Ekekos: ¿Quién es?, historia, para que sirve y más

El ekeko es una deidad cuyos orígenes se remontan a civilizaciones anteriores a los Incas, venerado en la actualidad rige la prosperidad, la felicidad y la fortuna, razón por la que es común que los Ekekos, que son figuras que representan a este dios, estén en muchos hogares andinos.

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El culto a los Ekekos es muy común en países como Argentina, Chile, Ecuador, Perú y Bolivia, extendiéndose a otros lugares del continente. Conoce todo sobre esta divinidad inca que puede traer buena fortuna y felicidad, leyendo este artículo.

¿Quiénes son los Ekekos?

Los Ekekos, conocidos como equecos, iquiqu, thunupa o tonupa, son figuras de hombre pequeñas, elaboradas en arcilla, yeso o cerámica. Generalmente son figuras chaparras, gruesas y de sonrisa disimulada, que abundan en muchas casas y locales de la región andina.

Estas figuras, famosas en Argentina, Chile, Perú, Bolivia y Ecuador, son en muchos casos coloridas y sencillas artesanías, hasta espectaculares obras de arte.

Ekeko es una deidad de origen prehispánico, relacionado con la prosperidad y la felicidad. (Ver articulo: Chilam Balam)

Normalmente es venerado en las zonas de los Andes, donde se le atribuye el poder de alejar y ahuyentar los malos augurios, la desgracia y el infortunio del hogar. Se dice que los Ekekos atraen la fortuna, la fertilidad y la abundancia.

Las figuras actualmente representan a un hombre ataviado con vestimenta típica andina, como mendigo y hasta de traje, como un hombre de negocios.

Sin embargo, inicialmente los ekekos eran estatuas elaboradas en piedra que representaban a un hombre de acentuadas facciones indígenas, jorobado y desnudo, que simbolizaba la fertilidad.

Los Ekekos tienen pequeñas bolsas o sacos como alforjas donde se aprecian alimentos diversos, como granos y cereales, además de tabaco, billetes, hojas de coca, pasajes, instrumentos musicales, entre otras cosas que permitan a sus creyentes visualizar y materializar los deseos y favores que se le solicitan.

Para qué sirve

Los Ekekos son muy comunes en Bolivia, Perú, Ecuador, Argentina y Chile, sin embargo es posible encontrarlo en otras partes del mundo, gracias a la influencia de comunidades suramericanas en diferentes continentes.

Sirven como amuleto para atraer buenas energías, la fortuna y la felicidad, espantando también el infortunio y los malos augurios del lugar que debe proteger.

Historia

El ekeko es una figura reverenciada por las culturas prehispánicas, mucho más antiguas que los Incas y previo a la llegada de los españoles al nuevo mundo.

Se cree que los ekekos datan desde siglos antes de la conquista del territorio americano y que proceden de la comunidad Tiwanaku, quienes confiaban en esta deidad para espantar las desgracias de los hogares y atraer las buenas fortunas.

Los Tiwanaku fue una cultura que se presume hizo vida entre 1580 a. C. y 1187 d. C, zonas de Argentina, Perú, Chile y Bolivia.

Se cree que tenía mayor presencia en las riberas del lago Titicaca, siendo este presuntamente el centro de la cultura y extendiéndose por:

  • Oeste: valles y costa del océano Pacífico.
  • Este: la región del Chapare por el este
  • Sur: el altiplano boliviano meridional y el oasis de San Pedro de Atacama.

Posteriormente conquistados por los incas, quienes incluyeron a la deidad en su panteón y adoptaron su culto, transformándose entonces en el emblema o símbolo de la fertilidad, la buena suerte y la fortuna.

Los Ekekos eran estatuas talladas en piedra, de un hombre jorobado, con expresiones faciales indígenas y totalmente desnudo, lo que daba a entender que también se relacionaba con la fertilidad.

El culto se extendió y se arraigó en la zona de la actual capital de Bolivia, La Paz, y tomo mucha más fuerza durante el cerco y el bloqueo del que fue objeto la ciudad, durante un levantamiento indígena contra el dominio europeo.

Ciertamente muchos cultos, costumbres y creencias fueron vetados por la iglesia católica, quienes se empeñaron en erradicarlos durante esta época, pero la veneración a los ekekos perduro desde esos tiempos remotos, hasta nuestros días.

Es necesario resaltar que, como todo, tanto el culto como la imagen sufrieron cambios y variaciones desde los tiempos de la conquista, por ejemplo, la estatuilla ya no representa a un hombre desnudo, fue vestida al principio con ropa típica de las zonas andinas y sus rasgos ya no eran totalmente indígenas, sino que correspondían al de un hombre mestizo. (Ver articulo: Calendario Maya)

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En la actualidad el culto a los Ekekos, aún está presente en tierras andinas, en la sierra sur del Perú y en las zonas occidentales de Bolivia.

Muchos hogares de esta zona lucen alguna imagen de la deidad, pues se cree que concede los deseos de sus fieles, si estos obsequian una imagen en miniatura a otro hogar.

Es muy común que en las casas donde está la imagen, estas estén rodeadas de dinero y cada martes y viernes colocan un cigarro encendido en su boca, que debería ser consumido en su totalidad.

Sus creyentes ofrecen a los Ekekos figuras miniaturas en cerámica, metal o piedra de automóviles, inmuebles, electrodomésticos y diversos alimentos, para la prosperidad. También se le presentan figuras de gallos y gallinas miniaturas, para el amor.

La comunidad boliviana ha extendido este culto por el mundo, como consecuencia de las migraciones y en muchas tierras suramericanas; durante los periodos graves de recesión económica, fue adoptado como el patrono de la fortuna y la prosperidad.

Como fue el caso de Buenos Aires, Argentina, donde los Ekekos se popularizaron en los años 80 debido al periodo hiperinflacionario.

Ofrendas

Los Ekekos a quienes también llaman Iquiqus o tunupas, se visten de fiesta cada 24 de enero, este día se celebra “El día del ekeko“.

Esta deidad es venerada principalmente por las comunidades que se ubicaban en lo que actualmente son las tierras bolivianas, desde mucho antes de la llegada de los conquistadores españoles al continente sudamericano.

Se celebración se extiende por todos los Andes, desde Perú hasta Argentina, aunque no en todos los lugares se le conoce con el mismo nombre. Las personas cuelgan de la figura un saquito de harina, uno de arroz, una pequeña casa, un colchón y una montura.

Aquellos que creen en esta deidad, explican que todos estos objetos simbolizan las necesidades del ser humano desde el principio de los tiempos:

  • Comer bien
  • Buen dormir
  • Protección y abrigo de un lugar para vivir.
  • Un animal de carga que ayude a acortar los trayectos y caminos.

En algunos lugares también le colocan bolsas de papelillo que alegra las fiestas, confites para ofrecer a las damas, hojas de coca para recorrer los largos y solitarios caminos y fajos de billetes que llaman a la fortuna.

Todas estas artesanías representan la necesidad y la esperanza de obtener estabilidad, el bienestar y la felicidad en el mundo terrenal, además de la fe y la certeza de que los Ekekos se encargaran de cubrirlas.

Cada año sus fieles realizaban sus rituales y liturgias consideradas paganas, renovando con ellos su fe y la ilusión de la prosperidad y felicidad.

Los 24 de enero sus devotos compran algunos artículos, que cuelgan a su espalda para celebrar su día. Muchos le rodean de regalos y ofrendas, le colocan cigarros, les conversan y hacen homenajes especiales, para agradecer los favores recibidos y no tanto para pedir.

Feria de la Alasita

Esta feria o celebración tradicional tiene como protagonista a los Ekekos y se centra en la venta de las miniaturas que se le ofrecen a esta deidad, para que posteriormente este los haga realidad.

Sus inicios se remontan a la época colonial, cuando el gobernador intendente de La Paz, el caballero José Sebastián de Segurola estableció una fiesta anual en tributo al Ekeko, por los favores recibidos de este, mientras la ciudad de la Paz estuvo sitiada por los rebeldes.

Sin embargo y como dato curioso, en los últimos años la presencia de la figura de esta deidad a disminuido tanto en los stand de la feria como en los hogares de muchas zonas. Pues la colectividad a comenzado a temerle y asociarlo con infortunios, castigos y desventuras.

Se dice que los Ekekos pueden ser vengativos si se les descuida y causar muchos males, razón por la que esta imagen ya no es tan solicitada y muchos museos han recibido donaciones de la misma, que en algún momento pertenecieron a las diferentes familias de la ciudad.

Dice la leyenda

Como muchas deidades, los Ekekos están rodeados de historias, misterios y leyendas, que son interesante conocer ya sea que desees o no involucrarte en el culto a esta divinidad de la fortuna y la felicidad.

Cuenta la leyenda que hacia 1781, un joven fuerte y recio, conocido como Isidro Choquehuanca obsequió una figura del dios a Paulita, su enamorada, cuando fue a la ciudad de La Paz a trabajar para Doña Josefa Úrsula de Rojas Foronda, casada con Don Sebastián de Segurola.

Era un amuleto elaborado en barro, que él había fabricado para que velara por la felicidad de quienes se ponían en sus manos.

Para su elaboración, Choquehuanca se guió por sus tradiciones y ritos, representando en la estatuilla la imagen del amo, Don Francisco de Rojas, el “chapetón” Rojas, quien era un hombre de baja estatura, regordete y con el rostro colorado, pero bonachon y sonriente.

El amuleto improvisado, representaba al señor de Rojas, quien era el dueño y señor de sus destinos y de quien dependía su historia de amor. (Ver articulo: Popol Vuh)

Decidió darle una apariencia bondadosa para que se tornara manso y benigno con ellos y le adorno con objetos adecuados a su tamaño, tales como saquitos y bolsitas con alimentos, ropa, instrumentos de labranza y musicales, y todos aquellos bienes que se requerían para completar la felicidad y el bienestar de un hogar.

Para la época Don Sebastián era el gobernador y comandante de armas de esa ciudad y obviamente residía en ella. Al tiempo de la llegada de Paulita a la Paz, ocurrió la rebelión indígena liderada por Tupac Katari.

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El movimiento que agrupó unos cuarenta mil hombres, cercó y bloqueó a ciudad de la Paz en un intento de rebelarse contra la corona española.

Esta situación se extendió por varios meses, lo que no permitía el abastecimiento de agua y alimentos, que comenzaron a escasear, condenando a sus habitantes sufrir de hambre y enfermedad.

Para Paulita, sin embargo, la situación era más llevadera, su novio que pertenecía a las filas de los rebeldes solía llevarle alimentos y agua, traspasando las líneas de rebeldes; así la chica, a diferencia de sus patrones y el resto de la ciudad, tenia lo necesario para mantenerse fuerte y saludable.

La chica aun cuando no pasaba necesidad, le angustiaba saber que a sus amos les faltaba los alimentos y esto comenzaba a deteriorar su salud.

Entonces movida por los buenos sentimientos decidió ofrecerles un poco de su comida, explicándoles que su amuleto se encargaba de que nunca faltaran sus provisiones, para evitar poner en peligro a su adorado Isidro.

Ella les mostró el Ekeko, dios de la abundancia de Tiahuanaco, y la pareja decidió aceptar sin discusión la versión ofrecida por la chica, pues entre tanta hambre, ansiedad y angustia, de buena gana aceptaron sinceramente las provisiones que el amuleto les obsequiaba.

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No hubo queja, ni interrogatorio y mucho menos investigaciones, aceptaron esta explicación sin quejarse y agradeciendo constante y humildemente a este minúsculo dios andino.

Muchos meses después el ejército español llegó y La Paz fue liberada, sin embargo, el hambre y las carencias que sufrió el resto de la población, no afectó tan terriblemente a los patrones de Paulita, gracias a su criada y a su estatuilla.

Don Sebastián de Segurola, agradecido rindió homenaje al Ekeko que los había salvado y así cambio las fechas de fiesta de la ciudad del 20 de octubre día en que fue fundada, al 24 de enero como homenaje de gratitud a Nuestra Señora de La Paz, y al misterioso Ekeko que les salvó.

Durante los días que duraba la feria, se vendían, obsequiaban o intercambiaban Ekekos por órdenes del gobernador, quien aseguraba que estas imágenes atraían suerte y buena fortuna a sus propietarios.

Como agradecimiento a Paulita le permitieron escoger un obsequio, sin embargo, ella solo deseaba casarse con su amado Isidro, y sus patrones así se lo concedieron.

Durante la boda su amuleto se lució en un hermoso pedestal, cerca el pastel, colocado ahí por los patrones para que tuvieran buena fortuna en su matrimonio.

Así que por un lado el ekeko simbolizaba la abundancia, la fortuna y la prosperidad proveyendo de los tan preciados alimentos en momentos de necesidad.

Por otro lado representaba el amor y la felicidad, pues de sus pequeñas manos llegó la oportunidad de hacer realidad el amor de Paulita e Isidro.

A partir de la liberación de la ciudad de la Paz, esta tradición se mantuvo y la veneración de esta deidad indígena se extendió entre los habitantes de la misma, manteniéndose gracias a Don Sebastián Segurola, hasta nuestros días.

Esta feria aún existe y cada veinticuatro de enero año tras año, se rinde culto a los Ekekos a quienes se les ofrece cigarros, bebidas, objetos diminutos y por supuesto se le pide por la prosperidad, la buena fortuna, la suerte y la felicidad.

Las figuras de Ekekos

Los Ekekos que generalmente su encentran en los hogares andinos suelen tener una altura de aproximadamente veinte centímetros, representando a un hombre de unos cuarenta años, con algunas arrugas en el rostro, ojos bien abiertos y la boca abierta en una gran sonrisa.

Esta figura tiene los brazos extendidos, la misma postura de aquel que espera ser abrazado y esta ataviado con la ropa típica de las regiones andinas: un sombrero, chullo o ch’ullu que no es otra cosa que un gorro tejido, una bufanda, poncho y sandalias.

Este amuleto sudamericano es la representación del dios de la prosperidad y la alegría, que es venerado desde mucho antes de la llegada de los españoles y que está arraigado en las culturas andinas.

Estas figuras resistieron el paso del tiempo y continúan muy presentes en las costumbres y creencias de muchas comunidades. Sin embargo, esta figura no siempre fue igual.

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En las épocas más antiguas, de donde se tienen registros de su existencia era representado como un hombre desnudo, que tenía un gran pene, generalmente elaborado en piedra.

Esta característica lo relacionó a los rituales de fertilidad que se llevaban a cabo en la época prehispánica.

Con el tiempo esta imagen fue modificada, hasta llegar a los Ekekos que en la actualidad son tan populares, el hombre rechoncho, cuarentón y siempre cargando con numerosos bultos y miniaturas.

También es importante destacar que aun cuando los Ekekos generalmente tienen las características nombradas anteriormente, existen algunas imágenes donde sus ropas típicas han sido cambiadas por traje y corbata.

Esta figura generalmente esta elaboradas en barro, cerámica o yeso y se encuentra de pie, en un gesto que parece quiere abrazar y con una sonrisa que deja el espacio apropiado en la boca para colocar cigarros y tabacos.

En muchos países vienen con instrucciones tales como:

  • Ofrecerle un cigarro y ponerle aguardiente los viernes y días festivos.
  • Escribir en un cigarro la petición y encenderlo, en días martes o viernes.
  • Servirle arroz y lentejas, ambos sin cocinar.

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Como deshacerse de él

Si no desea tener más un Ekeko en su casa, muchos conocedores del tema recomiendan que averigüe o recuerde si está conjurado.

En el caso de que si, usted de a la deidad un trago de licor y un cigarrillo, dirigiéndose a él por su nombre, le explicara que no puede tenerlo en casa, que devuelva la paz a ese hogar y que lo dejara en la iglesia para que tome su rumbo.

Debe dejarlo donde le indico y cada uno seguirá su rumbo. En el caso de no estar conjurado solo colóquelo en una bola blanca, no es necesario romperlo y deséchelo.

No recomiendan romperlo, ni nada por el estilo. Existen algunas personas que lo donan a museos o coleccionistas.

Sin embargo, recuerde que antes de recibirlo o comprarlo, debe estar muy claro de cuáles son las exigencias de este tipo de culto, así evitará posteriormente tener que desecharlo.

Ritual

Según las creencias y tradiciones, los Ekekos atraen para su propietario aquello que desee relacionado con salud, amor, prosperidad, éxito, suerte, fortuna, empleo, etc.

Para esto la deidad requiere ser atendida semanalmente, siendo indispensable para poder recibir sus favores.

Los deseos y peticiones deben ser representados por miniaturas, esto simboliza el deseo del creyente y formará parte de la carga del ekeko.

Para ser más claros si desea un carro, debe ofrecer un pequeño carro a la deidad y colocarla junto a los bultos y sacos que carga.

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Es necesario realizar un ritual cada viernes, donde el creyente debe colocar un cigarro o tabaco encendido en la boca de la figura. Muchos indican que si el cigarro o tabaco se consume en su totalidad la petición será cumplida.

Pero si el cigarro queda a la mitad, es decir no se consume totalmente, indica que la deidad esta ofendida y eso implica mala fortuna.

Algunos creyentes indican que si la deidad no cumple con los favores y deseos puede castigarse, negándole el cigarro, colocándole de espaldas y en algunos caso quitando la cabeza a la figura, aun cuando esto se considera un poco extremo.

Este tipo de acciones se mantienen hasta que el Ekeko cumpla con la petición que se le realizó.

La figura puede colocarse en el hogar, negocio o empresa como protección, sin olvidar que debe ser atendido los días viernes y en su día de aniversario, el 24 de enero.

Esto es importante recordarlo, pues dicen sus creyentes que la deidad puede asumir ese descuido u olvido como una ofensa y castigar a su propietario.

Otra de las cosas que no debe pasar por alto, es que el culto a los Ekekos no es recomendado en los hogares donde existan mujeres solteras.

Se dice que la deidad puede enamorarse de jóvenes solteras y hacer difícil que entablen una relación de pareja estable.

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Oraciones que se le hace

Son muy populares dos oraciones que se repiten a esta deidad para solicitar sus favores y ademas agradecer:

¡Oh!  Ekeko

Señor de la buena suerte y de la abundancia, tú que recorriste, por más de 700 años el corazón de los hogares en el altiplano, hoy te invocamos, para traer a nuestros hogares abundancia y bienes, la constancia en nuestros trabajos y  el éxito en nuestros logros.

Sinceramente deseamos la mejor suerte para nuestros amigos y el beneficio de toda nuestra familia.

Te agradecemos y te ponemos estas pequeñeces en nombre de Dios, (colocar un poco de licor y un cigarrillo encendido), como ofrenda y agradecimiento por tus regalos de paz, amor y felicidad y también por los bienes materiales que tú traerás a mi hogar.

¿Cómo lo cuido?

Es importante que los Ekekos tengan la cara cubierta hasta que lleguen a su nuevo hogar, es decir el sitio donde va a residir y al que va a proteger.

Cuando llega a su nueva casa, se debe destapar el rostro de los Ekekos, darle la bienvenida, enseñarle el lugar y posteriormente colocarlo en un lugar agradable y donde se encuentre seguro y cómodo.

Los días viernes debe servir y dejar junto a él, un vaso pequeño de alguna bebida alcohólica, se le coloca algunos alimentos y un tabaco o cigarro, en las tierras andinas suelen dejarle hojas de coca.

A los Ekekos se les debe cargar de peticiones y ofrendas una sola vez al año generalmente el 24 de enero, y se recomienda mantenerlo cómodo y atendido siempre, pero sobre todo ese día, para que este pueda llamar a la prosperidad, la abundancia y la fortuna.

Las miniaturas o alasitas se cuelgan de sus brazos abiertos, y existen cualquier cantidad de ellas para representar los mas variados y extraños deseos.

Decálogo del Ekeko

Este decálogo muestra en diez frases las características principales de los Ekekos, su misión y en algunos casos sus exigencias:

Soy chiquito y barrigón, más gracioso que bufón.

Voy al campo y a la ciudad.

Bienestar y felicidad.

Mi fortuna es para todos doy al pueblo de mil modos.

Salud, dinero y amor y adiós desgracia y dolor.

Cargando regalos doy, alegre, dichoso estoy.

Ven, a mi fiesta en Alasitas, ahí con fe me solicitas, si feliz tú quieres ser ahí comprar es tu deber.

Compra y haz que lo bendiga plata y suerte te persiga.

Soy la dicha popular la fortuna del hogar.

A comprar con devoción y a ganar mi bendición.

Y la abundancia

El ekeko, la divinidad que atrae la abundancia, suele ser un amuleto muy común, que concede deseos a su propietario, quien puede agregar cada vez que requiera uno nuevo.

Es por eso que la figura suele lucir en algunos casos bastante sobrecargada con todo tipo de miniaturas: billetes, electrodomésticos, automóviles, comida y cualquier cosa que desee.

Cuando se trata de atraer la abundancia, los Ekekos pueden ser más efectivos cuando son obsequiados o entregados y no comprados.

Ademas se les ofrecen cigarros o tabacos cada martes o viernes, aunque todos coinciden en que es recomendable los viernes.

En muchas comunidades es común encontrar esta figura en hogares y negocios, pues todos tenemos algún deseo que esperamos materializar y las personas ven en este amuleto una posibilidad de obtenerlo.

Es muy común últimamente verlo también en poder de jóvenes solteras que le juran fidelidad a cambio de sus favores, todo con la intención de tener abundancia y buena fortuna en sus vidas.

Sin embargo, muchos indican que es una deidad que puede resultar celosa y hasta peligrosa, por lo tanto, es necesario no involucrarse en asuntos que no pretende respetar y atender.

Es necesario ubicarlo en un lugar agradable y cómodo de la casa, pero donde preferiblemente nadie lo toque, para evitar que pueda absorber malas energías.

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Y el cristianismo

El origen de este culto proviene de civilizaciones muy antiguas, conocidos como los Tiahuanaco. Estas comunidades eran anteriores a los incas, y sus pobladores consideraban que este dios alejaba la desgracia y el infortunio de sus casas.

Cuando sus territorios fueron anexados al Imperio Inca, estos incluyeron al ekeko entre sus deidades, transformándolo es un símbolo de buena fortuna, suerte y fertilidad.

No es necesario recalcar que con la llegada de los conquistadores y los misioneros europeos decididos a cristianizar los nuevos territorios, muchas de las creencias y celebraciones indígenas fueron prohibidas.

Muchos de los sacerdotes que llegaron al continente con los españoles, consideraban que estas costumbres ancestrales eran paganas, por lo que las combatieron, censuraron y prohibieron.

Sin embargo, muchas de ellas persisten hasta nuestros días, como por ejemplo la de los ekekos. (Ver articulo: La Tara verde)

En el cine

En muchas zonas la figura, sus fiestas y cultos, agrupan a gran cantidad de personas de todas las edades, que disfrutan de todo el encanto que suele rodear al personaje.

Por eso no es de extrañar que de esta deidad existan muchas figuras, recuerdos, representaciones, museos y hasta una película.

La leyenda del Ekeko, es una cinta peruana que se estreno en el año 2012. Dirigida por  Javier Cáceres Saravia.

Con la participación de Germán Cuno Escobar, Percy Viza Parillo, Jaime Mamani Yanarico, Demetrio Mamani Yanarico, Sixto Chalco Catalán.

La historia de la película gira en torno a un campesino de origen muy humilde, que se transforma en una versión de Robin Hood , que era generoso con los buenos e implacable y justiciero con los malvados.

Luego de su trágica y lamentable muerte, este personaje se convertiría en la conocida y venerada imagen conocida como Ekekos.

Considerándose una divinidad que brinda felicidad, fertilidad, fortuna, abundancia y prosperidad.

La Casa del Ekeko

La Casa del Ekeko y el Museo de la Miniatura, es un espacio ubicado en el Playón X del Parque Urbano Central, en Bolivia.

Este lugar esta destinado a la exhibición de una variedad de representaciones y muestras de este dios de la abundancia y la fertilidad.

Las imágenes elaboradas en diferentes épocas y materiales, están acompañadas  ademas de una ciudad miniatura y un singular paseo temático.

Fue un proyecto del  Gobierno Autónomo Municipal de La Paz, actuando a través de la Secretaría Municipal de Culturas, inaugurado el 30 de enero del 2019.

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