hermano Susanoo y al encerrarse en ella, el sol no surgía y el mundo solo era tinieblas. El mundo se helaba y ya los campos fenecen, al tanto que los otros dioses japoneses, al ver lo que ocurría y temiendo durará mucho tiempo, se reunieron y organizaron una fiesta en las afueras de la cueva.

Amaterasu, era famosa por su curiosidad, al oír el ruido resolvió salir y contempló a una Amaterasu brillosa y plena de luz y con sorpresa preguntó quién era, los dioses le apuntaron al espejo y le afirmaron que era su propio reflejo. Ella se mostró conmocionada ya que jamás se había visto y gritó “Omo-shiroi” que  significa, blanca tez como alucinante.

Al tanto estuvo entretenida contemplándose en los espejos, los otros dioses japoneses clausuraron la cueva y la persuadieron. Por motivo de esta historia es que se vincula con el símbolo del espejo.

Se dice, que tras dejar de ocultarse, remitió a su nieto Ninigi-no-mikoto a apaciguar Japón, y  lo mandó con la espada que le dio su hermano Susanoo y quien la había hallado en la cola de Yamata-no-orochi, para rogarle que lo dejara retornar al cielo. Asimismo se relata que fue su bisnieto Jinmu quien se transformó en el emperador inicial y así se fundó la dinastía imperial de Japón.

Hachiman, Dios de la Guerra

La cosmogonía del Japón tiene entre de sus deidades a Hachiman, al cual se le tiene en el sintoísmo como el dios de la guerra y dios de los combatientes samuráis. Igualmente otros lo adoran como el dios de la agricultura y como el defensor de la vida humana, encargado de mantener la paz, el bienestar y la alegría de todos sus pobladores. Existen ciertos templos que lo idolatran como dios de los marineros.

Se ha de destacar que éste no es mostrado en ningún escrito ancestral de la mitología japonesa, ni en el Kojiki, ni en el Nihonshoki. Por ello es que se le identifica con el emperador inicial Ojín, hijo de la emperatriz Jingo y que el mismo fue elevado a la categoría a dios con el nombre de Hachiman tras la muerte de Ojin.

La paloma blanca es el símbolo de Hachiman, el cual es adicionalmente su mensajera. Se emplea este animal ya que igualmente es el emblema de la guerra en la cultura japonesa. Es estimado como el gran bodhisattva Hachiman, lo cual se debe en primera lugar a que es de extrema relevancia dentro del budismo, en el cual, se le tiene como uno de los dioses japoneses encargados de cuidar al devoto del Sutra de Loto.

De los años 859 al 88 d.C., el clan Minamoto fomenta su celebridad con el levantamiento de un templo en su honor, el cual se ubicaba cerca de Kioto. Igualmente se puede destacar el santuario ofrendado a él y el cual se tiene como su santuario de mayor importancia, el cual fue edificado en Usa, en la Prefectura de Ōita.

Es relevante destacar que a este dios se han dedicado cerca de 45.000 templos, sumado a las cuantiosas ciudades y poblados japoneses que portan su nombre como lo son Hachiman, Yawata o Yahata, los cuales se llaman así a causa de los muchos templos que hay en sus alrededores.

Las Joyas de la Marea

Esta leyenda relata que, un día Jingo, la progenitora del príncipe Ojí, resolvió darle a su hijo las gemas de la marea y esto lo realizó ya que percibió que su hijo ya se había transformado en un joven prudente e inteligente. Estas joyas le habían facilitado en su momento, dirigir su flota hasta Corea y alcanzar a derrotar su ejército y flotilla, para de ese modo poderla ocupar.

Estos, abordaron un navío de guerra para arribar así al medio del mar y una vez llegados la emperatriz Jingo, emplazó al rey dragón quien se acercó y ésta le pidió las gemas de la Marea y le indicó que eran para su hijo Ojí. El rey Dragón estuvo de acuerdo e hizo surgir una concha con las brillantes joyas.  Se dice después de eso, enunció un discurso y se desvaneció en las profundidades del mar.

El Ogro de Oyama

En el monte Oye moraban diversos demonios, uno de los cuales era el soberano de los ogros Shutendoji, quien intentaba seguir engullendo a los niños de la aldea y para ello secuestró a la hija de Kimitake. El emperador al saber de esto se alarmó mucho y resolvió que debía liquidar a todos los demonios y ogros que vivían en el monte Oye.

Para completar eso decidió que el apropiado para ello era el Guerrero Raiko, quien resolvió que debía acompañarse de 5 guerreros quienes sabían que el objetivo primordial era el rey de los orcos. Estos se dirigieron a orar a los templos de Hachiman, al templo de la deidad Gongen y al templo de Kannon.

Se señala, que cuando los guerreros se encontraban casi abatidos, se les presentaron tres ancianos los cuales eran los tres dioses japoneses a los que habían orado previamente. Los mismos les regalaron una botella con un sake mágico, que animaba a los humanos, pero era letal para los orcos. Este sake era denominado Shimben-Kidoku-Shu.

Al arribar los guerreros al sitio, se mostraron como monjes peregrinos y así poder llegar donde el rey ogro. Este les aceptó y les organizó un banquete en su palacio, considerando Raiko que esta era el momento ideal para verter el sake en la copa del soberano, quien al tomarla se quedó.

En ese momento reaparecieron los tres ancianos y les aconsejaron a Raiko que le cortara la cabeza y fue de ese modo que con el auxilio de Hachiman y los otras dos deidades, Raiko pudo libertar a la princesa y pudo liquidar a todos los demonios y ogros que se hallaban en el Monte Oye.

La Leyenda de Yoritomo y las Palomas

Esta leyenda relata el por qué el signo de Hachiman es la paloma. Esta se inicia en una contienda del gran héroe Yoritomo, quien fue vencido por Oba Kage-chika y ello se debió a que la batalla fue dispar. Tras esto, Yoritomo se vio obligado a huir hacia un modesto bosque en donde consiguió un agujero en el que podía ocultarse.

Oba Kage-chika seguía en su busca y estaba persuadido de que el mismo se escondía en el bosque, por lo que envió a su primo Oba Kagetoki para que lo consiguiera y el resto se quedó en las alrededores del bosque para que aquél no pudiese huir.

Se narra, que Oba Kagetoki sí pudo hallar a Yorimoto, pero como estaban unidos por una amistad de años, el se devolvió y le indicó a su primo que no logró conseguir a Yorimoto por lo que creía que se había escapado

Oba Kage-chika se mostró incrédulo ante su primo, por lo que resolvió acercarse él mismo a verificarlo. Al aproximarse al árbol donde se ocultaba Yorimoto, Oba Kagetoki le advirtió que no era posible que alguien se escondiera en ese sitio repleto de telarañas, pero aquel resolvió tantear el agujero e introdujo su arco.

Justamente antes de hallar a Yoritomo, dos palomas surgieron del hueco del árbol lo cual demostró a Oba Kage-chika que no podía conseguirse a nadie dentro de él. Se piensa que estas palomas eran el mismísimo dios Hachiman que deseaba salvar a Yoritomo.

Inari, Diosa de la Fertilidad

A la diosa de la fertilidad se le conoce como Inari Oinari, la cual es estimada como la deidad de la fecundidad, el arroz, la agricultura, los zorros, la industria y el triunfo en general. Sumado a ello en ocasiones se le personifica como si fuese parte de un grupo de tres o cinco dioses japoneses.

El emblema y enviado de esta deidad son los zorros de color blanquecino puro, sumado a los elementos comunes que incorporan una hoz, un costal de arroz, una espada y en ciertas oportunidades un látigo que ésta empleaba para incinerar los cultivos de arroz de las personas.

Aunque por lo general Inari es representada como una hermosa mujer juvenil, algunos la han personificado como un hombre viejo que porta un carro de arroz. Es de importancia saber que ninguna de estas simbolizaciones son verdaderas o falsas, ya que el modo de representar a un dios cambia de acuerdo a la tradición regional.

De acuerdo a ciertos mitos japoneses se dice que la diosa Inari anualmente desciende para recorrer los campos de arroz, con el fin de hallar a todos los seres perversos para así poder inquietarnos y mostrarles que han de comportarse bien. Inari igualmente se encarga de proveer a la tierra de arroz y al mar de peces, esta es asimismo popular tanto en el credo sintoísta como en el budista.

Algunos señalan, que Inari es la imagen mitológica mostrada en el Kojiki, denominada Ukanomitama o igualmente la otra imagen nombrada Ōgetsu-Hime. Hay quienes asimismo aseguran que Inari y Toyouke Ōmikami son la misma deidad. ​

La adoración a Inari viene del año 711 a.C., cuya fecha es considerada la oficial del levantamiento del santuario Fushimi Inari-taisha, en la cumbre de Inari, en Fushimi-ku. Se cree que la adoración existía inclusive siglos antes de la edificación del santuario. Hay quienes insinúan que fue el Clan Hata los que comenzaron la idolatría a Inari como divinidad de la agricultura a fines del siglo V.

Tsukuyomi, Dios de la Luna

Otro de los dioses japoneses populares y de gran relevancia para la mitología japonesa es el dios de la luna. Este es también de suma importancia en el credo sintoísta, su denomina Tsukuyomi, la cual es la mezcla de dos vocablos japoneses que son “tsuki” que quiere decir luna y “yomi” que se traduce como lectura.

A Tsukuyomi, se le considera el segundo hijo de Izanagi, el cual nació cuando Izanagi se aseaba su ojo derecho. Hay quienes tienen otra interpretación y señalan que éste vino al mundo de un espejo de cobre blanco que Izanagi sujeto en su mano izquierda.

Se popularizó Tsukuyomi por la leyenda que narra que él vivía con su hermana, hasta que en una festividad éste mata a la Uke Mochi, quien era la divinidad de la comida. El hecho sucedió debido a que Tsukuyomi le solicitó comida y la deidad de mala gana se la extrajo del año, de la boca y de la nariz, lo cual molestó mucho a Tsukuyomi quién respondió sin mucho pensar y la mató.

Lo que más revela este relato, es que para muchas criaturas la muerte de Uke Mochi era provechosa, ya que una vez fallecida ésta, de sus ojos surgió el arroz, de sus orejas el mijo, de su ano la soja, de sus genitales el trigo y de su nariz judías pintas.

Igualmente se dice que esta es el motivo por la cual el sol y la luna se aparecen en momentos distintos, ya que para la fecha en que Amaterasu supo de lo sucedido, fue posesionada por la ira contra su hermano por haber cometido un acto de agresión tan bárbaro, que resolvió huir de él.

Fujin, Dios del Viento

Al dios del viento se le conoce como Fujin y para los budistas es denominado Futen. Se dice que fue el responsable de libertar los vientos en la época de creación de la tierra. A estos vientos se responsabilizan de que la niebla se desvaneciera, para que se pudiera contemplar al sol brillante en el espacio entre el firmamento y la tierra.

A Fujin se le representa generalmente con una cara un tanto aterradora, vistiendo un traje de piel de leopardo y portando en su espalda un costal de vientos. Adicional a ello, es usualmente personificado junto a Raijin y ello es debido a que en la mitología japonesa eran tenidos como amigos y hermanos.

En lo referente a la amistad de Raijin y Fujin, se afirma que se terminó en la época previa a que los humanos poblaran la Tierra, ya que éstos se enfrentaron ya que ambos deseaban controlar las tempestades. En el fragor de la lucha Fujin le cortó el brazo izquierdo a Raijin.

Se señala que al transcurrir el tiempo estos fueron amigos de nuevo y en vista de ello, Amaterasu resolvió retornar el brazo a Raijin y así éste pudo volver a interpretar los taikos y así se pudieron generar de nuevo los rayos y truenos.

Otros Dioses Japoneses

A continuación se detallan aquellas divinidades japonesas que juegan un rol secundario pero no de menor importancia en la mitología japonesa:

Aizen

Aizen, deidad japonesa, personifica el amor y es adorado por prostitutas, cantores y músicos. A pesar de no contar con un aspecto nada amigable, se le considera un ser bondadoso con la especie humana.

Igualmente llamado como Rāarāja que procede de las costumbres vajrayana, primordialmente idolatrado en las ramificaciones Shingon y Tendai. En la actualidad se le estima como uno de los dioses japoneses de mayor importancia, al igual que en las derivaciones del budismo esotérico chino.

Inicialmente fue una deidad hindú que fue admitida  por los budistas para luego ser reconocida en China como Àirǎn Mín Wáng, lo que quiere decir “Rey de la Sabiduría vinculado a la lujuria”. En Japón se le conoce como “el dios del amor”.

Shinigami

Para comenzar has de saber que los Shinigami son divinidades de la muerte en la cosmogonía japonesa, ya que su alimento son las almas humanas, y es que, se dice que estos dioses japoneses tiene el poder de decidir quién debe vivir o morir, razón por la cual, se sabe de tantas personas con ansias de morir.

No se conoce a plenitud la naturaleza de estas divinidades, ya que, se desconoce si son benignos o malignos. Aun así se ha de destacar que, en varias leyendas se les menciona tomando resoluciones crueles y viles. Se señala que pertenecen a la categoría divina de menor valía e igualmente y se dice que, aunque deciden la muerte, su pensamiento es neutro en cuanto a los humanos.

Amida

El buda Amida, tenido como la más grande de las deidades japoneses, defensor de las almas mortales, rey y el padre de todos quienes que tienen el placer de regocijarse con los deleites del paraíso budista.

Se le conoce como el intermediario y la esperanza de los humanos, es la divinidad al que todo japonés va al momento de fallecer, pues su mediación asimila todo pecado de las almas y las transforma en merecedoras de la bienaventuranza eterna. Su denominación proviene del ancestral sánscrito Amitabha, que  significa ser una fuente ilimitada de vida y luz.

Kagutsuchi

Para relatar la historia de Kagutsuchi, se ha de saber que era conocido de diversas maneras, entre las cuales se consigue el nombre Homusubi en el Nihonshoki. Igualmente, se ha de saber que es la deidad del fuego en la mitología japonesa, y se debe a que, al nacer provocó quemaduras tan severas en los genitales de su madre Izanami, que la hizo fallecer.

También es cierto que esta deidad viene al mundo durante la creación de los dioses japoneses, y motivado a, la muerte funesta y penosa que le provocó a su madre al nacer, su progenitor Izanagi colmado de la furia y el dolor que lo turbaba, desenvainó la espada de diez palmos de nombre Ame-no-Obari y mató a Kagutsuchi.

Susanoo

En la cosmogonía japonesa se pueden conseguir un gran numero de deidades, uno de ellos es Susanoo dios del mar y las tempestades. Su progenitor es Izanagi dios de las siete generaciones celestiales y sus hermanos son Tsukuyomi dios de la luna y Amaterasu la deidad del sol.

La mitología señala que este es uno de tres dioses japoneses, que vino al mundo de la nariz de su progenitor cuando éste se daba un baño para asearse tras ir a la tierra de los fallecidos donde trató de rescatar a su querida Izanami. Siendo muy joven exhibió una postura fría y violenta, pero de gran potencial. Su padre le otorgó el mar, la tierra y el rayo, pero éste deseaba más.

Uke Mochi

Uke Mochi es una deidad del Japón que aporta los alimentos básicos como el trigo y el arroz. Su nombre significa “diosa que tiene la comida”. Igualmente, se relata en la leyenda de las divinidades japonesas que esta fue visitada por el dios lunar Tsukuyomi, hermano de Amaterasu y Susanoo.

El profesor de Japonés Basil Chamberlain señala que, de acuerdo a los Kojiki (recopilación de escritos divinos de Japón) se relata que cuando ella se dispuso enfrente al inmenso océano, de su boca emanan peces de gran diversidad, incluso los de aletas grandes y los de aletas modestas.

Tras lo cual fue al bosque en donde emanan animales de su cuerpo. Para concluir este dios fue al arrozal y surgió una gran cantidad de arroz.

O-Wata-Tsu-Mi

Los japoneses cuentan con su propia mitología, la cual está constituida por un esquema sumamente complicado de credos en variados dioses japoneses, uno de ellas es O-Wata-Tsu-Mi, el cual es conocido como el más relevante de los cuantiosos dioses japoneses marinos que comprenden su mitología.

A los dioses se les conoce  por sus apodo, a causa de lo extenso o complejo de sus nombres. De modo que O-Wata-Tsu-Mi, es conocido como Watatsumi. Este dios mora en un grandioso palacio ubicado en el fondo del mar, y todo aquel que lo visita recibe atenciones directas de este dios de modo amable y con esmero.

Takemikazuchi

El dios takemikazuchi, es célebre como la deidad de la espada y del estruendo, igualmente es famoso por ser uno de los divinidades japonesas que combatió en el circuito inicial de contienda de sumo del que se conoce en dicha mitología.

La procedencia y trayectoria de este dios está muy vinculada con peleas y batallas que de acuerdo a la cosmogonía japonesa sucedieron entre distintas deidades japonesas tanto espirituales como terrenales. Participaron en estas operaciones no solo las divinidades sino igualmente sus partidarios en los diversos templos. Takemikazuchi igualmente se muestra en la mitología japonesa con el epíteto de Kashima-no-kami.

Shinatobe

Shinatobe o Shinatsuhiko, asimismo denominado Nihon Shoki, es uno de los dioses japoneses referidos como deidad del viento, en los dos se advierte como un solo par de kami macho-hembra en paridad de condiciones y relevancia. Es una dios que domina al viento, así como es promotor de los deseos, la libertad, el juego, el componente aéreo y el movimiento.

Ciertos textos señalan que Shinatobe era un Kami que se conforma cuando Izanagi e Izanami parieron a la tierra. Exactamente en el instante que se generaba la tierra de Japón, Izanagi empleó su soplo para desvanecer la niebla dando a luz en esa ocasión a la diosa del viento.

Ama No Uzume

La deidad Ama No Uzume personifica la alegría, fecundidad y la danza, cualidades de las cuales posee el dominio. Ella fue encargada de la salida de Amaterasu de su caverna. Entonces la deidad de los océanos y las tempestades, Susanoo, peleó contra su hermana Amaterasu, y se pensaba vencedor mas no ocurrió así, y fruto de la soberbia, arrasó los campos de cultivo.

De igual modo, Susanoo ultrajó los altares sagrados esparciendo heces sobre ellos, penetró y deterioró el tejado del aposento sagrado en el cual las hilanderas celestiales trenzaban las túnicas de los dioses, al tanto que escapaban aterrorizadas.

En vista de ello, la diosa Amaterasu se atemorizó de tal manera y se ocultó en una cueva. A partir de entonces el mundo quedó en totalmente oscuro con el desvanecimiento de la diosa del sol.

Ebisu

Es la deidad más reconocida, en particular porque a Ebisu se le llama entre los dioses japoneses como el dios de la fortuna, el cual portaba todo el tiempo una caña de pescar y un pez.

Idolatrado entre los pescadores por brindarles buena suerte en su faena, produciéndose prosperidad mediante la pesca y el comercio de la misma. Igualmente es el dios de los agricultores y comerciantes.

De los siete dioses de la buena fortuna es el único de procedencia totalmente japonesa. Tal es su veneración que fue elaborada una estatua en honor del dios Ebisu. Esta deidad igualmente ha sido bordada en telas y lienzos, y le han dado el honor de ser el guardián de la salud de los infantes.

Leyendas de Dioses Japoneses

Emperador Inicial: En la mitología japonesa, Yamasachi-hiko se emparejó con la hija del dios del mar, y nace un infante de nombre Ugaya-fukai ezu. Ugaya-fukiishi llegó a tener 4 hijos, pero el segundo y tercero se fueron a otros lugares.

Luego el primogénito y cuarto hijo pelearon por aunar Japón e Iwarebiko se transformaría en el emperador inicial y recibió el nombre de emperador Jinmu que ocupa la tierra de Yamato. En esta sucesión se encuentra la casa imperial de Japón.

El primer emperador mítico de Japón fue Iwarebiko. El instaura el trono en 660 a. C. Su linaje se condensa a continuación:

  • Iwarebiko: hijo de Ugaya y de Tamayori.
  • Ugaya: hijo de Howori y de Toyotama.
  • Howori: hijo de Ninigi y de Sakuya.
  • Ninigi: hijo de Osihomimi y de Akidusi.
  • Osihomimi: es engendrado de un ornamento de Amaterasu.
  • Amaterasu es engendrado del ojo izquierdo de Izanagi.
  • Izanagi: de su propio acuerdo.

Dioses y Criaturas Míticas

El repertorio de divinidades, demonios y otras criaturas de la mitología japonesa es muy extenso como señalamos al principio. Aquí les dejamos una lista simple de algunos nombres de dioses japoneses.

  • Bumi-kuchi
  • Aburakago
  • Abura-sumashi
  • Akaname
  • Aka-shita
  • Akuma
  • Ama-no-jaku
  • Ame-no-Uzume
  • Ama-no-zako
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