Santidad a Jehová: ¿Qué es? y ¡Paso a Paso!

La santidad a Jehová les acerca a lo divino, a lo trascendente y a lo espiritual. Puede que incluso se identifiquen con las cualidades que normalmente se asocian con las virtudes de Dios: amor, fe, perdón, humildad, caridad y servicio. Si les interesa saber más, les invito a seguir leyendo.

Santidad a Jehová

Indice De Contenido

¿Qué es la santidad a Jehová?

La santidad hace referencia a la cualidad de santo, a lo divino, a lo que está separado de lo profano e impuro. Se entiende asociada a lo espiritual, a lo trascendente y, por supuesto, a Dios.

Jehová es considerado santo, por tanto posee todas las cualidades que pueden estar asociadas al concepto. Se habla así de un Dios perfecto, omnipotente, omnipresente, sagrado, puro, compasivo, sin pecados, misericordioso, humilde y trascendente.

Por lo tanto, pudiéramos afirmar que Dios posee todas estas cualidades porque es más santo que todos los santos, pero no es así, le pertenecen por su propia naturaleza. Él es el creador universal, el eterno; el que ha hecho posible toda la existencia.

Aun nosotros, siendo sus hijos, no poseemos las cualidades que el Padre posee, pero, sin embargo, Dios está seguro de que pudiéramos desarrollar unas cuantas de ellas. De allí, su afirmación: “Siendo yo Yavé, Dios vuestro, vosotros debéis santificaros y ser santos, pues yo soy santo” (Lev. 11:44).

Santidad a Jehová

Según lo anterior, Dios se reconoce como santo, y además hace un llamado a su pueblo para que se santifique y lo imite. Es decir, se libere de sus pecados, de lo impuro, de lo profano y abrace la santidad.

La santidad a Jehová, entonces, pudiéramos definirla como la obediencia a Dios con miras a alcanzar y compartir las cualidades que él posee. Esto exigiría una transformación profunda del ser, puesto que obliga a reconocer la divinidad en nosotros mismos, pero también la posibilidad de reconocerla en cada uno de sus hijos.

El llamado a la santidad a Jehová

Escuchar el llamado que hace Dios va a depender de cada quién, ya que hay quienes darán la espalda y seguirán su camino como si nada, pero hay otros que abrirán su corazón y pondrán su fe por delante. Entonces, a estos que escuchen y atiendan, les será revelada la gloria del Señor.

La historia bíblica es un camino de santidad, pues Dios en repetidas ocasiones se ha acercado a sus hijos con la finalidad de sacarlos del pecado y darles una segunda oportunidad. Según el Antiguo testamento, llamó, entre otros, a Noé, a Abraham y al pueblo de Israel a través de Moisés, con quienes estableció una alianza o pacto de salvación.

Santidad a Jehova

Las alianzas establecidas entre Dios y los hombres dieron lugar a la manifestación plena de las cualidades de santo por parte del Señor. Además, sentaron las bases para que se crearan toda una serie de cultos, normas y códigos de honor que debían cumplir todos aquellos comprometidos con la santidad a Jehová.

Alianza del Nuevo testamento

En el nuevo testamento, Jesucristo, es mencionado como santo: “Y el ángel le contestó: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del altísimo te cubrirá con su sombra, por eso el niño que nazca será santo y llamado hijo de Dios” (Lc. 1:35).

También se le asigna el papel de salvador cuando se anuncia a José el nacimiento de Jesús: “Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque el salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt. 1: 21).

En el Nuevo Testamento es Jesucristo el que hace el llamado: “Después subió al monte, llamó a los que él quiso y ellos se acercaron a él. Y designó a doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar” (Mc. 3: 13, 14).

Esta nueva alianza de Dios es con Jesucristo, su hijo, quien derramaría la sangre en la cruz por la salvación de la humanidad.

Dios y la alianza

La alianza puede definirse como el pacto divino que establece Dios con la humanidad, donde el objetivo es salvar a su pueblo del pecado y ponerlo en el camino de la santidad. Es considera la médula espinal de la economía de la salvación y, en consecuencia, el hilo conductor de todas las historias que se entrelazan en la Santa Biblia.

A través de la alianza Dios se compromete con su pueblo en un pacto de amor, gracia, fidelidad y justicia salvadora, pero exige también por parte de sus hijos obediencia, culto, fe y cumplimiento de los preceptos divinos.

La economía de la salvación

La economía de la salvación es el nombre que recibe la alianza eterna que Dios ha mantenido con la humanidad, y puede decirse que es un plan divino trazado por el mismo Padre para salvar a sus hijos del pecado y reconducirlos nuevamente por el camino de santidad.

Este plan divino nace del amor y la fidelidad del Padre, de allí que sea Él mismo quien hace el llamado, otorga la gracia, se compromete, define la alianza, brinda los caminos para la redención y establece la ley. En contraparte, exige fe por parte de sus hijos, lo que implica también la rendición a su único salvador.

Si buscan conocer más sobre las alianzas de Dios narradas en la biblia. Les recomendamos el siguiente video:

Alianza con Noé

Viendo Yavé que la maldad del hombre había nublado sus pensamientos y se estaba apoderando de su corazón y sus acciones, decidió borrarlo de la faz de la tierra. “Exterminaré de sobre la faz de la tierra al hombre que he formado; hombres y animales, reptiles y aves del cielo, todo lo exterminaré, pues me pesa de haberlos hecho”. (Gén. 6: 5).

Antes del diluvio

Pero, aun así, desde el amor profundo que sentía por sus hijos, decidió establecer una alianza con Noé. Este, a su parecer reunía las cualidades de santo. “Más Noé encontró gracia a los ojos de Yavé” (Gén. 6: 8).

Quién más que Dios tiene la posibilidad de conocer a sus hijos en profundidad e identificar en ellos las cualidades que Él mismo posee. En ningún momento Yavé dudó de Noé, sabía que poseía la santidad necesaria para cumplir con la alianza.

“Después dijo Yavé a Noé: entra en el arca tú con toda la familia, porque solo tú has sido hallado justo en medio de esta Generación. De todos los animales puros tomarás… y de los impuros… (Gén. 7: 1,2).

Yavé hace referencia a la cualidad de justo en Noé, es decir, aprecia la santidad en él y el cumplimiento de la misma por su propia voluntad. Igualmente, señala la importancia de saber lo que es puro e impuro, características significativas en el camino de la salvación.

Después del diluvio

Después del diluvio Yavé bendijo a Noé y a sus hijos y les pidió que fueran fecundos, que se multiplicaran y llenaran nuevamente la tierra. (Gén. 9: 1). También, estableció la alianza:

“Esta es mi alianza con vosotros: No volverá a ser exterminada carne alguna por las aguas del diluvio, ni habrá otra vez diluvio que vuelva a asolar la tierra…Esta será la señal de la alianza entre mí y la tierra, entre mí y vosotros y todos los seres vivientes que hay entre vosotros por todas las generaciones futuras. Yo pongo mi arco en las nubes y será la señal de la alianza entre mí y la tierra” (Gén. 9: 11).

En esta alianza Yavé despliega una muestra de amor puro y santidad hacia sus hijos. Es el mismo Dios el que llama, dirige la obra hasta el final, promete la existencia y multiplicación (todas las generaciones futuras) y sella el pacto con el arcoíris (arco en las nubes). Noé, fiel a su fe, cumple con la misión para la que fue llamado.

Alianza con Abraham

 “Yavé… le dijo: No temas Abram, yo soy tu escudo. Tu recompensa será muy grande. Abram respondió: Señor Yavé, ¿qué vas a darme? Yo estoy para morir sin hijos y será heredero de mi casa ese Eliecer de Damasco. No me has dado descendencia y uno de mis sirvientes será mi heredero. Yavé… le dijo: No, no será él tu heredero, antes bien uno salido de tus entrañas te heredará” (Gén. 15: 1-4). 

Yavé se presenta ante Abraham como el padre protector, dispuesto a recompensar su camino de santidad y alejar de él a cualquiera que atentará contra su integridad. Por otra parte, le hace saber que para Dios nada es imposible.

“Después le llevó fuera y le dijo: Levanta tus ojos al cielo y cuenta, si puedes, las estrellas. Y añadió: Así será tu descendencia. Creyó Abram a Yavé y le fue reputado por justicia” (Gén. 15: 5).

El llamado de Yavé a Abraham fue acompañado de una promesa divina, quizá imposible de creer por parte de elegido, pero no fue así, este creyó. Su fe hizo posible que el plan divino que tenía dispuesto Dios para él se cumpliera.

He aquí mi alianza contigo: Tú llegarás a ser padre de una muchedumbre de pueblos. No te llamarás Abram, sino que tu nombre será Abraham… Te multiplicaré en modo extraordinariamente grande; de ti haré yo pueblos y reyes saldrán de ti de generación en generación. Una alianza perpetua para ser yo tu Dios y el de tu descendencia…” (Gén. 17: 4-7).

“La alianza que será guardada entre mí y vosotros…es esta: Todo varón entre vosotros será circuncidado” (Gén. 17: 10). Esto sería recordado por Dios para no olvidar su alianza, y así también por los hijos de Abraham para que no olvidaran las obligaciones que tenían con Dios.

Alianza del Sinaí

Esta alianza fue un pacto con el pueblo de Israel, rescatado de Egipto. Una vez llegaron al Monte Sinaí, dijo Yavé a Moisés:

Así dirás a la casa de Jacob y declararás a los hijos de Israel: Vosotros habéis visto como he tratado a los egipcios y cómo os he llevado sobre alas de águilas y os he traído a mí. Ahora, pues, si escucháis atentamente mi voz y observáis mi alianza, vosotros seréis mi especial propiedad entre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Vosotros seréis un pueblo de sacerdotes, un pueblo santo” (Ex. 19: 3-6).

Santidad a Jehová

Yavé rescata a los hijos de Israel, pero se los apropia, los quiere para él. Su plan divino era convertirlo en un pueblo santo, dirigido por sacerdotes consagrados a su culto y a su fe. Si estos accedían a reconocerlo como Dios, entonces se establecería la alianza.

“Y todo el pueblo a una respondió: Nosotros haremos todo cuanto Yavé ha dicho” (Ex. 19:8).  El pueblo de Israel estaba dispuesto a comprometerse con las exigencias de quien se había declarado su Dios, ya que este prometía la santidad.

“Siendo yo Yavé, que os he sacado de Egipto para ser vuestro Dios, vosotros seréis santos, porque yo soy santo” (Lev. 11:45)Así que Yavé, a través de Moisés, ratificó el pacto dando a conocer el decálogo (los diez mandamientos) y las leyes de la alianza (Ex. 19-24).

En esta alianza Yavé hace énfasis en la necesidad de la santidad de su pueblo. Entonces, en función de ello, las leyes y el decálogo se convierten en un conjunto de preceptos morales y religiosos encaminados a propiciar la redención de los pecados.

Importancia de la santidad a Jehová

La invitación de Dios a que seamos santos como él, siempre será un camino de esperanza, un hilo conductor que nos puede llevar al encuentro con nuestro propio ser espiritual, con nuestra alma y su esencia divina.

Cuando tomamos conciencia del Padre, de su magnificencia, majestuosidad y perfección en el amor, pudiéramos sentirnos como inseguros de alcanzar tal ofrecimiento. Pero, sin embargo, lo imprescindible es seguir el camino de santidad a Jehová. Hay que manifestar en la vida diaria lo que él espera, de forma tal que sirva de alabanza a su gloria.

Alabar la gloria de Dios no implica necesariamente declararse santo, ni que se nos tome por divinos. Es simplemente, poner en práctica los mandamientos o principios basados en el amor que han sido dictados por la iglesia del Señor.

Santidad a Jehova

Es imposible esperar alcanzar la perfección del Señor, pero lo que sí es posible es actuar con conciencia en la vida diaria y poner en práctica ciertas características que están asociadas a la santidad.

Esto implica, entre otras cosas, desarrollar la paciencia; estar conscientes de las actitudes que manifestamos y que pueden llegar a ofender al prójimo; demostrar empatía y amor; mantener la integridad personal; cumplir con los mandamientos; respetar las creencias; valorar las oportunidades para crecer en la fe y en valores espirituales; prestar servicio, alejar de nuestra vida el odio, la venganza, la tiranía, lujuria, la ira; perdonar a quienes nos ofendan.

El perdón

El perdón es fundamental, ya que si Dios nos llama para darnos una nueva oportunidad y lo primero que hace es perdonarnos, cómo es que nosotros sus hijos, que cargamos a cuesta nuestros pecados, no seamos capaces de perdonar a otros.

Para perdonar se hace necesario demostrar humildad, otra de las características asociadas a la santidad. Si no eres humilde, nunca podrás ponerte en el lugar del otro. Te será difícil admitir tu culpa y reconocer que el otro no es culpable.

Santidad a Jehová

La fe

La fe es otra de las piezas fundamentales en todo este proceso de santidad a Jehová. Seguir el llamado del señor es actuar en la fe de lo divino y abrirte a una experiencia que, quizás, te permita profundizar en la naturaleza misma de Dios.

Por qué pedir demostraciones o evidencias físicas de lo que puede o no lograr Dios. ¿Cuál es el juego? Aceptamos lo divino y nos entregamos o nos mantenemos al margen del camino.

El Servicio

Aquellos que escuchan la llamada del Señor serán preparados para servir. Dios conduce a sus siervos y los guía para que lleven sus palabras, sus demostraciones de amor y su santidad a donde sea necesario.

El amor

La santidad es la cualidad del santo y el amor es su naturaleza. Así, que cuando Dios te dice que seas como él, lo que te está diciendo es que te transformes en amor. Permítete compartir tu gracia con la humanidad, es el ejemplo que el Padre ha dejado por los siglos de los siglos.

santidad a Jehová 

La sabiduría

La sabiduría es conocimiento profundo y divino que nace en el mismo ser y proviene de Dios. Eres sabio cuando te abres a la santidad y aceptas que el Padre te guíe.

La obediencia

La obediencia al Padre y a sus preceptos divinos, eso es lo que Dios espera. Ser obediente no es ser servicial, es simplemente ser sabio y aceptar el plan divino que te corresponde.

La santificación

Permítete experimentar la cualidad de santo, permite que Dios fije sobre ti sus ojos misericordiosos y te tome de la mano. Solo así podrás recorrer el camino correcto.

La libertad

Solo eres libre cuando sabes que fuiste creado a imagen y semejanza del Padre.

La pureza

Baja de la mente al corazón y permite que este sea purificado, pues el amor no se refugia donde habita el ego, el egoísmo y la envidia.

Las bienaventuranzas y la santidad a Jehová

El Maestro Jesús legó a la humanidad, más que una definición de santidad, un código práctico sobre las mismas a través de las bienaventuranzas pronunciadas en el Sermón del Monte (Lc. 6: 20-23; Mt. 5:1-12). Estás recogen lo que los files deberían poner en práctica para manifiesta su condición de santo.

Bienaventurados…

Los pobres en el espíritu, porque a ellos les será entregado el reino del cielo

En esta bienaventuranza se hace referencia a la condición de humildad que el discípulo o fiel deberá haber desarrollado para poder aceptar el ofrecimiento del Señor. Si está lleno de orgullo por su vida material, quiere decir que se encuentra lejos de la espiritualidad y que sus ideas preconcebidas interferirán definitivamente con las enseñanzas divinas. Entonces, el consejo que se da es que seas humilde.

Los que lloran, porque seguro ellos recibirán consolación

Jesús no se refiere aquí al llanto por lo mundano o las necesidades materiales, más bien quiere recalcar la desolación por la pobreza espiritual. Es decir, quien es capaz de reconocer que falta algo en su vida y que ese algo está relacionado con lo divino, podría entonces pedir a su Dios consuelo.

Entonces, cuando realmente existe la necesidad de Dios y se le busca incansablemente, lo más seguro es que Dios escuche y responda.

Santidad a Jehová

Los mansos, porque la tierra les será entregada por heredad

Todo discípulo que se inicia en el camino espiritual deberá enfrentar a su ego, pues este es uno de sus principales enemigos. Este los aleja de la devoción a Dios y los ata al deseo de posesión.

Vencer el ego te permite liberar tu mente fragmentada y egoísta y darle poder a tu corazón y a tu espiritualidad. Es decir, aprendes a pensar ya no solo en ti y descubres que todo le pertenece a Dios. De ahí, que si te entregas y te liberas del deseo de posesión te darás cuenta que al final todo regresa a ti.

Los que padecen hambre y sed de justicia, porque ellos con seguridad serán saciados.

Aquí no se hace referencia a la justicia humana que acostumbramos pedir, no tiene nada que ver con el hombre. Está relacionada con la justicia divina, con la salvación que Dios ofrece.

Entonces, es llamar al Señor, rendirnos a sus pies y pedirle que asuma el mando en nuestras vidas, que nos colme y nos llene de su santidad; esto es desear sinceramente realizar a Dios en nosotros mismos.

Santidad a Jehová

Los misericordiosos, porque ellos podrán alcanzar misericordia

La misericordia es una de las cualidades principales que debe desarrollar quien sigue el camino de la santidad a Jehová, ya que es todo lo contrario al odio, a los celos y a la envidia.

Si quieres ser misericordioso Intenta no sentir celos ni envidia de quien es feliz, por el contrario únete a ese otro y comparte esa felicidad; ante la infelicidad de tu prójimo sé compasivo; aprende a no odiar, mejor es perdonar o ignorar a quienes desaten en ti esos deseos.

Los de límpido corazón, porque ellos estarán ante la presencia de Dios

Para alcanzar un corazón puro se necesita disolver la mente fragmentada y egoísta, así como vencer la ignorancia con respecto al sentido de nuestra naturaleza divina.

Entonces, al ignorar nuestra naturaleza divina, nos sentimos separados de Dios y de todos nuestros semejantes, por lo tanto vivimos en un mundo de miedo que nos hace creer que tenemos que defendernos de una existencia que aparentemente nos ataca.

Para alcanzar un corazón puro deberás empezar por aceptar tu naturaleza divina y desarrollar la devoción hacia Dios, pues esta práctica te permitirá, cada vez más, refugiarte en su Presencia. Solo aceptando al Padre podrás gozar de las virtudes de humildad, misericordia y compasión.

Los pacificadores, porque ellos serán reconocidos como hijos de Dios

Los pacificadores son aquellos que se han entregado a Dios y, habiendo alcanzado el conocimiento divino, son capaces de traer paz al mundo. Para ello, necesariamente han vencido por completo su ego y su alma ha sido iluminada.

No seas mediador en la guerra, ni te comprometas con el odio, ni con la injusticia, ni con las habladurías que tanto daño hacen; entrégate al amor  y a donde quieras que vayas lleva paciencia, armonía, solidaridad, compasión y paz.

Los que padecen por persecución de la justicia, porque a ellos será entregado el reino del cielo

Vivir la espiritualidad y la santidad a Jehová no necesariamente es fácil, pues se vive en una sociedad que persigue lo que aparentemente atenta contra sus principios o prácticas sociales, religiosas o políticas. Así, los fieles o discípulos de Dios también podrían ser perseguidos.

Santidad a Jehová

Aceptar la realidad y refugiarse más en Dios será el camino correcto para seguir avanzando, pues el Padre nunca te perseguirá ni te juzgará.

¿Quiénes siguen el camino de santidad a Jehová?

Si pones atención descubrirás que la santidad está por todas partes, solo tienes que aprender a reconocer las señales.

El Papa, los sacerdotes y los miembros de la iglesia

Comprometidos con su misión espiritual son los hijos del Señor, portadores de sus mensajes y sus preceptos; son los que sostienen la iglesia.

Los santos

Los santos son un ejemplo palpable, ya que para ocupar el lugar que ocupan hoy en la fe de sus creyentes y en la iglesia, han tenido que ser virtuosos como el Padre y haber vivido en santidad a Jehová.

La familia

La familia que comparte, se apoya y se respeta da muestras de santidad y permite que esto se multiplique a través de sus hijos.

Santidad a Jehová

Tus vecinos

Los vecinos con los que compartes a diario pueden haber sido llamados a la santidad y es seguro que más de uno ha aceptado la invitación. Mira a tu alrededor y encontrarás a quienes tienden la mano, son empáticos, prestan un servicio de amor, son compasivos, humildes, caritativos, están ahí cuando se les necesita.

Los que sufren o están enfermos

La santidad está presente en todas aquellas personas que en los peores momentos de su vida están dispuestos a seguir adelante, en los ancianos que todavía viven con entusiasmo, en los enfermos terminales que no dejan de luchar por su vida.

Los devotos

Ellos son los que acuden a su iglesia y desde allí se involucran en actividades sociales de asistencia, ayuda y caridad hacia el prójimo; los que cumplen fielmente con su culto y alabanzas en santidad a Jehová.

Los que prestan un servicio de amor

Todas aquellas personas que tienen como vocación prestar servicio caminan de la mano de Jehová, solo cuando el corazón está repleto de amor se siente empatía y compasión.

Los profesionales

Cuando su vocación se convierte en un acto de amor y ejercen su profesión con respeto, con caridad, con empatía y humildad.

Las organizaciones

Organizaciones o entidades sin fines de lucro, cuando se consagran al cuidado de la vida animal y evitan la extinción de las especies.

Tú mismo

Cuántas veces te has sorprendido prestando un servicio, dando apoyo a un enfermo, tendiendo tu mano a un conocido o a un desconocido.

Santidad a Jehová

Consejos para que sigas el camino de santidad a Jehová

Si de verdad deseas seguir el camino de santidad entonces hazlo, no te detengas. No se te pide que seas un santo solo que des los primeros pasos.

Primeros pasos en la santidad a Jehová

  • Descubre a Dios en tu corazón, Él está allí esperando por ti. Escucha el llamado y no cierres la puerta.
  • Entrégate con confianza a Dios, confía plenamente en él como el Padre protector y eterno. Pídele que te revele tu misión.
  • Cuando te unes al Señor puedes descubrir que el amor, la paz y la caridad son parte de tu propia naturaleza, entonces, lo que tienes que hacer es ponerlas al servicio de quienes te rodean.
  • Incorpora la oración y la contemplación de los misterios divinos a tu vida, de esta manera fortaleces tu fe.
  • Deja de lado el orgullo y el ego, ellos no pertenecen al camino del santo y son irreconciliables con la santidad a Jehová.
  • Entrégate a momentos de paz, silencio y reflexión interior. Allí, te encontrarás contigo y con Dios.
  • Permite que la santidad a Jehová sea parte de tu vida diaria, no esperes acudir a una iglesia para sentir que estás con Dios. Tiende tu mano todos los días para dar amor y recibir amor.
  • Regocíjate cada mañana y comparte la alegría de una nueva oportunidad para la vida, el servicio y el amor.
  • Piensa por un momento en las organizaciones, entidades o sociedad que se consagran al cuidado de la vida animal, ellos también están en el camino de santidad a Jehová.

Recomendamos ver este y siguiente video que aparecerá más adelante para tener otras ideas sobre el camino a la santidad a Jehová:

Segundos pasos en la santidad a Jehová

  • Escoge libremente entregarte a la santidad de Jehová, que nazca un deseo ardiente en tu corazón. La santidad no puede ser impuesta.
  • Cuando quieras compartir los dones que Dios te ha entregado, hazlo con libertad, con generosidad, con creatividad. Eso sí, no pidas reconocimiento ni recompensa inmediata, ya que ese no debe ser la finalidad de tu entrega.
  • Pregúntate cómo manifestar la santidad en la vida diaria; con los hijos, con los padres, con los vecinos, con los amigos; en fin Dios nos pide que seamos santos en cada momento y entreguemos el amor sin distinciones.
  • La santidad no está reservada a unos pocos, ya que la cualidad de santo forma parte de la esencia del Padre y sus hijos fuimos creados a su imagen y semejanza, entonces ponla en práctica.
  • Dios quiere que cada quien consiga su camino en la santidad, que escuche su corazón y preste un servicio de amor. La cuestión está en encontrar las cualidades del padre dentro de sí y ponerlas al servicio de la familia, de la comunidad, de los amigos, de los pobre y necesitados.
  • Quizás lo que lleves a cabo no tenga una repercusión mundial, ni pase a la historia, ni seas canonizado, pero basta que procures una sonrisa en el otro, un salto de alegría, unos buenos días.

Últimos pasos en la santidad a Jehová

  • Mantén una fe constante en Dios, ora cuando sientas que no puedes más, pide al Padre fortaleza, paciencia, perseverancia y entusiasmo.
  • La iglesia del Señor es un refugio de santidad, acude a ella si lo deseas o convierte tu casa y tu vida en tu propio refugio de santidad a Jehová.
  • Identifica el camino de santidad que te llena de satisfacción, quizás seas bueno escuchando a otros, prestando un servicio a los enfermos, dando atención a los ancianos o respetando las decisiones de un amigo.
  • Ante situaciones difíciles de tu vida, escoge el camino del amor. No te llenes de odio, ni de resentimiento, aprende a vivir cada minuto dando gracias. Ponte por encima de todas las circunstancia y no te deprimas.
  • Descubre tu misión personal en el gran plan de Dios, atrévete a confiar que él tiene algo diseñado para ti. Abre tu corazón y escúchalo.
  • Acostúmbrate a preguntarle a Dios qué espera de ti en las diversas situaciones de vida que te toca experimentar. Él siempre te dará una respuesta.
  • Aprende más sobre la vida de Jesús, su pasión y muerte; es mucho lo que puedes aprender con respecto a la santidad.

Levítico un ejemplo de Santidad a Jehová

El Levítico, según la Biblia hebrea «Wayiqra», es uno de los primeros cinco libros que aborda la Santa Biblia en el Viejo Testamento, los cuales conforma el Pentateuco: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Libros designados por los judíos como Torah, Ley.

Se dice que estos libros fueron escritos por Moisés, pero la Biblia plantea que quizás son el resultado de la combinación de diferentes fuentes y tradiciones. Esto se hace evidente en la diferencia en el estilo y la discontinuidad narrativa, las distintas versiones acerca de un mismo episodio y el distinto uso de los nombres divinos: Yavé y Elohim.

El Levítico aborda el principio de santidad a Jehová, y el pecado es el centro del plan de salvación de Yavé. Quiere liberar a sus hijos de toda aquella desobediencia que atenta contra los preceptos divinos.

Moisés

Lo bañó de misericordia para que hallara gracia delante de todos, le permitió percibir toda su gloria, lo enalteció ante sus enemigos, le habló cara a cara y lo hizo portador de sus mandamientos. Por su fidelidad y mansedumbre, lo escogió entre su pueblo para santificarlo (Eclo. 45: 1-5).

Aarón

Lo nombró sacerdote y le brindó la oportunidad de ofrecer el sacrificio al Señor para llevar a cabo la expiación por el pueblo escogido. Estableció con él una alianza eterna, lo vistió con oro y gloria, le confió sus preceptos y le entregó poder para decidir sobre la ley, enseñar a Jacob los mandamientos e instruir a Israel en su Ley. Le permitió ejercer su autoridad y acrecentó su gloria. (Eclo. 45: 6-20).

Yavé

Esperaba de su pueblo el cumplimiento de la ley divina, la integridad moral y un pensamiento y comportamiento acorde con su voluntad y preceptos. Todo aquel que no cumpliera, corría con el peso de su culpa y como consecuencia se enfrentaba a la ira de Dios.

Ira de Dios

Tan palpable en la historia, surge durante las manifestaciones de incompatibilidad entre la santidad que Él espera de sus hijos y el pecado producto de las faltas o transgresiones a la ley.

El pecado

Precisamente del pecado era que Yavé quería alejar a su pueblo. Quien cayera en falta debía buscar de expiar las culpas a través de los sacrificios expiatorios por el pecado y los sacrificios de reparación impuestos por la ley (Lev. 4:1,2; 4:3, 13, 22, 27).

La Ley

El sacrificio es el camino correcto para expiar los pecados y reconciliarse con la santidad. Es a través de este que pueden borrarse las culpas y alcanzar la purificación.

Primera parte. Leyes en torno a los sacrificios en santidad a Jehová (1-7)

Estas leyes fueron dictadas por Yavé a Moisés en el desierto de Sinaí cuando promulgó a los hijos de Israel, y le hizo saber la obligación de cumplir con las ofrendas en alabanza al Señor.

Se plantea aquí todo un código sacrificial, es decir un conjunto reglas y normas con respecto a las ceremonias relacionadas con los sacrificios de combustión y ofrendas a Yavé. Estas son abordadas desde dos puntos de vistas: lo que corresponde al oferente y al sacerdote.

El papel de los sacerdotes está reservado a los actos propios del sacrificio: el derramamiento de la sangre y la combustión de la víctima en el altar preparado para ello.

La sangre desempeña un papel importante, pues es la sede de la vida. Esto implica que está reservada a Dios por ser este el dueño de la misma. De allí que cualquier derramamiento de sangre que no estuviera relacionada con un sacrificio seria vengada con la muerte.

La alianza estaba sellada con sangre a través de los sacrificios y esto constituía un compromiso y un lazo de vida entre Yavé y los hijos de Israel.

Holocausto:

El término evoca la idea del humo del sacrificio que sube o asciende hacia Dios, lo que representa la alabanza a Yavé.

El mismo oferente sacrifica a la víctima (ganado mayor o menor, ovejas, cabras, tórtolas o pichones) y la presenta ante el santuario para que sea ofrecida por el sacerdote. Poniendo la mano en la cabeza de la víctima, el oferente, da cuenta de que le pertenece y tiene el derecho a los frutos de ese sacrificio. La víctima es quemada completamente.

“Yavé llamó a Moisés y le habló desde la tienda de la reunión en estos términos: «Habla a los hijos de Israel y diles: cuando alguno de vosotros quiera hacer una ofrenda a Yavé, podrá hacerla en animales, sean estos ganado mayor o menor” (1:1).

 “Y los hijos de Aarón, los sacerdotes, pondrán fuego sobre el altar y dispondrán leña sobre el fuego” (1:7). “… El sacerdote lo quemará todo sobre el altar. Es un holocausto de combustión de suave olor a Yavé” (1:9).

La oblación (ofrenda de grano)

Hace referencia a las ofrendas vegetales ofrecidas a Dios, que recibían el nombre de «oblación». Se ofrecía grano, sobre la cual se derramaba aceite y se ponía incienso. Esto se presentaba al sacerdote quien procedía a tomar un puñado y quemarlo sobre el altar en ofrenda de combustión a Yavé. El resto era reservado para él y sus hijos, como parte del sacrificio.

También se podía ofrecer pasta cocida en el horno, olla o tortera, para las cuales se daban las instrucciones precisas. Igualmente, se aceptaba oblación de primicia, la cual consistía en espigas tostadas al fuego o una pasta de granos triturados con aceite e incienso.

Se prohibía el uso de levadura y miel, ya que ninguna de ellas podía ser quemada en ofrenda a Yavé, pero era obligatorio el uso de la sal en todas las ofrendas. A la sal se le atribuía una fuerza purificadora que preserva de la corrupción, y era símbolo de integridad y lealtad (Ez. 16: 4, 2; Re. 2:20). Igualmente, significaba estabilidad en un pacto o una alianza, de allí la expresión de «alianza de sal» (Núm. 18, 19).

“Cuando alguien quiera hacer a Yavé una ofrenda en calidad de oblación, consistirá esta en flor de harina, sobre la cual derramará aceite y pondrá incienso (2:1)”. “… Ni el fermento ni la levadura pueden ser quemados en honor a Yavé” (2:11). “Echarás sal en todas las oblaciones que ofrezcas; no omitirás nunca en la oblación la sal de tu alianza con tu Dios; todas tus ofrendas irán acompañadas de sal” (2:13).

Sacrificios pacíficos

Aluden estos a los sacrificios planteados en el apartado Holocausto, con la diferencia de que este sacrificio brinda una oportunidad de banquete tanto para los oferentes como para los sacerdotes. Según las normas, solo la grasa y la sangre se deben reservar a la divinidad.

El sacerdote lo quemará sobre el altar a título de alimento como sacrificio de combustión de suave olor. Las grasas pertenecen en su totalidad a Yavé. (3:16). “Esta será ley perpetua para todas las generaciones dondequiera que habitéis: nunca comeréis ni las grasas ni la sangre” (3:17).

Los sacrificios expiatorios por el pecado

Este sacrificio busca expiar o borrar las culpas o pecados de aquellos que van en contra de las prohibiciones. “Yavé hablo a Moisés diciendo: «Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando alguno peque inadvertidamente contra alguno de los mandamientos de Yavé, haciendo lo que está prohibido:»” (4:1,2).

Se refiere expresamente a las ofrendas que deberían presentar aquellos que cayeran en pecado para poder ser perdonados: el sumo sacerdote, la comunidad de Israel, un jefe y un hombre del pueblo (4:3-13, 22, 27).

Sacrificio de reparación

Este tiene la finalidad de restablecer la alianza con Dios, pero hace énfasis en las faltas que atentan contra la justicia divina o la del prójimo.

 “Yavé hablo con Moisés diciendo:”. “Si uno defrauda a Yavé y peca inadvertidamente contra sus derechos sagrados, presentará a Yavé en sacrificio de reparación…” (5:14,15). “Reparará la ofensa cometida contra el derecho sagrado…El sacerdote hará sobre él el rito de expiación con el carnero de la reparación por el pecado y este se le perdonará” (5:16).

“Si uno falta haciendo inadvertidamente lo prohibido por la ley de Yavé, se hace culpable, su culpa pesa sobre él… El sacerdote hará sobre él el rito de expiación por la inadvertencia cometida sin darse cuenta y esta se perdonará: es un sacrificio de reparación, porque este hombre era responsable realmente, delante de Yavé (5:17, 18,19). “Si uno peca o defrauda a Yavé negando a su prójimo o una prenda o una cosa robada… Y le será perdonada cualquier culpabilidad que haya cometido” (5:21-26).

El sacerdocio y los sacrificios (6,7)

Se trata aquí de las funciones que deben cumplir los sacerdotes durante los sacrificios anteriores (holocausto, oblación, el sacrificio expiatorio por el pecado y sacrificio de reparación), así como los derechos que en ellos corresponden a los sacerdotes.

“En el sacrificio expiatorio y en el de reparación, la ley es la misma: la víctima será del sacerdote que la haya ofrecido”. “La piel de la víctima…será del sacerdote que la ofrezca”. “Toda oblación cocida en horno, olla o tortera será del sacerdote” (7:7-9). “Pero toda otra oblación, amasada en aceite o seca será para todos los hijos de Aarón indistintamente” (7:10).

El sacrificio eucarístico, como sacrificio pacífico: “De cada ofrenda se reservará una porción como tributo a Yavé, la cual será para el sacerdote que haya derramado la sangre del sacrificio”. “La carne del sacrificio pacífico eucarístico deberá comerse el día mismo en que se ofrece, sin dejar nada para el día siguiente” (7:14,15).

Segunda Parte. Consagración, derechos y deberes de los sacerdotes (cc.8-10)

Para los entendidos, estos apartados son la continuación del Ex 40: Dios ordena a Moisés la erección del tabernáculo. Aquí, se expone la creación de un cuerpo sacerdotal que se dedicará exclusivamente al servicio de Dios. En los primeros tiempos de Israel estas funciones eran ejercidas por personas de renombre en la comunidad.

Rito de la consagración sacerdotal

Se narra el ritual de ordenación e investidura sacerdotal para Aarón y sus hijos, entre otras cosas, esto implicaba las investiduras y la unción. (8: 1-36).

Aarón y sus hijos entran en funciones

Para el ejercicio de las funciones, inicialmente Aarón obedeció a lo que dijo Moisés: “Esto es lo que Yavé ha mandado a hacer para que se os muestre su gloria”. “Moisés se dirigió entonces a Aarón: Acércate al altar, haz tu sacrificio expiatorio, tu holocausto, y cumple el rito de expiación por ti y por tus familias; haz la ofrenda del pueblo para cumplir sobre ellos el rito de expiación, según ha ordenado Yavé” (9:6,7).

Al final de la ceremonia, “Levantando las manos, Aarón bendijo al pueblo y, ofrecidos la expiación por el pecado, el holocausto y el sacrificio pacífico. Entro con Moisés en la tienda de la reunión y cuando salieron fuera bendijeron al pueblo. La Gloria de Yavé se hizo visible a todo el pueblo: una llama que salía de la presencia de Yavé consumió el holocausto y las grasas sobre el altar. Ante esta visión, todo el pueblo lanzó gritos de alegría y cayeron rostro en tierra” (9:22,23, 24).

Para saber más sobre los sacrificios, les recomendamos el siguiente vídeo:

Usurpación de Nadab y Abiú

Se da cuenta de la cólera divina ante los hijos de Aarón, por presentar delante de Yavé un fuego que él no había ordenado (10:1, 2).

Se hacen explícitos los deberes de los sacerdotes. Entre otros: “Yavé habló a Aarón diciendo:”. “No beberás vino ni bebida embriagante ni tú ni tus hijos, cuando hayáis de entrar en la tierra de la reunión, y no moriréis. Es esta la ley perpetua de vuestras generaciones, para que sepáis distinguir entre lo sagrado y lo profano, lo puro y lo impuro y podéis enseñar a los hijos de Israel todos los preceptos que Yavé les ha dado por medio de Moisés” (10: 8-11).

Tercera parte. Reglas de pureza legal (11-16)

Con miras a mantener a Israel lejos de toda mancha y contaminación, recae en manos de los sacerdotes la administración y aplicación de las normas destinadas a salvaguardar la pureza legal y los ritos de purificación del pueblo elegido. El énfasis entre lo que es puro e impuro domina la ley.

Animales puros e impuros

Se hace la distinción entre los animales puros e impuros, y se invita al pueblo de Israel a cumplir con las normas dictadas por Yavé. “…Habló a Moisés y a Aarón diciendo:”. “Hablad a los hijos de Israel y decidles: he aquí los animales que podéis comer entre todos aquellos que hay sobre la tierra” (11: 1,2). “El solo contacto con animales impuros os contaminará…” (11:24).

Yavé hace saber al pueblo de Israel: “Siendo yo Yavé, Dios vuestro, vosotros debéis santificaros y ser santos, pues yo soy santo; no contaminéis con reptil alguno que repte sobre la tierra” (11:44).

Purificación después del parto

Se deja claro la impureza que adquiere la mujer una vez dé a luz a varón o hembra, así como la necesidad de llevar a cabo los sacrificios. Deberá acudir ante el sacerdote para que le sea devuelta su purificación y reestablecer su relación con Dios.

La lepra y normas para los leprosos

Se explica el procedimiento que debe seguirse con quien manifieste en su piel síntomas de lepra. Se dan instrucciones precisas al sacerdote para declarar puro o impuro a quien acuda ante él con la duda de la enfermedad. Todo aquel que manifestase lepra sería declarado impuro (13:8).

Purificación del leproso

Yavé deja claro cuál será la ley aplicable al leproso el día de su purificación (14:2).

Lepra de las casas y su purificación

Se plantea la necesidad de purificar las casas donde hay lepra con la finalidad de exterminar la impureza. “Tal es la ley en todos los casos de lepra o tiña, la lepra de los vestidos y de las casas, tumores, pústulas o manchas relucientes, para poder distinguir cuando una cosa es pura y cuándo impura. Esta es la ley de la lepra” (14: 54-57).

Impurezas sexuales del hombre y de la mujer

Se consideran impuros los procesos de efusión seminal en el hombre y la menstruación en la mujer. “Esta es la ley para el que padece flujo o contrae impureza mediante efusión seminal. Para la mujer mediante su impureza menstrual, para todo el que padece flujo, hombre o mujer, y para el hombre que se acuesta con una mujer impura” (15: 32,33).

El gran día de las expiaciones

Este día estaba destinado a borrar todos los pecados e irregularidades del pueblo de Israel. “Este será para vosotros ley perpetua, el séptimo mes, el día diez del mes, ayunaréis y no haréis trabajo alguno ni el nativo ni el extranjero que habita entre vosotros. Es, en efecto, el día en que se hará expiación sobre vosotros para purificaros; seréis purificados de todos vuestros pecados delante de Yavé. Será para vosotros día de descanso sabático y día de ayuno. Es esta ley perpetua” (16: 29-31).

Cuarta parte. Ley de santidad a Jehová (17-26)

A través de esta Ley se fundamenta el principio de santidad a Jehová.

Inmolaciones y sacrificios

Toda inmolación y sacrificio era considerado un acto religioso y responsabilidad del sacerdote, quien era el único que estaba autorizado para derramar la sangre sobre el altar y quemar las grasas en suave olor a Yavé. De allí que todo aquel que desobedeciera la ley y rindiera cultos a falsos dioses seria castigado con la muerte.

Estaba prohibido comer la sangre  y pagaba con su vida quien lo hiciera. La vida de los israelitas pertenecía a Dios y se purificaba a través de los sacrificios. Yavé aceptaba, en lugar de la vida de los culpables, la sangre de los animales sacrificados. Todo ello iba encaminado a lograr la pureza del pueblo israelí, ya que Él era puro.

Si te interesa saber más sobre el libro del levítico, les recomendamos el siguiente video:

Porque la sangre es la vida de la carne y yo os he dado la sangre para que hagáis sobre el altar el rito de expiación por vuestras vidas, pues la sangre es la que expía en lugar de la vida” (17: 11).

Honestidad matrimonial

Se prohibían las relaciones sexuales entre quienes tenían lazos de consanguinidad, por cuanto que esto atentaba contra la pureza de la vida y de la fecundidad. También, se prohibía al hombre acercarse a una mujer durante su etapa de impureza menstrual.

No se deberían entregar los hijos para ser quemados en sacrificio al Dios Moloc, ni debía profanarse el nombre de Yavé. Se consideraba una abominación que un hombre se acostara con otro hombre como lo hace con una mujer.

Yavé buscaba salvar a su pueblo a través de la expiación de sus pecados, pero lo más importante era que no los cometieran. De allí, que  Dios era firme en el establecimiento y cumplimiento de sus mandamientos y las leyes.

Pero les advertía que el incumplimiento de los mismos era un pecado contra los preceptos divinos, de tal forma que el que cayera en falta pagaría con la muerte, igual que habían pagado las generaciones precedentes.

No os manchéis con ninguna de estas prácticas…”. “Guardad mis leyes y mis mandamientos, no cometáis ninguna de estas abominaciones…”. “Todas estas abominaciones cometieron los habitantes que os precedieron… Y la tierra quedó contaminada”. “…Todo el que cometa alguna de estas abominaciones…serán borradas de en medio de su pueblo”. (18: 24, 26, 29).

Prescripciones relativas a la santidad, caridad y justicia

Se trataba aquí de la santidad de su pueblo, por lo que indicaba claramente cuál era el comportamiento correcto para alcanzar la cualidad de santo. Se apoyaba, entonces, en leyes relacionadas con aspectos morales, familiares, sociales, el uso de la tierra, el respeto por el prójimo y los sacrificios; todas dirigidas a lograr la perfección, la pureza en honor a la santidad a Jehová. (19: 2-37).

  • Respeto y moralidad

Se exigía respeto hacia la madre, el padre y los hijos (no prostituyéndolos,  ni quemándolos en honor al dios Moloc). Así también, respetar a los ciegos y ancianos, a la mujer de otro, no hacer incisiones en la carne, no ofender ni abusar de los extranjeros, no cometer fraudes en los pesos ni medidas.

  • Mandamientos

Se exigía no matar, no mentir ni defraudar al prójimo, no levantar falsos testimonios, no oprimir al asalariado y quedarse con su sueldo, no difamar ni a Yavé ni a ningún otro, no odiar, no tomar venganza, amar al prójimo, guardar los sábados, honrar el santuario, no desear mujer ajena, no temer a Dios, guardar todas las leyes y preceptos y llevarlas a la práctica.

  • Fidelidad

Se exigía fidelidad a su Dios no adorando dioses falsos, no jurar en falso en el nombre de Dios, guardar y cumplir con las leyes, no consultar a los nigromantes, no practicar la adivinación ni la magia.

  • Sacrificios y pureza

Los sacrificios pacíficos debían presentarse de forma tal que fueran agradables a Yavé y se exigían ciertas normas para el consumo, evitando así la contaminación de lo consagrado. Al que no cumpliera se le daría muerte. No se debería comer nada que tuviera sangre, pues esta era la sede de la vida.

  • Justicia

Los juicios deberían ser justos, sin beneficiar a los poderosos ni perjudicar a los pobres.

Leyes penales (20:26)

Abordaban el cumplimiento de las prescripciones relativas a la santidad, caridad y justicia; así como también de las normas establecidas en torno a lo puro y a lo impuro. Cualquier incumplimiento era sancionado con la pena de muerte.

Santidad del sacerdocio (21: 1-24)

Por cuanto los sacerdotes servían de mediadores entre Yavé y el pueblo de Israel, se les exigía un alto de grado de santidad e integridad moral,  física y espiritual.

  • No podían contraer impurezas tocando un muerto, fuera este de la familia o del pueblo.
  • Tenían prohibido rasurar el pelo de la coronilla, los bordes de su barba y hacerse incisiones en su cuerpo.
  • Debían ser consagrados a Dios y no profanar su nombre.
  • Se les prohibía contraer matrimonio con una mujer prostituida, profanada o rechazada.
  • Debían evitar que sus hijas se prostituyesen, pues esto deshonraba al sacerdote.
  • Ningún hombre con defecto corporal podía aspirar a ser sacerdote.

  • En cuanto al sumo sacerdote, quien llevaba la vestidura sagrada y sobre cuya cabeza se había derramado el óleo de la unción:
    • No debería desmantelar su cabellera.
    • Por ninguna razón podía contaminarse por culpa de su padre o de su madre.
    • No podía salir del lugar santo, para no profanar el santuario de Dios.
    • Debería tomar por esposa una mujer virgen.

Los que pueden comer las cosas santas (22: 1-10)

Para alcanzar la santidad la pureza era una característica esencial, de allí que se consideraba que ofrendas consagradas gozaban de la bendición divina y todo aquel que la comiera era santificado. En cuanto a quiénes podían o no comerla tenemos:

  • Los sacerdotes, Aarón y sus hijos, tenían la autorización de Yavé para consumir las ofrendas consagradas.
  • No tenían autorización los descendientes de sacerdotes que se encontraran en estado de impureza, aquellos que tuvieran lepra o flujo, los que hubieran tocado un cadáver o los que habían tenido contacto con hombre o animal impuro.
  • A los laicos se les prohibía la ingesta de estos alimentos, así también, al huésped del sacerdote y al siervo.
  • Se autorizaba al siervo comprado con dinero por el propio sacerdote, así como el que ha nacido en casa.
  • El alimento sagrado no podía ser consumido por la hija de un sacerdote que estuviera casada con un extraño. Se le autoriza solo si quedaba viuda, sin hijos y volviera a la casa de su padre.

Santidad a Jehova

  • No se autorizaba a ningún extraño, si lo hacía inadvertidamente tenía que pagar al sacerdote. Los laicos que se atrevían a consumir las ofrendas santas eran considerados profanadores y estaban obligados a presentar un sacrificio de reparación.

Las fiestas del año religioso (23: 1-44)

Las fiestas de Yavé eran las reuniones santas a las cuales deberían ser convocados los hijos de Israel:

  • El sábado: el día séptimo de la semana se consideraba de total descanso y de consagración santa.
  • La pascua y los ácimos: se celebraba el día catorce del primer mes y el día 15 la fiesta de los ácimos de Yavé. Durante esta, por siete días, se comía pan ácimo y el primer día tenían reunión santa.
  • Las primicias: aludían a la primera recolección de las tierras, la que debía ser presentada a Yavé como ofrenda.
  • Fiestas de la semana: se refería a las ofrendas que, durante las semanas después de las primicias, deberían ofrecerse a Yavé.
  • Año nuevo: la fiesta se celebraba el día primero del séptimo mes, no se hacía ningún trabajo servil y se ofrecían a Yavé sacrificios de combustión.
  • Día de las expiaciones: se celebraba el día 10 del mes séptimo, se hacían reuniones santas y se ofrecían sacrificios de combustión a Yavé. No se hacía ningún trabajo solo se dedicaba a los ritos de expiación. Se exigía el ayuno y quien no cumplía se castigaba con la muerte.
  • Fiesta de los tabernáculos: se celebraba el séptimo mes a partir del día 15 y durante siete días. Incluía reuniones santas, ningún trabajo servil, sacrificios de combustión y libaciones según lo que correspondiera a cada día.

El siguiente vídeo es sobre las interpretaciones de varias festividades bíblicas, si te interesa saber más sobre ellas, procede a  verlo:

Las lámparas del santuario (24: 1-4)

Se dan instrucciones con respecto al aceite que permitirá que ardan las lámparas sobre la mesa pura delante de Yavé, así como también cómo y cuándo arderán estas.

Los panes dela proposición (24: 5-9)

Se deja claro el procedimiento a seguir para los panes de la proposición. Las hogazas eran consideradas sacrosantas y podían ser consumidas, después del sacrificio de combustión, por Aarón y sus hijos.

Blasfemia y ley del talión (24: 10-23)

Todo el que blasfemara o maldijera a Yavé pagaría con su vida, a través de la lapidación. Igualmente, el que hiriera a otro mortalmente recibiría la muerte; el que mata a un animal estaba en la obligación de reponerlo; el que arremetiera y maltratara al prójimo sería tratado de la misma forma. En definitiva, se aplicaba el “ojo por ojo y diente por diente”.

El año sabático (25: 1-7)

Se obliga al pueblo a respetar la tierra y otorgarle un descanso sabático en honor a Yavé. Así, sembrarían los campos por seis años continuos y luego, en el séptimo, respetarían el reposo. Esta norma ratifica que Dios era el dueño de todas las superficies sembradas y los hijos de Israel los arrendatarios.

El año del jubileo (25: 11)

El quincuagésimo año era para el pueblo el año jubilar, lo que implicaba que era un período santo y la tierra no se debería trabajar, pues comerían de los frutos espontáneos de la misma. Cada quien recobraba su propiedad y volvía a su clan.

Leyes referentes a la propiedad

Se hace referencia a las leyes que se aplicaban con respecto a la venta de las tierras. “Las tierras no se podrán vender a perpetuidad y sin limitación, porque la tierra es mía y vosotros sois en lo mío huéspedes y extranjeros” (25: 23).

Bendiciones (20:9)

Siempre y cuando se cumplieran las leyes y mandamientos prescritos por Yavé, él prometía bendecirlos y mantener el pacto con su pueblo. “Yo me volveré hacia vosotros, os acrecentaré y multiplicaré y mantendré mi alianza con vosotros” (26: 9).

Como todo padre, Yavé, aseguraba la tierra, las cosechas, los frutos de los árboles, la vendimia, la trilla, la paz, la desaparición de los animales peligrosos y dañinos, alejar a los enemigos y mantener la alianza.

Maldiciones

Si el pueblo no cumplía con las leyes y mandamientos prescritos por Yavé, se castigaba la transgresión. “Pero si no me obedecéis y ponéis en práctica todos mis mandamientos, si despreciáis mis leyes, desdeñar mis prescripciones, no poner por obra mis mandatos y rompéis mi alianza, yo me portaré con vosotros de la misma manera; haré venir sobre vosotros el espanto, la consunción y la fiebre, que debilitarán vuestros ojos y apagarán vuestra vida” (26: 14-16).

Este libro recoge con detalle todas las condiciones expuestas por Yavé para con su pueblo, con miras a transformarlos de seres pecadores e impuros a hijos puros y fieles a la santidad de Jehová.

¿Ser perfectos en la santidad a Jehová?

Jesús, el hijo de Dios, en su evangelio abogaba por la perfección del hombre y esperaba que este imitara al Padre que está en el cielo (Mt.5: 48; 6:8). Esto debe entenderse como la finalidad misma de la vida del ser humano.

Entonces, la perfección requerida era divina, lejos de la mente y de la racionalidad de los seres humanos. Se pudiera decir que hasta imposible de entender, pues tenía que ver con paz, la iluminación y la realización.

Para la humanidad la perfección está relacionada con lo mundano, con los deseos de alcanzar todas aquellas cosas materiales que lo lleven a un estado de felicidad y alegría. El problema es que este no es permanente, ni absoluto e inmediatamente llega se va porque se tienen otros deseos y otras necesidades.

Quizás estas necesidades y deseos que no cesan están relacionados con esas ansias de lo divino y la necesidad de parecerse al Padre que está en los cielos, pero no es entendido por quienes viven en la mente y no se han atrevido a bajar al corazón.

El corazón, según las escrituras sagradas, es el órgano donde se sitúa el espíritu porque es desde allí de donde fluye la sangre y ésta es considerada la sede de la vida. Entonces, hasta que el hombre no identifique ese deseo divino en su corazón no podrá iniciar el recorrido hacia la perfección.

Actitudes que te acercan al estado de perfección en la santidad a Jehová

  • Aceptar que en la vida se puede disfrutar del placer, la comodidad, la abundancia y la prosperidad, pero también se hace indispensable aceptar el dolor, la tristeza, la escasez y el fracaso.
  • Abrirse al conocimiento infinito, la sabiduría y el amor del Padre.
  • Reconocer y aceptar la finalidad de la vida en la realización de Dios en el hombre mismo.
  • Desarrollar el discernimiento espiritual, que guía para la escogencia del camino correcto.
  • Entregarse a la verdad de Dios que es el amor.
  • Encontrar la divinidad en el mismo ser y transformarse.
  • Purificar la mente, eliminar el ego y vivir desde el espíritu.
  • Aceptar nuestra naturaleza divina.
  • Doblegar los sentidos y la identificación con el cuerpo.
  • Desterrar la ignorancia con respecto a la separación de Dios.
  • Buscar la realización de Dios y no ceder hasta lograr la unión con el Padre.
  • Aceptar la declaración de Jesús cuando dijo que encontrando a Dios seriamos libres.
  • Estar dispuesto, sin miedo, a la transformación o renacimiento espiritual.
  • Vivir en la tierra como si vivieras en el cielo, lejos de las cosas mundanas y centrado en el ideal espiritual
  • Elevar la conciencia y abrirse al estado supremo del silencio donde la luz de Dios te habla.

Actitudes que desvían del camino de perfección en la santidad a Jehová

  • Mantener un deseo permanente por la posesión material.
  • Alimentar una mente irreverente donde predomina los pensamientos de maldad, odio, celos y codicia.
  • Permanecer en la ignorancia con respecto a tu ser espiritual.
  • Ignorar el amor universal como la fuente de vida.
  • Descuidar el discernimiento.
  • Creer que eres tu ego.
  • Vivir alimentando la separación de Dios y del prójimo.
  • Permanecer toda la vida con miedo.
  • Vivir en permanente depresión.
  • Darle poder a los sentido y doblegarse ante ellos.
  • Cerrar el corazón a lo divino y caer en el pecado.
  • Ignorar el espíritu o fuerza universal que gobierna el universo.
  • No dedicar tiempo para descubrir tu ser interior.
  • Asistir a la iglesia por un compromiso social
  • Negarse a realidades que están más allá del mundo físico y limitado.
  • Ignorar las señales del llamado a la santidad a Jehová.

Santidad a Jehova

¿Cómo encontrar tu propio camino en la santidad a Jehová?

  • Descubre quién eres y cuál es tu misión en esta vida.
  • No intentes imitar a quienes han seguido el camino de perfección, toma sus consejos y obtén tus propios logros.
  • Desea con el corazón ser perfecto según las enseñanzas de Jesucristo.
  • No te olvides de quienes comparten tu vida, invítalos al recorrido.
  • Vive tu propia experiencia y transfórmate a través de ella.
  • No decaigas antes las dificultades, vence los obstáculos con la ayuda de Dios.
  • No idolatres falsos dioses.
  • Cuídate de entregar tu proceso de transformación espiritual a otro.
  • No te confíes en quienes te ofrecen un camino con muchas facilidades.
  • Respeta las creencias de otros.
  • Manifiesta el amor en tu vida diaria.

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